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Moshé estuvo dispuesto a entregar su vida

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04/03/2020 | por AishLatino.com

Sabiduría milenaria e ideas inspiradoras para compartir en tu mesa de Shabat

Ahora tú ordena a los Hijos de Israel que tomen para ti aceite de oliva puro, prensado, para iluminación, para encender la candela continuamente (Éxodo 27:20).

La parashat Tetzavé comienza con las palabras: Veata tetzavé – Ahora tú ordena…. La palabra "tú" confunde. ¿A quién se refiere este "tú"? ¿Por qué no se identifica a quién se le habla?

"Tú", por supuesto, es una referencia a Moshé Rabeinu y, por primera vez desde su nacimiento, su nombre no aparece en la parashá. Aquí Hashem sólo se refiere a él usando el pronombre . Sin embargo, desde este anonimato, Moshé habla aún con más fuerza y nos da un atisbo de su majestuosidad.

Tras el pecado del Becerro de Oro, al temer que Dios destruyera al pueblo judío, Moshé rogó: Y ahora, si perdonas su pecado… pero si no, bórrame ahora de Tu libro que escribiste.1 Con estas palabras, Moshé se puso en la línea de fuego y estuvo dispuesto a sacrificar su propia vida por su pueblo amado.

¿Qué clase de defensa es esta súplica? ¿Cómo esperaba Moshé que la nación se salvara cuando él pidió que borraran su nombre?

La misión de la persona se puede encontrar en su nombre. Por eso Moshé razonó: "Si ellos cometieron semejante mal, debe ser mi culpa, debo haber fallado como rabino y maestro. Por lo tanto, borra mi nombre". Así como un padre suplica por su hijo desobediente diciendo: "En realidad es un buen niño. Todo es mi culpa. No fui el padre que debería haber sido", así también Moshé, con su enorme amor, aceptó la responsabilidad por el pecado de la nación. Dios perdonó al pueblo de Moshé, pero su nombre fue omitido en esta parashá.

Esta omisión es difícil de entender. Al fin de cuentas, ¿por qué debe ser castigado Moshé por su sacrificio personal? En verdad no fue castigado. La omisión de su nombre revela más que nunca su grandeza, porque nos recuerda que él estuvo dispuesto a entregar su vida por su pueblo. Además, por lo general esta parashá se lee en la semana que conmemoramos el iórtzait de Moshé Rabeinu, en záin adar, el siete de adar. Moshé nació y murió en el mismo día. Por toda la eternidad, cuando llegamos a esta parashá y notamos que no aparece en ella el nombre de Moshé, también recordamos que es su iórtzait.

LA MENORÁ: MÁS QUE UNA LUZ

Todos los utensilios del Tabernáculo tenían un significado más profundo. Por ejemplo, la Menorá representa la luz sagrada de la Torá y, por lo tanto, todo lo relativo a ella es importante: el material usado para crear la llama, el método de su encendido y la ubicación de la Menorá en el Tabernáculo.

El material: El aceite que se usa para encender la Menorá debe ser aceite de oliva puro, libre de sedimentos, lo que nos enseña que nuestro estudio de Torá debe ser puro y no estar afectado por ideas e influencias ajenas a la Torá.

El método: Al encender la Menorá, debemos asegurar que la llama arda con gran resplandor. De aquí aprendemos que cuando enseñamos Torá debemos impartir la lección de forma tal que el estudiante la entienda por completo. El maestro de Torá tiene la responsabilidad de permanecer con sus estudiantes hasta que la enseñanza se adquiera por completo.

La ubicación: La Torá nos instruye ubicar la Menorá “fuera de la partición que está junto a las Tablas del Testimonio”.2 Esto nos enseña que la luz de la Menorá (que nos recuerda a la luz eterna de la Torá) debe guiarnos no sólo cuando estamos en los confines del Santuario, inmersos en estudio y plegaria, sino también cuando estamos "fuera de la partición". La luz de la Torá debe guiar nuestra vida dentro del hogar, en nuestro lugar de trabajo y adonde sea que nos lleve la vida.

Vivimos en tiempos difíciles y enfrentamos mucho estrés. Cada día el mundo se vuelve más peligroso. Si alguna vez necesitamos la luz pura de la Torá para energizarnos, para que nos de esperanza y nos guíe, es ahora. Esa luz está siempre a nuestro alcance. Sólo necesitamos tomarla y ella iluminará nuestros pasos por el sinuoso camino de la vida. Comprometámonos a iluminar nuestra mente, nuestro corazón y nuestra alma con la luz eterna del Sinaí.


NOTAS

1. Éxodo 32:32.
2. Ibíd. 27:21.



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