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Padre Peter Pan

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06/05/2013 | por Slovie Jungreis-Wolff

Algunos padres no quieren crecer nunca.

La pregunta que leí en la columna de consejos del periódico me llamó sumamente la atención. Bajo el titular de ‘Micro-Mini Mamá’, leí las palabras de una adolescente que creo que reflejan los sentimientos de muchas chicas.

"Soy una chica de 14 años y me llevo muy bien con mi mamá. Pero ella tiende a usar ropas que son apropiadas para chicas de mi edad, y no para madres de 42 años: polleras que son demasiado cortas, tops muy chicos y cursis remeras de marca. Me siento humillada cuando mis amigas la ven vestida así. Pero cuando trato de discutir el asunto con ella, terminamos gritándonos una a la otra. ¿Qué puedo hacer?".

- Julia

He hablado con muchos chicos que me han descrito lo avergonzados que se sintieron cuando sus padres bailaron inapropiadamente en su fiesta de Bar Mitzvá o arruinaron la noche emborrachándose y haciendo los peores papelones. He tratado de ayudar a muchas chicas a tranquilizarse después de hablar sobre madres que se visten con prendas pequeñas y con ridículos zapatos de tacón, creyendo que se ven a la moda pero que, a los ojos de su hija, no son más que una fuente de vergüenza.

El tema va más allá de "no es de buen gusto" y de un poquito de licor de más. Como padres, somos responsables de fijar ciertos estándares de comportamiento en las vidas de nuestra familia. Ya sea cómo nos vestimos, cómo nos divertimos o cómo hablamos, todo esto impacta en la forma en que nuestros hijos nos ven. Y si nuestros hijos creen que nos menospreciamos a nosotros mismos por medio de nuestro comportamiento o de nuestro vestir, nos veremos disminuidos ante sus ojos.

Demasiados padres tratan de criar hijos pese a que ellos mismos no han terminado de crecer.

Hoy en día existe una tendencia en nuestro mundo en la que los padres simplemente no están interesados en la responsabilidad que involucra el hecho de ser padres. Demasiados padres y madres están tratando de criar hijos pese a que ellos mismos no han terminado de crecer. No queremos vernos ni actuar como viejos, y tampoco queremos perdernos la diversión. Está lleno de blogs con quejas por tener que estar en casa a la noche, llevando a los niños a algún lado o teniendo que sentarse y concentrarse en aburridas tareas de matemática. "Me pasó lo mismo”, “También lo hice”, “Tengo que liberarme de todo eso".

Yo los llamo los "Padres Peter Pan". Todo vecindario los tiene. Encontramos padres y madres que preferirían estar fuera o de vacaciones en lugar de lidiar con las dificultades de la vida. Algunos se ponen zapatillas rotas y jeans desgarrados por todos lados, o se visten igual que sus hijos para seguir sintiéndose jóvenes. Mientras sus hijos crecen, ellos se quedan estancados en el tiempo, rehusándose a progresar.

El problema es que, en el proceso, perdemos nuestra dignidad. Y cuando nuestra dignidad se va por el desagüe, también lo hace la estima que nuestros hijos deberían tener por nosotros. Es importante que recordemos que los niños necesitan padres a los que respetar. Por supuesto, queremos crear un ambiente cálido y amoroso en nuestros hogares, pero al mismo tiempo, no podemos caer en la trampa de pensar que nosotros y nuestros hijos somos mejores amigos. Como padre debo tener una misión sumamente crucial: guiar, liderar e inspirar. Estoy aquí para moldear el carácter y para criar un niño con alma. ¿Cómo puedo lograr todo esto si aún no acepté la responsabilidad que conlleva ser un padre honorable?

Somos los principales modelos para nuestros hijos. Si no a nosotros, ¿a quién buscarán nuestros hijos para encontrar guía?

Alrededor de nuestras estrellas favoritas se arremolinan los escándalos. Los atletas, actores y grandes políticos – nadie es inmune. Los shows populares y los videos de música alientan a nuestros niños a burlarse de la decencia. Las revistas de chismes llaman la atención con titulares que describen escenas escandalosas y vidas desesperadas.

Si queremos que nuestros niños hablen y se comporten con respeto, nosotros debemos ser los primeros en hacerlo.

Si queremos que nuestros niños hablen y se comporten con respeto, nosotros debemos ser los primeros en hacerlo. El judaísmo nos enseña que debemos reverenciar tanto al cuerpo como al alma. Nos vestimos con dignidad, pensamos en lo que vamos a decir y en el lenguaje que utilizaremos. La forma en que vivimos refleja la majestuosidad que yace en nuestro interior.

El honor y el respeto son cimientos básicos de nuestros hogares. La disciplina efectiva depende de la relación que tenemos con cada hijo. Los padres que viven con dignidad les dan a sus hijos una imagen para que ellos puedan honrar, admirar y respetar.

Tus niños necesitan honrarte. No porque desees admiración u obediencia, sino porque el respeto es una piedra fundamental en nuestra relación. Cuando los niños muestran respeto, están aceptando a sus padres como sus guías de vida. Cuanto más grande es el respeto, mayor es el lazo que se forma entre el padre y el niño. Pero esto no puede ser alcanzado por padres que actúan como si aún estuvieran en la universidad (o en la escuela secundaria).

Debemos comenzar por vivir con dignidad y honor. Debemos comenzar analizándonos a nosotros mismos.

Hay una parte de ser padre que requiere que cavemos hondo. Debemos abandonar nuestras necesidades egoístas y de una vez por todas crecer. Puede que estemos cansados, puede que no siempre sea divertido. Sí, unas vacaciones o salir afuera parecieran mejor que dar baños o hacer de chofer. Pero cuando uno finalmente alcanza el momento en que está preparado para vivir con dignidad, para ser un padre de forma honrosa y para construir momentos que lo definan como padre, entonces uno habrá llegado a una posición que será apreciada aún cuando ya no esté con vida.




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