Por qué el Diez de Tevet se siente inquietantemente actual

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29/12/2025

3 min de lectura

El Diez de Tevet no marca la destrucción, sino el momento en que comienza el declive.

El Diez de Tevet es uno de los días de ayuno más silenciosos del calendario judío. Sin embargo su mensaje es de los más penetrantes. A diferencia de Tishá BeAv, que conmemora la destrucción de Jerusalem y el incendio del Templo en Jerusalem, el Diez de Tevet recuerda algo mucho menos dramático: el inicio del sitio.

"En el año noveno de su reinado, en el décimo mes, a los diez días del mes, Nabucodonosor, rey de Babilonia, vino con todo su ejército contra Jerusalem y la sitió". (Reyes II 25:1). Ese día no se derribaron murallas. No se elevaron llamas desde el Templo. Desde dentro de Jerusalem, en gran medida la vida podía parecer igual. Sin embargo, la memoria judía designa este momento como el inicio de la catástrofe nacional.

¿Por qué ayunar en un día en el que nada colapsó visiblemente? El judaísmo enseña que la devastación rara vez comienza con fuego y escombros. Comienza con el cerco: con presión, aislamiento y una reducción gradual de las opciones. El Diez de Tevet marca el momento en que Jerusalem quedó aislada del mundo exterior y el tiempo comenzó a agotarse.

La mayoría de los días de ayuno judíos conmemoran resultados: exilio, masacre, destrucción. El Diez de Tevet marca la causa.

Los profetas dejan claro que Babilonia no fue simplemente un agresor geopolítico. El sitio fue el resultado de profundos fracasos internos: injusticia social, corrupción moral, religiosidad vacía y arrogancia nacional. La observancia ritual continuaba, pero la responsabilidad ética se erosionaba. Las señales de advertencia estaban presentes mucho antes de que llegaran los ejércitos. Cuando el enemigo se plantó ante las puertas, la verdadera crisis ya había ocurrido.

Cada vez que una sociedad judía pierde su claridad moral, cada vez que la unidad da paso a la fractura interna, cada vez que la fe se vuelve rutina en lugar de compromiso, el sitio comienza de nuevo.

Este ayuno no trata solo de recordar el pasado sino que aborda una condición que puede repetirse en cualquier momento. Cada vez que una sociedad judía pierde su claridad moral, cada vez que la unidad da paso a la fractura interna, cada vez que la fe se vuelve rutina en lugar de compromiso, el sitio comienza de nuevo.

La tragedia de Tishá BeAv es innegable. El desastre del Diez de Tevet es más insidioso. Los seres humanos tenemos una poderosa capacidad para normalizar el declive lento. Cuando el deterioro ocurre de manera incremental, nos adaptamos en lugar de resistir. Los sistemas siguen funcionando, las instituciones permanecen y las murallas aún están en pie, pero algo vital se está diluyendo.

Hoy el pueblo judío está sitiado 

Hoy, el Diez de Tevet se siente inquietantemente actual. Una vez más, el pueblo judío enfrenta un sitio, no de murallas de piedra, sino de legitimidad y posición moral. El aumento masivo del antisemitismo en todo el mundo, junto con el odio obsesivo y a menudo virulento dirigido contra el estado de Israel, sigue un patrón familiar. Rara vez comienza con violencia. Comienza con el lenguaje: aislamiento, deslegitimación y la normalización constante de la hostilidad.

Israel es señalado, juzgado con estándares que no se aplican a ninguna otra nación, y presentado no como una sociedad compleja sino como una ofensa moral. A los judíos de la diáspora se les dice cada vez más (explícita o implícitamente) que para ser aceptados deben distanciarse de Israel y suprimir su vínculo con el pueblo judío. Esto también es un sitio.

La vida continúa, pero la sensación de cerco (cultural, político y moral) es inconfundible. Como en la Jerusalem de antaño, las murallas no han caído, pero la presión es constante y la intención es clara.

Este día de ayuno nos llama a reconocer a tiempo las señales de advertencia. A hablar cuando el silencio parece más seguro, a defender la verdad antes de que la falsedad se endurezca en consenso, y a fortalecer la unidad antes de que la presión la fracture.

El Diez de Tevet nos advierte del peligro de la normalización. Cuando el antisemitismo se rebautiza como "crítica", cuando la autodeterminación judía se trata como algo singularmente ilegítimo, y cuando la claridad moral se difumina bajo la apariencia de progreso, el sitio se estrecha silenciosamente y se siembran las semillas de la destrucción.

Los profetas no atribuyeron la culpa únicamente a Babilonia. Ellos insistieron en que la fortaleza interna (moral, espiritual y comunitaria) era la verdadera defensa de Jerusalem. Esa lección sigue siendo dolorosamente relevante.

Nuestra respuesta al antisemitismo no puede apoyarse solo en aliados externos o en estrategias reactivas. Debe estar arraigada en la claridad interna: confianza en la identidad judía, compromiso con la integridad ética, unidad entre el pueblo judío y una conexión sin vergüenza con el pueblo judío y con Israel.

Este día de ayuno nos llama a reconocer a tiempo las señales de advertencia. A hablar cuando el silencio parece más seguro, a defender la verdad antes de que la falsedad se endurezca en consenso, y a fortalecer la unidad antes de que la presión la fracture.

Que el ayuno del Diez de Tevet se transforme en un día de alegría y claridad para Israel y para toda la humanidad.

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Tere Ruth
Tere Ruth
15 días hace

AM ISRAEL JAI

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