3 mitos persistentes sobre Gaza


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Henry David Thoreau acuñó la frase en 1854. Él lamentaría el ruido digital actual y nos instaría a vivir con intención, a reconectarnos con la naturaleza y con nuestro ser interior para redescubrir la verdadera esencia de la vida.
“Podredumbre cerebral” o en inglés "brain rot" es un sustantivo que significa: supuesto deterioro del estado mental o intelectual de una persona, especialmente como resultado del consumo excesivo de material (en particular contenido en línea) considerado trivial o poco desafiante.
De acuerdo con Oxford University Press, el primer uso registrado de “brain rot” en realidad se remonta a 1854, en el libro Walden de Henry David Thoreau, en el que relata sus experiencias viviendo un estilo de vida simple en la naturaleza. Él critica la tendencia de la sociedad a devaluar ideas complejas, o aquellas que pueden ser interpretadas de múltiples formas, en favor de las simples, y ve esto como indicación de una decadencia general del esfuerzo mental e intelectual. Thoreau escribió:
“Mientras Inglaterra se esfuerza por resolver la pudrición de las papas, ¿no debería alguien esforzarse por curar la podredumbre cerebral, que prevalece mucho más ampliamente y es más letal?”
Si ya había una decadencia mental e intelectual generalizada a mediados del siglo XIX, cuando aún no existían televisores, computadoras, radios, teléfonos, internet ni redes sociales, podemos imaginar hasta qué punto se manifiesta la “podredumbre cerebral” hoy en día. ¿Cómo reaccionaría Thoreau ante hábitos tan omnipresentes como:
Todo esto es una manifestación de nuestra “podredumbre cerebral”.
En su esencia, la “podredumbre cerebral” es el resultado de una mala gestión del mundo físico. En lugar de usar lo material como un medio, lo convertimos en un fin en sí mismo, lo que lleva a un consumo excesivo que deja a la persona desanimada, vacía y miserable. Estar atrapados en escapes triviales y poco desafiantes pudre nuestra mente.
El versículo en el Libro de Job declara: “El hombre nace para esforzarse”. Esto no es sólo una declaración de misión; es un testimonio de nuestra esencia y naturaleza. Fuimos diseñados para esforzarnos y desafiarnos como condición para sentirnos bien, plenos y con sentido.
Deslizar el dedo en el celular es divertido, tentador y adictivo, pero dado que implica muy poco esfuerzo mental o intelectual, es inherentemente insatisfactorio.
Nuestro patriarca Iaakov soñó con una escalera que tenía los pies en la tierra y su parte superior alcanzaba los cielos. La escalera sirve como modelo para la importancia de cerrar la brecha entre lo físico y lo espiritual. Representa el potencial de que la materialidad sea canalizada y elevada hacia un plano superior de existencia. Cada peldaño representa un paso crucial de esfuerzo que nos acerca a la cima en nuestro camino hacia una vida con propósito.
El judaísmo nos llama a involucrarnos con el mundo físico y usarlo como peldaño (un escalón en la escalera) hacia la espiritualidad. En Shabat, al compartir una hermosa comida con familia y amigos, recitar bendiciones, y cantar con alegría e inspiración, tomamos algo aparentemente mundano como la carne y las papas, y lo elevamos.
Cuando contemplamos la impresionante belleza del mundo natural que nos llena de asombro, experimentamos algo divino y sagrado que penetra a través de lo físico.
Y cuando tomamos una porción de nuestro dinero ganado con esfuerzo y se la damos a alguien necesitado, estamos infundiendo lo físico con una moneda espiritual.
Todo en el mundo material puede canalizarse hacia lo espiritual, como lo demuestra la escalera de Iaakov, que tenía la base en la tierra pero llegaba al cielo.
Todo lo que tenemos que hacer es disminuir la “podredumbre cerebral” y empezar a usar nuestro tiempo para subir por la escalera de la vida, de a un peldaño y un momento a la vez.
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