Tras el terremoto en Venezuela, la comunidad judía responde con solidaridad
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¡Saludos desde la ciudad sagrada de Jerusalem!
Entre los muchos temas discutidos en la parashá de Jukat encontramos la historia de las quejas del pueblo judío sobre el "pan destructivo" (el maná). Dios no estuvo complacido con estas quejas y respondió enviando una plaga de serpientes venenosas que mordieron al pueblo judío, causando numerosas muertes.
El Rebe de Slonim ofrece una interpretación sobre el pecado del pueblo. Según su enfoque, el pueblo tenía resentimiento por la forma en que Dios dirigía el mundo. Aunque reconocían que Dios estaba al mando, no estaban satisfechos con el destino hacia el que los conducía.
En el Talmud (Avot 4:1) se enseña que la verdadera riqueza es estar satisfecho con la propia porción. El Rebe de Slonim interpreta esto como la capacidad de estar contento con el conjunto único de circunstancias que Dios asigna a cada persona. Encontramos una prueba de esto en otro lugar (Avot 5:3), donde se dice que Abraham superó las diez pruebas que se le presentaron.
Esto se entiende fácilmente en algunas pruebas (por ejemplo, la orden de circuncidarse a una edad avanzada) ya que requerían una acción concreta: llevar un cuchillo sobre su propia carne. Pero otras pruebas no exigían ninguna acción. Por ejemplo, podríamos preguntarnos cómo Abraham superó la prueba de “enterarse de que sus descendientes sufrirían años de exilio”. Aunque en esa ocasión Abraham fue informado del futuro, no tenía forma de intervenir.
El Rebe de Slonim sostiene que Abraham superó este tipo de pruebas aceptando los decretos de Dios con amor. Esto nos enseña una lección poderosa. A menudo sufrimos cuando ocurren cambios difíciles en la vida. Naturalmente, el primer paso es intentar cambiar la situación. Sin embargo, si vemos que una situación particular es temporal o permanentemente inmutable, nuestra prueba consiste en cambiar nosotros mismos para afrontar el desafío. En otras palabras, debemos aprender a vivir con circunstancias que no pueden cambiarse, de modo que nosotros sí cambiemos y maduremos. Aunque la situación pueda ser inflexible, podemos transformarnos a nosotros mismos para convertirnos en personas más sensibles, tolerantes y pacientes. Así fue como Abraham respondió a sus circunstancias inalterables.
Esta idea también se aplica a nuestra parashá. Resulta extraño que el pueblo judío se queje del maná al final de sus 40 años en el desierto. ¡Habían estado comiéndolo durante todo ese período de tiempo! ¿No podían aguantar un poco más? ¡El maná terminaría en otros 36 días, con la entrada del pueblo judío en la Tierra de Israel!
Podemos comprenderlo mejor a partir de una idea del Megalé Amukot. Según este punto de vista, los judíos no se quejaban realmente del maná. Más bien, al final de los 40 años, vieron que iba a producirse un cambio: pasar de un alimento espiritual (el maná) a un alimento físico. La entrada en la Tierra de Israel les exigiría comenzar a cultivar y comer alimentos normales. A diferencia del maná, esta comida física no sería completamente absorbida por el cuerpo, y es este alimento físico el que los judíos llamaron "pan destructivo", porque les preocupaba la perspectiva de volver a excretar desechos. Se preguntaban: ¿cómo podrían mantener un alto nivel espiritual comiendo comida física? ¡Es mucho más fácil alcanzar alturas espirituales cuando se consume alimento espiritual!
En lugar de alegrarse por la decisión de Dios, se quejaron. En vez de centrarse en su interior para desarrollar la capacidad de adaptarse a ese cambio externo, simplemente se sintieron decepcionados por la manera en que Dios dirigía las cosas.
Que aprendamos a estar satisfechos con lo que tenemos, evitando el pánico, la frustración y la queja, para poder superar nuestras diez pruebas cuando las circunstancias no pueden cambiarse.
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