El colapso silencioso del Reino Unido


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Habría que inventar un nombre nuevo para este sentimiento.
¿Es real?
—Dicen que esto puede durar tres semanas.
—¿Tres semanas? Escuché que estiman incluso cien días.
—¿¡Cien días!? ¡No! ¿Cuándo Israel ha estado en guerra cien días?
Dos años más tarde… seguimos.
Con ataques de Hamás, Irán, Hezbolá, atentados...
Muerte. Mucha muerte.
—¿Es real?
—¡Sí! Los van a liberar. ¡Vuelven a casa!
—¿Pero cómo podemos creerle a unos terroristas?
—No sé... pero vuelven. Nuestros hermanos vuelven.
Y el sentimiento no se entiende.
Una felicidad que rebalsa, una angustia que sigue en el corazón desde hace ya dos años.
Desde aquel día en que Hamás entró a Israel y nos arrasó, llevándose vidas sagradas y destruyendo a un pueblo.
Habría que inventar un nombre nuevo para este sentimiento, algo que aún no logramos definir bien... ¿O mejor dejarlo así? ¿Que quede “sin nombre”? Que sea solo un sentimiento que se describe con los ojos.
—¿Con los ojos?
—Sí, con los ojos. Porque cuando ves a otro judío que carga con una guerra por dos años, entiendes el sentimiento, pero no lo puedes decir con palabras.
—Entonces es mejor así... que quede sin nombre.
Y nuestros hermanos vuelven. Por quienes hemos rezado durante dos años.
Ellos, que no podemos imaginar el infierno que han vivido, ellos que han luchado por vivir cada segundo.
Esas familias que solo han vivido por ellos durante dos años,
porque el dolor es demasiado grande como para seguir...
Porque hace dos años un pedazo de vida fue secuestrada, deteniendo el tiempo, hundiendo el corazón, destruyendo el presente y dejando el futuro incierto, lleno de miedo.
Y ahora vuelven...
Después de dos años.
En la víspera de Simjat Torá, vuelven.
En el mismo día en que, hace dos años, fueron llevados al infierno... vuelven.
Y junto al abrazo de sus familias, un pueblo entero los abraza.
Porque nosotros nos quedamos aquí, rezando por ellos, luchando por ellos,
tratando de seguir la vida, bajo misiles desproporcionados, atentados que se llevaron consigo los últimos suspiros de esperanza...
Muerte, mucha muerte.
Pero también milagros, esperanza, amor y bendiciones.
Y hoy, a tan pocas horas de que esto llegue a su fin, nos envuelve ese sentimiento.
Ese que no tiene nombre.
Ese que solo se entiende cuando miras a los ojos a otro judío que lleva dos años viviendo en esta tierra.
Y cuando vuelvan, y nos miremos, vamos a entender que el amor de un pueblo rompe los límites de las diferencias.
Que las lágrimas de tus ojos también son mis lágrimas.
Que tu felicidad es mi felicidad.
Y que lo que viene será un camino largo,
pero que solo podemos caminar juntos.
—¿Es real? ¿Vuelven?
—Sí, vuelven.
Unos a descansar para siempre, a ser enterrados en Israel; otros, a vivir rodeados de amor.
Y los que estuvimos acá...
Vamos a tener que inventar palabras para los nuevos sentimientos que nos rodearán.
O tal vez los dejaremos sin nombre,
Y tal vez solo se entenderán cuando miremos a los ojos de otro judío —no importa quién sea, ni cómo sea—, pero va a entender.
Porque también lo va a sentir.
—¿Vuelven?
—Sí. En pocas horas vuelven.
Y es lo que más hemos anhelado durante estos dos años.
Vuelven... y un pueblo entero los espera.
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Maravillosos mensajes
Mazal TOV a todos nuestros Jayalim por regresar a casa💙🙏