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No saber nada

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Trumá (Éxodo 25:1-27:19 )

por Rav Dr. Mordejai Schiffman

"Sólo sé que no sé nada". Esta idea, conocida como la paradoja socrática, sentó las bases para la perspectiva de que el conocimiento es algo que se obtiene. En la psicología moderna y en la literatura educativa esto se expresó en la distinción entre la orientación en base a logros y la orientación de adquisición de competencias o dominio.

Las personas que tienen una orientación en base a logros quieren demostrar lo que han logrado y aprendido, mientras que los que tienen una orientación a la adquisición de competencias desean desarrollar sus capacidades, sin importar si llegan a lograr un objetivo o a entender una pieza particular.

Quienes manifiestan una orientación a la adquisición de competencias tienden a rendir mejor académicamente, se esfuerzan más, persisten ante los desafíos, y tienden a amar el estudio más que los que tienen una orientación en base a los logros.

En un pasaje impresionante, Rav Simja Zissel Ziv (Jojmá UMusar, pág. 344) cita esta idea de Sócrates como una puerta de entrada para discutir la opinión de los Sabios, que él sugiere es idéntica a la de Sócrates. Uno de los aspectos más prominentes de su argumento es el hecho de que el término usado para describir a la persona que se dedica a estudiar la Torá es "Talmid Jajam", un estudiante de la sabiduría. Incluso el más grande de los Sabios, quien ha acumulado un conocimiento enciclopédico y puede sumergirse en las profundidades del análisis talmúdico, sigue siendo llamado un estudiante.

Para reforzar esta idea, Rav Simja Zissel Ziv cita al Baal HaTurim (Shemot 25:18), quien sugiere, basado en la Guemará (Sucá 5b) que los Kruvim (los Querubines) que estaban sobre el Arca, fueron creados a imagen de niños. Este entendimiento se basa en el hecho de que la palabra Keruv por lo general se escribe kaf-reish-vav-vet, pero en este caso está escrita sin la vav (kaf-reish-vet). Rabí Avahu conecta esto con la palabra aramea revia, que significa niño. El keruv es ke-revia, como un niño. La imagen del niño representa una curiosidad, una sed y una búsqueda interminable por aprender y descubrir.

Rav Shlomo Efraim Luntschitz (Kli Iakar) encuentra la misma idea impregnada dentro de las dimensiones del Arca. Él señala que las dimensiones del Arca eran cinco por cinco, por tres (5x5x3); las dimensiones de la Mesa eran dos por uno, por uno y medio (2x1x1,5) y las dimensiones del Arca eran dos y medio por uno y medio, por uno y medio (2,5x1,5x1,5). El Altar estaba conformado por números enteros; la Mesa por una mezcla de números enteros y mitades de números y el Arca completamente por mitades de números. Si bien él también explica el simbolismo de este patrón para el Altar y la Mesa, para nuestro propósito es pertinente su explicación de que el Arca está formada por mitades de números. Él argumenta que la razón es que el Arca representa la Torá y las mitades de números representan lo incompleto. Cada persona que estudia debe asumir la perspectiva de que no es un producto terminado. Siempre hay más para aprender. Siempre hay lugar para crecer.

Este mensaje es contracultural. Somos una sociedad obsesionada con certificados, calificaciones, reconocimientos y logros. Nuestros sistemas, nuestras instituciones y nuestras aulas tienden a fomentar orientaciones basadas en los logros. Sin embargo, nunca podremos llegar a estar completos sin nuestro estudio, porque en la Torá no hay forma de graduarse. De acuerdo al grado en que podamos cultivar una orientación hacia la adquisición de competencias en nosotros mismos, en nuestros hijos y en nuestros alumnos, todos nos volveremos mejores estudiantes. Todos somos estudiantes, todos somos keruvim, todos somos niños, todos estamos incompletos. Lo único que realmente sabemos es que no sabemos nada.




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