La Hagadá predijo lo que pasaría después del 7 de octubre


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Una carta a mis hijos para el Séder.
Esta noche quiero contarles una historia. Es una historia que comenzó en una tierra estrecha y oscura, donde conocíamos nuestros nombres pero olvidamos quiénes éramos. Es una historia de cómo perdimos el camino y caímos hasta llegar a un lugar donde ya no podíamos hablar. Un lugar donde no podíamos quedarnos donde estábamos, pero todavía no sabíamos cómo irnos.
Es una historia de esperanza de último momento. De una fe que nos empujó hacia adelante y nos ayudó a dar ese primer paso hacia la libertad. Es una historia de cómo Dios nos levantó y nos llevó de la desesperación a la alegría, de la oscuridad a la luz, del caos al significado. Es la historia de la travesía de nuestra nación. Es la historia de sus bisabuelos. Es mi historia. Es su historia.
Nuestras historias no terminan. Se transmiten de generación en generación, y cada uno añade su propia historia. De esperanza, de redención, de aprender a crecer más allá del espacio estrecho de ayer. Estas son algunas de las lecciones de la historia de Pésaj que quiero que conozcan.
1. Aprendan a preguntar. La mayoría de los grandes logros de la vida comienzan con una pregunta. Sean curiosos. Hablen. ¡Pregunten! Pregúntenme sobre el agua salada y el perejil. Sobre la matzá y los almohadones en nuestras sillas. Pregunten sobre el plato del Séder con las hierbas amargas que me hacen llorar. Todo esto está aquí porque quiero que me pregunten por qué.
2. Responsabilidad mutua. Invitamos a todos los que tienen hambre a venir y comer porque somos responsables unos de otros. Algunas personas tienen hambre de comida, mientras que otras tienen hambre de sabiduría. Lo que tengamos debemos compartirlo tanto como podamos.
3. Acepten los desafíos. En nuestra mesa hay agua salada que representa nuestras lágrimas. Y hay hierbas amargas que comeremos para recordar el sufrimiento que soportamos. Hablamos de nuestros desafíos y recordamos nuestras lágrimas porque ahora podemos ver cómo nos transformaron, cómo nos motivaron, cómo nos enseñaron a anhelar la libertad. Acepten los desafíos. Aprende de ellos. Recuérdalos. Ellos nos trajeron hasta este lugar hoy.
4. Actúen. Pensar y prepararse para el cambio son pasos importantes, pero al final lo que importa es actuar. La matzá nos enseña la importancia de actuar rápidamente cuando sabemos que algo es lo correcto. No esperamos a que el pan creciera. En cambio, tomamos la matzá y corrimos. Actúen siempre que puedan y tan pronto como puedan. El mundo está lleno de grandes ideas que nunca se hicieron realidad. La matzá nos enseña a movernos, a hacer, a correr hacia nuestra meta.
5. Practiquen la gratitud judía. Esta noche cantamos Daieinu. Habría sido suficiente si todo lo que hubiéramos hecho fuera despertarnos esta mañana, pero Tú nos diste agua. Y eso habría sido suficiente, pero en Tu gran bondad nos diste comida, vista, oído, piernas y manos. Esta clase de gratitud nos enseña, incluso en los días más difíciles, que tenemos mucho por lo cual agradecer. Que toda la vida es un regalo precioso e inmerecido.
6. El significado de la libertad. Algunas personas piensan que la libertad significa poder hacer lo que queremos cuando queremos. Pero la definición judía de libertad es la capacidad de crear una vida significativa con valores auténticos y establecer una conexión cercana con nuestro Creador. La libertad es vivir una vida de crecimiento constante y esforzarse por estar a la altura de nuestro potencial.
Al reunirnos alrededor de la mesa del Séder, tomen esta historia que se ha transmitido de generación en generación y háganla suya. Cada uno de ustedes es un tesoro precioso para el pueblo judío.
En esta noche de Pésaj, quiero contarles una historia que, gracias a ustedes, nuestros hijos, nunca terminará.
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