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Michael Schudrich, rabino de los judíos de Polonia, de los vivos y de los muertos

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09/03/2022 | por Débora Fineblum, JNS.org

Desde 1989, miles de polacos descubrieron sus raíces judías y tienen la libertad de averiguar qué significa ser judío.

En el estudio de Michael Schudrich suena el teléfono. El joven del otro lado de la línea se escucha molesto. Su abuela acaba de morir y precisa la ayuda del rabino.

No parece algo inusual, ¿verdad? Excepto que justo antes de morir, la abuela le reveló algo que sorprendió a toda la familia. Parece que después de todo no son católicos. Son judíos.

"A veces me dicen: 'La abuela hacía algunas cosas extrañas'", cuenta el rabino Schudrich. Como encender las velas los viernes en la noche, rehusarse a comer pan durante una semana en la primavera y prohibirles beber leche después de haber comido carne.

"Muchos polacos vienen a verme muy trastornados después de escuchar una confesión en un lecho de muerte. Muchos quieren conectarse con su parte judía que nunca supieron que existía, pero no tienen idea por dónde comenzar".

La cantidad de judíos que recién se enteraron de su origen creció sustancialmente desde 1989, cuando colapsó el comunismo en Polonia y, con ello, el decreto de que la religión (el judaísmo en particular) era un enemigo del estado. "Entre 1939 y 1989, un judío no podía sentirse a salvo en Polonia. Pero, desde entonces, miles de polacos descubrieron sus raíces judías porque sus padres y abuelos comenzaron a sentirse libres para revelar este secreto a sus familias… y ellos, a su vez, se sienten libres para investigar qué significa ser judíos".

El Gran Rabino de Polonia, Michael Schudrich, en un encuentro con el fallecido presidente Lech Kaczynski.

Sin embargo, recibir en la comunidad a los judíos que acaban de despertar (un proceso delicado e individual) es sólo una parte del rompecabezas. Al ser el Gran Rabino de un país con un pasado inquietante respecto a los judíos (los seis campos de exterminio nazi se construyeron en la Polonia ocupada y se descubrieron cientos de fosas comunes, de las que la mayoría aún esperan ser preservadas y señalizadas), Rav Schudrich a menudo es convocado para rescatar cementerios judíos de las excavadoras, para enfrentar problemas de antisemitismo cuando aparecen y para negociar con el gobierno sobre asuntos de libertad religiosa, como el ritual de faena kasher de animales para el consumo. Sin mencionar la supervisión del kashrut en restaurantes, productores de alimentos y exportadores.

Se estima que la población judía polaca actual oscila entre 8.000 y 40.000 personas (depende a quién se consulte y cómo se define quién es judío en Polonia), un gran contraste con los tres millones y medio de judíos que vivían allí en 1939. En esa época, Polonia podía jactarse de tener la población judía más grande del mundo; seis años después, 9 de cada 10 de ellos estaban muertos. La mayoría de los 350.000 sobrevivientes, que por lo general se encontraron con vecinos poco amistosos, huyeron a Israel, los Estados Unidos y otros países de la Diáspora.

"En la actualidad, hay una comunidad pequeña que se esfuerza para fortalecer su identidad judía y a la vez se responsabiliza por la preservación de su glorioso pasado", afirma el rabino.

"Las prioridades de toda la comunidad"

"Lo asombroso es su capacidad para viajar en el tiempo, se las ingenia para estar en dos lugares a la vez", afirma Ágata Rakowiecka, directora del Centro Comunitario Judío de Varsovia. Ágata conoció a Rav Schudrich en 1990, cuando tenía 6 años, cuando en un campamento judío él le enseñó a un grupo de niños un juego nuevo llamado béisbol.

"Me cayó bien desde el primer día. Era amigable y sabía hablarle a un niño. Cada vez que nos volvíamos a encontrar se acordaba de mí".

Ahora que son colegas, Rakowiecka ve al rabino como "nuestro punto de conexión con el mundo judío en general y con las autoridades polacas. Pero lo que más me impresionó en todos estos años fue su visión de las prioridades de toda la comunidad judía más allá de los intereses particulares de cada grupo, su apoyo a las diferentes clases de judíos".

"Sólo quien realmente cree que se puede hacer lo imposible pudo ser el arquitecto del renacimiento de la vida judía en Polonia".

De hecho, durante la mayor parte de sus 64 años, Schudrich enfocó su considerable energía en representar y servir a todos los judíos de Polonia, a los vivos y a los muertos, tanto como un líder que no desconoce las negociaciones engañosas, o como un guía espiritual sumamente decidido a revitalizar a los judíos como individuos, como familias y como comunidad.

"Sólo un optimista podía hacer ese trabajo" dijo Jonathan Ornstein, director ejecutivo del centro judío de Cracovia. "Sólo quien realmente cree que se puede hacer lo imposible pudo ser el arquitecto del renacimiento de la vida judía en Polonia".

O, como le gusta decir a Schudrich: "Nada es imposible".

Entonces, ¿cómo un niño de Nueva York, criado entre béisbol y cereales de chocolate (a diferencia de fútbol y pierogi), llegó a convertirse en ciudadano polaco y Gran Rabino de todo el país?

Fue un camino sinuoso que lo llevó alrededor del mundo, pero siempre terminó nuevamente en su hogar adoptado.

Alentar a los judíos de Polonia a ser judíos

Schudrich nació en 1955, su padre era un rabino conservador y su madre maestra de escuela. Tiene dos hermanos y una hermana menor. Estudió religión en SUNY Stony Brook en Long Island antes de dirigirse al Jewish Theological Seminary en Manhattan para asistir a la academia rabínica, seguido por un máster en historia de la Columbia University.

Cuando tenía 18 años Schudrich pisó por primera vez tierra polaca, decidido a llevar judaísmo a los judíos que tanto lo deseaban bajo el control comunista de la década del 70 (él llevó de contrabando libros de rezos, comentarios de la Torá y una Enciclopedia Judaica).

Volvió una y otra vez, aunando fuerzas con la Jewish Flying University, donde la gente se reunía en secreto "para estudiar cualquier cosa que el gobierno no permitiera estudiar", recuerda Konstanty Gebert, un periodista y activista judío polaco que conoció a Schudrich en ese entonces. "Ya en ese momento su intención era alentar a los judíos polacos a ser judíos".

"Me costaba aceptar que la única diferencia entre esos jóvenes judíos y yo era que mis abuelos se habían ido, mientras que los de ellos se habían quedado", dice el rabino. "Yo había recibido esta increíble educación judía y quería compartirla, igualar las condiciones para todos y dar algo de lo que había recibido".

El Gran Rabino de Polonia, Rav Michael Schudrich, con su madre y sus hermanos.

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Después de graduarse de JTS, el rabino fue a Japón, donde sirvió durante seis años como rabino de una comunidad de unos cientos de profesionales, turistas e israelíes que acababan de terminar su servicio militar.

En 1990 conoció a alguien que le señaló la misión de su vida: Ronald S. Lauder, cuya fundación se dedicaba a rescatar a los judíos de Polonia y su historia, a no dejar que el mundo olvidara. "Ronald es quien me hizo llegar aquí", dice 29 años después. "Sin él, no sé si hubiera logrado una fracción de lo que logré".

Representando a Lauder, Rav Schudrich volvió a Polonia en 1990 después de la caída del comunismo y, a partir del 2000 (después de volver a los Estados Unidos para recibir una segunda ordenación rabínica en el Seminario Teológico Rav Itzjak Eljanán de Yeshiva University), sirvió como rabino de Varsovia y de Lodz. En el 2004 aceptó el cargo de gran rabino de Polonia.

En ese momento recién comenzaba a abrirse la puerta para una revitalización de la vida judía, de a un judío y una familia a la vez. "Comenzamos a oír de padres que habían guardado a su judaísmo como un oscuro secreto durante años, ni siquiera se lo habían revelado a sus hijos"

Hay miles los polacos que descubrieron sus raíces judías, y la cantidad continúa creciendo.

Kasha Ornstein tenía 25 años cuando su hermana Marta descubrió documentos que demostraban que su padre y buena parte de la familia de su madre eran judíos. Por curiosidad, Marta comenzó a asistir a grupos de estudio con el rabino e invitó a su hermana a una fiesta de Janucá, en la que conoció a su futuro marido. "Antes para nosotros todo estaba oculto, pero ahora queremos ser parte de la comunidad judía", dice Kasha. Después de completar su conversión, el rabino la casó y ahora tiene un catering kasher en Varsovia que prepara cada semana cenas comunitarias para Shabat.

Hoy, los judíos de Polonia tienen 10 comunidades activas a las que pueden asistir. Las más grandes ofrecen servicios diarios, mientras que las más pequeñas tienen servicios semanales o en las festividades. En Varsovia hay un kólel para el estudio de Torá y Talmud, una escuela judía sustentada por Lauder, un grupo juvenil y centros Hilel allí y en Cracovia. También pueden encontrar carne kasher y hay una despensa de alimentos kasher para los necesitados, incluyendo a los gentiles rectos que rescataron judíos durante la Shoá.

El rabino con algunas niñas en la colonia de vacaciones polaca ATID.

Para el gran rabino, nada es típico excepto un día de 13 a 14 horas de trabajo. En la semana se lo puede encontrar aconsejando a personas que acaban de descubrir sus raíces judías. Muchas de ellas están sedientas de aprender todo sobre el judaísmo: las festividades, las plegarias, las lecturas de la Torá, cómo respetar Shabat y kashrut, todos los detalles de una conversión para quienes tienen un padre judío. Otros quieren avanzar con más lentitud. "Aprendí a no presionar nunca. Dejo que ellos me guíen en lo que necesitan de mí en cada momento".

También podemos encontrar a Rav Schudrich ayudando al propietario de un restaurante o a un fabricante/empaquetador de alimentos que quiere que sus productos sean kasher. También habla en ceremonias en los cementerios judíos restaurados, al erigir un monumento o en la conmemoración de la fecha de deportación de los judíos de una comunidad. Abundan los encuentros con personas del gobierno para proteger los restos judíos de las excavadoras, con el embajador de Israel en respuesta a un acto antisemita, con líderes de la iglesia sobre temas interreligiosos y con grupos de visitantes (sólo desde Israel llegan 200.000 personas al año).

Algo que está siempre presente en la mente del rabino son los 1.400 cementerios judíos de Polonia, muchos en diversos estados de abandono, y las fosas comunes que continúan descubriéndose cuando aparece misteriosamente una pila de huesos humanos en los sitios de construcción o en los parques. O cuando algún anciano polaco revela, antes de morir, su deseo de que se sepa que hay judíos enterrados en determinado lugar. "Debemos honrarlos y asegurar que sus restos sean respetados y protegidos", afirma el rabino.

Sin embargo, reconoce que no puede hacerlo todo. "Haremos todo lo que esté a nuestro alcance para conservar y marcar las tumbas, pero sabemos que completar la tarea está más allá de nuestras posibilidades. Como enseñó Rabí Tarfón: 'no estás obligado a terminar la tarea, pero tampoco tienes la libertad de renunciar a ella".

"Lo vi realizar esfuerzos increíbles para asegurar que no ocurra nada a los restos", cuenta el Rav Andrew Baker, director de asuntos judíos del Comité Judío Norteamericano. "Tiene un fuerte sentido de reverencia, tanto hacia los vivos como hacia los muertos".

Antisemitismo: cada incidente debe ser condenado y castigado

Nadie puede negar que históricamente la relación de Polonia con los judíos fue bastante compleja, el rol de Gran Rabino se encuentra con gran parte de esta complejidad y con mucho dolor.

"Las señales del Holocausto nos rodean, nadie puede olvidarlo" dijo el Secretario de Estado Wojciech Kolarski. "Polonia se convirtió en un cementerio cuando los nazis alemanes conquistaron Polonia y construyeron en su territorio una máquina para asesinar a millones de judíos de todo Europa". Él sostuvo que los polacos contemporáneos "son plenamente conscientes de lo que ocurrió aquí durante esos seis años, y Polonia hace un esfuerzo enorme para honrar la vida judía y proveer lecciones a las generaciones futuras".

Kolarski acepta que hay polacos que no aprendieron esas enseñanzas. "Por desgracia, el antisemitismo está presente en muchas sociedades y, por supuesto, también en Polonia. Cada incidente debe ser condenado y castigado".

El Gran Rabino de Polonia, Michael Schudrich (izquierda), durante un evento de Marcha por la Vida antes del 70mo Día de la Independencia Israelí en la ciudad de Plonsk, Polonia, el 15 de abril de 2018. Foto de Yossi Zeliger.

Particularmente perturbador fue el proyecto de ley sobre el Holocausto que se aprobó en el parlamento polaco a finales de 2017, declarando ilegal acusar "falsamente" al pueblo o al estado polaco de cualquier complicidad en los crímenes de la Alemania nazi, al punto de declarar también ilegal el uso del término "campo de exterminio polaco" para denominar a los campos que la Alemania nazi construyó y dirigió en Polonia durante la Segunda Guerra Mundial. El castigo incluía multas o hasta un máximo de tres años de cárcel.

También en este caso Rav Schudrich fue el portavoz de un mundo judío iracundo. "La ley amenazó con censurar la investigación académica seria sobre el Holocausto", señala Schudrich.

Pero Rav Schudrich asegura que todavía peores fueron los comentarios que hicieron varios líderes políticos, incluyendo a uno que sostuvo que los judíos querían ir al gueto (de Varsovia). "Mi mayor preocupación fue que algunas de las afirmaciones eran claramente antisemitas, la clase de cosas que no habíamos oído desde el Holocausto. Mi objetivo fue asegurar que esas afirmaciones no quedaran sin recibir respuesta".

Después de meses de repudio internacional, el gobierno alivianó la ley eliminando los castigos de multas y encarcelamiento.

Trabajar en conjunto para crear una solución

El rabino tiene fama de conciliador. Siempre que es posible intenta encontrar resoluciones mutuamente aceptables, ya sea entre la comunidad judía y los oficiales polacos o en desacuerdos entre judíos.

"En una época contenciosa, con la retórica antisemita en aumento, incluyendo la ley reciente que dictaminó respecto a la forma en que hablamos sobre el Holocausto y Polonia, el rabino es siempre sensible a las preocupaciones tanto de la comunidad judía como de la polaca", afirmó Andrew Srulevitch, director de asuntos europeos para la Liga Antidifamación. "Él siempre intenta ver las cosas desde el punto de vista del otro y trata de encontrar una solución".

"Me dieron la oportunidad de marcar una diferencia"

El rabino acredita su forma de pensar a dos de sus principales maestros: su padre, Rav David Schudrich, y Rav Jeskel Besser, un rabino jasídico que huyó de Polonia el día de la invasión de Alemania en 1939 e hizo el shiduj entre el joven defensor y Lauder. "Ellos me enseñaron a poner a todas las personas de un lado y al problema del otro, para poder trabajar en conjunto en la creación de una solución con la que todos puedan vivir".

Aunque sin dudas es un conciliador, no teme decir que una espada es una espada. "El rabino se niega a creer que hay antisemitas en cada rincón, pero puede ser rudo y directo al confrontar el antisemitismo cuando lo ve", afirma Gebert.

Por ejemplo, cuando Isaac Herzog, presidente de la Agencia Judía para Israel, envió cartas a los líderes de estado después del ataque en Iom Kipur a la sinagoga de Halle, Alemania, y el primer ministro polaco Mateusz Moraqwiecki respondió asegurando que "Polonia continúa comprometida a combatir todas las manifestaciones de antisemitismo", lo que llevó a Herzog a responder: "Esta declaración del primer ministro de Polonia es muy importante en todos los aspectos", ¿cómo reaccionó el rabino?

Él qquiso más que palabras tranquilizadoras. Rav Schudrich afirmó: "La declaración es buena, pero necesita ser seguida por acciones. De hecho, el primer ministro nunca se reunió con los líderes judíos de Polonia".

"Me dieron la oportunidad de marcar una diferencia", declara Schudrich. "Ponerme de pie para mi pueblo y ayudarlos a acercarse entre ellos y a su identidad judía. Por eso, cuando un rabino que conocí me preguntó: '¿Cómo puedes estar aquí?', le respondí: '¿Cómo podría no estar?'".

Cortesía de JNS.org



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