Masacre en un evento de Janucá en Australia
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¡Saludos desde la ciudad sagrada de Jerusalem!
En la parashá de esta semana se nos presenta a nuestro patriarca Iaakov y a su hermano gemelo, Esav. Rashi explica (Génesis 25:27) que era imposible distinguir entre las diferentes naturalezas de los gemelos cuando aún eran menores, pero apenas alcanzaron los 13 años, surgieron sus características verdaderas: Iaakov se dedicó al estudio de la Torá, mientras que Esav se volcó a un comportamiento corrupto.
Parece extraño que la negatividad de Esav surgiera tan repentinamente, especialmente dado que el Talmud (Shabat 105b) declara explícitamente que la inclinación al mal (iétzer hará) de una persona no opera de esa manera. El iétzer hará, en vez de promover un cambio repentino, nos incita a pecar diciendo: “Haz solo esta pequeña cosa”. Al día siguiente intenta persuadirnos de cometer otra pequeña falta, hasta que eventualmente una persona puede llegar a servir ídolos.
Entonces, si la naturaleza del iétzer hará es desgastarnos gradualmente, ¿cómo pudo Esav desviarse del camino de la Torá de manera tan abrupta en el momento en que cumplió 13 años?
Basándonos en la explicación de nuestros Sabios sobre la naturaleza del iétzer hará, debemos concluir que el cambio de conducta de Esav en realidad fue un proceso gradual. Podemos entenderlo examinando más cuidadosamente el lenguaje del comentario de Rashi. Rashi afirma que cuando Iaakov y Esav eran niños, era imposible distinguir la diferencia entre ellos, no que no hubiera diferencia. Aunque el comportamiento externo de Esav podía ser igual al de Iaakov, sin embargo, algo entre ellos no era igual.
¿Cuál era esta diferencia? Podemos sugerir que Esav era una persona de “visión general”, más preocupado por la imagen global que por los detalles. Aunque de niño realizaba las mismas mitzvot que Iaakov, él ignoraba los matices y las sutilezas de los mandamientos. Fue esa falta de atención la que finalmente lo llevó a rechazar por completo el camino de la Torá.
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Desestimar la importancia de los detalles puede generar dos peligros principales. Primero, nuestros Sabios aconsejan (Avot 2:1): “Sé tan cuidadoso con una mitzvá ‘menor’ como con una ‘mayor’, pues no sabes la recompensa de las mitzvot”. ¿Quiénes somos para decir que aquello que parece un detalle menor es en realidad poco importante? Como desconocemos el alcance de la recompensa por nuestras acciones, es insensato descartar los detalles considerándolos innecesarios.
Además, incluso si nuestra evaluación es correcta y lo que parece pequeño es, de hecho, pequeño, el resultado acumulativo de la falta de atención de una persona a los detalles puede hacer que eventualmente cometa transgresiones más graves. El cuidado y la atención que ponemos en los detalles de los mandamientos de Dios pueden servir como una zona de protección para evitar caer en faltas más serias.
Vemos esta idea en Deuteronomio 7:12, donde se enumeran todas las bendiciones que llegarán al pueblo judío “si escuchan (ekev tishmeún)” a Dios. La palabra “ekev” significa literalmente “talón”. Como explica Rashi: “Si observas los mandamientos aparentemente insignificantes que una persona pisotea con su talón, entonces llegarán todas las bendiciones”. Si somos cuidadosos con las mitzvot pequeñas, eventualmente mereceremos todas. Esto muestra cuánto arriesgamos si nos enfocamos solo en la imagen general e ignoramos los puntos finos de las mitzvot.
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El nombre de Esav alude a su falta de preocupación por los detalles. Rashi explica (Génesis 25:25) que el nombre “Esav” proviene de la palabra “asui”, que significa “completado”. Esav estaba interesado solo en el producto terminado, no en los detalles, y este enfoque lo llevó finalmente a rechazar incluso la imagen general.
El nombre Iaakov, por otro lado, contiene la palabra “ekev” (talón). Iaakov nació sujetando el talón de su hermano, demostrando su atención a los detalles que tan fácilmente se pisotean y pasan por alto. Para Iaakov, los matices y detalles de las mitzvot son la prioridad máxima. Esta conciencia fortalece su compromiso con la estructura dentro de la cual encajan los detalles.
Que todos podamos servir a Dios en totalidad, sin perdernos los árboles por el bosque (ni viceversa). Que reconozcamos que las cosas grandes a veces vienen en paquetes pequeños y que, a través de nuestra atención a los detalles, logremos crear un escudo de éxito espiritual y bendición.
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