Por qué apagar mi teléfono durante 25 horas cambió mi vida

05/11/2025

2 min de lectura

Siendo una ejecutiva corporativa, estar desconectada me resultaba impensable. Pero una pausa de 25 horas me mostró lo que la conexión constante me había costado.

Solía trabajar en el mundo corporativo: acelerado, siempre activo y nunca desconectado. Trabajaba en una compañía Fortune 200 donde solía enviar mensajes a mi jefe a la 1 a.m. Y sí, él respondía. En ese entorno, estar constantemente conectada no solo era esperado: era motivo de orgullo. La cultura de la hiperproductividad era la norma, y yo estaba orgullosa de seguir el ritmo.

Pero en el fondo de mi mente, siempre latía una pregunta: ¿Se supone que sea así? ¿De verdad la vida es mejor cuando nunca nos desconectamos, ni siquiera del trabajo, ni siquiera a la 1 de la madrugada?

Cuando comencé a observar más el Shabat, estaba inspirada y aterrada a la vez. Al principio, apagar mi teléfono por 25 horas me parecía como saltar al vacío. ¿Cómo podía permitirme no estar disponible en un mundo que exigía mi atención constante?

La sabiduría judía sabía lo que yo no sabía: no estamos destinados a estar disponibles para el mundo las 24 horas del día, 7 días a la semana.

Pero la sabiduría judía sabía lo que yo no sabia: no estamos destinados a estar disponibles para el mundo las 24 horas del día, 7 días a la semana. Estamos destinados a estar disponibles para nuestra alma, nuestra familia, nuestro Dios.

Con el tiempo, comencé a sentir la magia. Cada viernes antes de la puesta del sol, apago mi teléfono… y cobro vida. No se trata de “desconectarse”; se trata de reconectarse. A una persona con ambición y empuje, el Shabat le da un botón divino de pausa. Y gracias a Dios por ello.

Ahora, en lugar de que todos estén sentados en la mesa mirando sus pantallas, nos sentamos a una comida familiar el viernes por la noche y nuevamente durante el día de Shabat. Nos miramos a los ojos. Hablamos de nuestra semana, de nuestras dificultades, lo que nos hizo sonreír y por qué estamos agradecidos. Nadie está distraído. Nadie está revisando compulsivamente las noticias. Solo presencia, risas y conversación real.

También he visto el costo emocional del uso constante del teléfono, especialmente en nuestros hijos. He observado una diferencia enorme entre los adolescentes que guardan sus teléfonos en Shabat y los que no lo hacen. La ansiedad, la depresión, esconder el teléfono bajo la mesa o en los dormitorios… todo apunta a una necesidad más profunda de límites y descanso. Durante 25 horas, el Shabat les da a ellos (y a nosotros) permiso para simplemente ser. Sin filtros, sin FOMO (miedo a perderse algo interesante), sin presión de responder al instante.

La verdad es que todos estamos muy ocupados durante la semana. Pero estar ocupados no significa estar plenos. A veces, lo más radical que podemos hacer es detenernos. La tradición judía nos da esa oportunidad cada semana. No es un lujo; es un salvavidas.

Si la idea de apagar tu teléfono durante 25 horas te parece imposible, quizás esa sea exactamente la razón por la que deberías intentarlo.

Puede que descubras, como yo, que lo que pensabas que era una restricción es, en realidad, la mayor libertad que hayas conocido.

El Shabat Project, lanzado en 2013 por el Gran Rabino de Sudáfrica Dr. Warren Goldstein, es un movimiento global que une a judíos en todo el mundo para celebrar el regalo del Shabat. El 7-8 de noviembre, apaga tus pantallas y enciende tu vida. El Shabat es un momento para estar presente. Aprovecha la paz, la alegría y la conexión que trae el Shabat. Aprende más en https://www.theshabbosproject.org/home-es/

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