Una "luz para las naciones", la misión del pueblo judío


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En el apogeo del Imperio Otomano, detrás de escena, las mujeres judías ejercían un gran poder.
El extravagante harén de los sultanes otomanos, con sus altos techos decorados, exquisitas fuentes y baños lujosos, era una jaula dorada para sus ocupantes. Las mujeres, usualmente capturadas como esclavas en países lejanos y llevadas al harén por la fuerza, no tenían permitido interactuar libremente con nadie fuera de él. Sin embargo, algunas de ellas lograron adquirir poder e influencia sobre los sultanes, al punto que los historiadores llamaron al periodo comprendido entre 1534 y 1683 el “Sultanato de las Mujeres”.
Las mujeres, ya fueran las madres de los sultanes o las esposas favoritas del sultán reinante, lograron esta hazaña con la ayuda de sus kyras, el equivalente oriental de damas de compañía, asistentes personales femeninas. Debido a las restricciones impuestas a las mujeres en la sociedad musulmana, era conveniente para una reina otomana emplear a una kyra que no fuera musulmana. En consecuencia, varias de estas kyras fueron judías, ya que las mujeres judías podían interactuar con el mundo exterior y servir de puente entre este y las residentes del harén.
Salón Imperial en el Harén del Palacio de Topkapı en Estambul, Turquía. A. Savin, FAL, via Wikimedia Commons.
Quizás la kyra judía más famosa fue Ester Handali. Aunque no hay mucha información sobre su juventud, los historiadores presumen que sus padres fueron exiliados de España. Ester estaba casada con Rav Eliahu Handali, quien comerciaba con joyas, cosméticos y diversos adornos. Durante el reinado del sultán Suleimán el Magnífico, Ester comenzó a visitar el harén y vender estos artículos a sus residentes en nombre de su esposo.
Lamentablemente, su esposo murió prematuramente y Ester tuvo que valerse por sí misma y por sus tres hijos. Ella continuó sus visitas al harén, haciéndose amiga de las mujeres influyentes allí. Además de su mercancía, Ester les llevaba noticias del mundo exterior, estimulaba la conversación y les brindaba cálida compañía. Con el tiempo, se volvió indispensable para las mujeres del harén. Sus tareas iban desde asistirlas en los partos hasta escribir cartas en su nombre y entregarlas a los destinatarios.
En 1539, cuando Ester debía tener poco más de veinte años, el sultán Suleimán reconoció oficialmente sus servicios y emitió un firman, un decreto real, eximiéndola a ella y a sus descendientes de impuestos y otorgándole otros privilegios especiales.
Con el tiempo, el poder e influencia de Ester crecieron. Un cronista hebreo contemporáneo escribe:(1) “Todos los oficiales se inclinaban y posternaban ante ella, y todos los que deseaban algo del sultán venían y salían a su mandato”.
Sultana Safieh. Fuente decsonocida. Wikimedia Commons
A lo largo de su carrera, Ester acumuló una gran riqueza. Ella es recordada por la comunidad judía por su filantropía. Los pobres eran bienvenidos a su mesa. Apoyaba a los eruditos judíos, así como a la publicación de libros judíos. A menudo ayudaba a las víctimas de disturbios antijudíos. La leyenda cuenta que cuando el sultán Murad III amenazó con destruir la comunidad judía, Ester intervino y salvó a su pueblo, al igual que la Ester bíblica.
En septiembre de 1569, un terrible incendio destruyó el barrio judío de Estambul. De hecho, este incendio es conocido como el mayor incendio del siglo XVI.(2)
Se cree que el incendio comenzó en una panadería judía. Ese año, el verano fue muy seco, con cinco meses seguidos sin lluvia. Las llamas se propagaron rápidamente por el abarrotado barrio judío. No ayudó que el comandante militar principal estuviera enfermo en ese momento y, en su ausencia, los soldados intentaron saquear el vecindario en lugar de apagar el fuego. Ninguna de las casas del barrio judío sobrevivió al incendio. Un embajador europeo reportó que se destruyeron un total de 36.000 casas.(3)
Ester acudió en ayuda de los residentes del barrio judío que se habían quedado sin hogar. En ese momento ella ya era tremendamente rica y gastó mucho dinero y esfuerzo para ayudarlos a reconstruir.
Durante el reinado del sultán Murad III, Ester se convirtió en confidente cercana de su esposa favorita, Safieh. Ella mantuvo la correspondencia diplomática de Safieh, actuando tanto de traductora como de espía.
En 1584, Ester mantuvo la correspondencia entre la sultana Safieh y Catalina de Médici, la reina madre de Francia, quien buscaba el apoyo del Imperio Otomano contra España.(4)
En 1587, Ester fue recompensada por sus esfuerzos diplomáticos con Venecia con el derecho a iniciar su propia lotería en la república veneciana.(5)
Desafortunadamente, como suele ocurrir, el poder y la influencia de Ester despertaron muchos celos en la corte otomana. Tras la muerte del sultán Murad III, el Imperio Otomano se vio envuelto en intrigas y disturbios. El nuevo sultán, Mehmed III, quiso afirmar su propio poder disminuyendo la influencia de su madre, Safieh.
Ya sin la protección de Safieh, los enemigos de Ester conspiraron contra ella. En el año 1600, cuando tenía más de ochenta años, Ester fue sacada a la fuerza del palacio imperial, atacada y brutalmente asesinada. Al menos dos de sus hijos también fueron asesinados en ese ataque. Se desconoce el destino de su tercer hijo.(6)
La vasta fortuna de Ester fue confiscada tras su asesinato. Años más tarde, en 1618, el nuevo sultán, Osman II, devolvió la riqueza de Ester a sus nietos.(7)
Otra kyra judía activa durante el periodo conocido como el Sultanato de las Mujeres fue Esperanza Malkhi. Los historiadores creen que era originaria de Italia. Se sabe poco sobre la vida personal de Esperanza.
Contemporánea más joven de Ester Handali, Esperanza también mantenía la correspondencia entre la sultana Safieh y los gobernantes europeos. Especialmente bien conservada está su carta a la reina Isabel de Inglaterra, escrita durante el reinado del sultán Mehmed III, hijo de Safieh. La carta comienza de esta manera:(8)
“Así como el sol con sus rayos brilla sobre la Tierra, así la virtud y grandeza se extienden sobre todo el Universo, tanto que quienes son de distintas naciones y leyes desean servir a su Majestad. Esto lo digo por mí misma, quien siendo hebrea por ley y nación, desde la primera hora en que agradó al Señor Dios poner en el corazón de esta nuestra serenísima Reina Madre el uso de mis servicios…”
La carta describe el intercambio de regalos entre las dos reinas. Safieh envió “una túnica y un cinturón, y dos pañuelos bordados en oro, y tres bordados en seda, según la moda de este Reino”,(9) así como joyas que, “con mi propia mano he entregado al ilustre Embajador”, escribe Esperanza.(10)
A cambio, Esperanza solicita para su señora “aguas destiladas de toda clase para el rostro y aceites olorosos para las manos; su Majestad me favorecería enviando algunos por mi mano”.(11)
Palacio de Topkapı, la residencia real y harén, en Estambul, Turquía. Carlos Delgado, Wikimedia Commons.
Otras kyras judías se mencionan en distintas correspondencias, pero no se conocen sus nombres. En 1622, una kyra judía promovió a cierto candidato para gobernador de Moldavia. En 1709, otra facilitó la comunicación entre el médico judío Daniel de Fonseca y la madre del sultán Ahmed III, lo que dio lugar a la alianza otomano-sueca contra Rusia.(12)
Probablemente hubo otras kyras judías cuyos nombres y actos no han sido preservados por la historia. Las kyras utilizaron sus considerables talentos diplomáticos para promover los intereses del Imperio Otomano, y al mismo tiempo aprovecharon sus posiciones de poder para ayudar a sus hermanos judíos.
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