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Momentos que propician el enojo

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Vaiakel (Éxodo 35:1-38:20 )

por Rav Dr. Mordejai Schiffman

Antes de proveer todos los detalles del Mishkán (el Tabernáculo), Moshé comenzó con un breve mensaje relativo al Shabat, resaltando una prohibición específica: "No encenderán fuego en todas sus moradas el día de Shabat" (Shemot 35:3). Los comentaristas preguntan cuál es la conexión entre el Shabat y el Mishkán y por qué se destaca la ubicación de "sus moradas", cuando sin duda está prohibido encender fuego en cualquier lugar que uno se encuentre.

Rab Shmuel Goldin sugiere que la razón por la que se subraya en "sus moradas" es para enfatizar "lo primordial que es esa unidad fundamental que es el hogar judío, cuya importancia se reitera una y otra vez en momentos críticos de la historia judía". Shabat y el Mishkán están conectados para enseñarnos que "tan importante como serán el Santuario y el Templo para nuestra experiencia, su rol empalidece en comparación con la importancia de nuestros hogares y de nuestras familias… El Santuario viene a inspirarnos y a enseñarnos, pero sus lecciones sólo podrán llegar a cumplirse con perfección dentro de los hogares".

El Zóhar considera que el fuego al cual se refiere este versículo es una metáfora del enojo. Uno no debe enojarse en Shabat. ¿Por qué la prohibición del enojo sólo se enfatiza en Shabat? ¿Acaso no es un problema también en los días de la semana? Quizás, dado que Shabat es el símbolo de la paz, enojarse en este día es completamente antitético al espíritu del día, tanto que el problema del enojo se acentúa en Shabat.

Alternativamente, si bien el Shabat en teoría es el emblema de la tranquilidad, a menudo esto no se traduce correctamente en la práctica. La Mishná requiere que antes de que comience el Shabat preguntemos: "¿Has separado los diezmos? ¿Has preparado el eruv? ¡Enciende las velas!". Pero se nos implora decirlo con calma, porque en medio del ajetreo de Erev Shabat, el sentido de urgencia lleva a que este sea un momento propicio para el enojo, especialmente si las personas cercanas a nosotros no se someten a nuestras demandas y a nuestro ritmo. El Shabat también es el momento en que la gente regresa del trabajo a la casa y las familias se unen bajo el mismo techo durante un largo período de tiempo sin las distracciones de la rutina habitual. El entorno se vuelve propicio para la ira, las frustraciones y los desacuerdos, por lo que es importante tener en cuenta nuestro tono de voz y mantenerlo calmo.

Una estrategia terapéutica que también encontramos en la literatura de Musar, es predecir los momentos en los que somos proclives a enojarnos e imaginarnos previamente qué puede llegar a ocurrir. Al tomar consciencia de la forma en que por lo general reaccionaríamos en tales escenarios, podemos practicar en nuestra mente cómo se puede reaccionar de forma más efectiva cuando inevitablemente ese momento llegue a presentarse. De esta manera, cuando enfrentamos el ajetreo de Erev Shabat, o cuando nos vemos sumergidos en la frustración que puede llegar a surgir de una larga tarde de Shabat, ya estaremos equipados con una respuesta adaptativa.

Tanto en Shabat como durante la semana, de nosotros depende tomar consciencia de las situaciones en las que tendemos a enojarnos. Al identificar estos patrones, podemos trabajar mejor para prepararnos con una respuesta más sana. Esto contribuirá en gran medida a mantener la belleza y la santidad de nuestros hogares y del Shabat mientras enfrentemos y respondamos a los nuevos desafíos que nos presente la vida.




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