Por qué el judaísmo dice no a los pequeños hurtos

09/06/2026

5 min de lectura

Robar a las corporaciones está de moda. Los influencers lo llaman justicia. El judaísmo lo considera una amenaza para la civilización.

El robo a pequeña escala tiene un nuevo nombre, “microsaqueo”, y algunos influencers lo presentan como un bien público. Esa fue la postura que recientemente adoptó la editora de opinión cultural del New York Times, Nadja Spiegelman, en una conversación publicada en el sitio web del periódico. “Propongo un nuevo término: microsaqueo”, declaró. “La gente toma pequeñas cosas de grandes corporaciones y se siente justificada”.

“Yo lo apoyo”, declaró la periodista Jia Tolentino. “Yo también”, coincidió el popular influencer Hasan Piker. El robo fue planteado como una forma de protestar contra las grandes corporaciones y las políticas gubernamentales. “Creo que robar en una gran tienda no es ni muy significativo como falta moral ni como protesta o acción directa”, explicó Tolentino, antes de admitir: “He robado en Whole Foods en varias ocasiones”.

En todo el mundo, las personas recurren al robo y lo justifican.

Celebrar el robo no es algo nuevo. El activista Abbie Hoffman, en su libro de 1971 Steal This Book, promovía vivir fuera de las normas de la sociedad. Medio siglo después, la escritora Vicky Osterweil obtuvo reconocimiento con su libro de 2020 In Defense of Looting, que presenta el robo como un bien moral.

Otros influencers promueven el robo para generar clics. Una ola incontrolable de videos en TikTok que enseñan a robar autos (a menudo llamada el “Desafío Kia”) provocó miles de robos de vehículos, siendo los modelos de Kia y Hyundai los más afectados. La Junta Nacional de Seguridad Vial estima que al menos 14 accidentes y ocho muertes han sido causados por jóvenes que robaron autos tras ver a influencers promover estas acciones.

Aumento del robo

En todo el mundo, las personas recurren al robo y lo justifican. Una encuesta del 2025 reveló que el 27% de los consumidores estadounidenses admite haber robado artículos en tiendas, frente al 15% en el 2023. Muchos de ellos justificaron su comportamiento alegando que el aumento de los costos es injusto. Ellos sostienen que el robo es una respuesta razonable a los precios altos.

En Gran Bretaña, el hurto en tiendas ha alcanzado su nivel más alto en 50 años. Solo el 35% de los jóvenes británicos de entre 18 y 24 años considera el hurto como un delito “muy” o “bastante” grave. En Estados Unidos, muchos encuestados explican que los precios altos justifican el robo: el 17% cree que está justificado robar ropa si es demasiado cara para comprarla. El 29% considera aceptable robar productos de higiene si los precios son demasiado altos; y un 39% de los británicos afirma que es aceptable que los padres roben artículos para su bebé.

Nihilismo creciente

Estas estadísticas, junto con el auge de influencers que promueven el robo, apuntan a un deterioro del contrato social. Cuando la gente común siente que los ricos y las grandes empresas manipulan el sistema, se pregunta por qué debería seguir las reglas. (La reciente conversación del New York Times a favor del robo se tituló: “Los ricos no siguen las reglas. Entonces, ¿por qué debo hacerlo yo?”). Esta mentalidad refleja un nihilismo creciente: la creencia de que el sistema está roto sin remedio. Robar se convierte en una forma de expresar desesperación y al mismo tiempo obtener bienes gratis.

Uno de los comentarios más elocuentes sobre el robo fue formulado hace 2.000 años por Rabí Iojanán ben Zakai. Cuando le preguntaron por qué en algunos casos el Talmud trata con mayor severidad a los ladrones que actúan en secreto que a los que roban abiertamente, respondió: “El asaltante que roba abiertamente no teme ni a Dios ni a las personas, ya que no teme robar en público. El ladrón que actúa en secreto no teme a Dios, pero sí a las personas, lo que demuestra que le preocupa más el juicio humano que el Divino”. Robar traiciona la chispa Divina que hay en cada uno de nosotros.

El robo es corrosivo, explicó Rabí Iojanán, porque nos aísla, separándonos del lado Divino de nuestra naturaleza, precisamente la parte que necesitamos para mejorar el mundo.

Creados a imagen de Dios

La Torá describe al ser humano como creado betzelem Elokim, “a imagen de Dios” (Génesis 1:26-27). Cada uno de nosotros contiene una chispa Divina. Ser creados a imagen de Dios significa que tenemos un valor inherente y la capacidad de imitar a Dios viviendo una vida moral. Robar nos aleja de esa naturaleza positiva y constructiva, oscureciendo nuestra capacidad de alcanzar grandeza moral.

A diferencia de lo que sostienen algunos influencers, robar perjudica a muchas personas.

La Torá instruye: “Cuando vendas algo a tu prójimo o compres algo de su mano, no se engañen unos a otros” (Levítico 25:14). El Talmud enseña que la primera pregunta que se nos hará en el Mundo Venidero es: “¿Fuiste honesto en los negocios?” (Shabat 31a). La forma en que nos comportamos en los negocios y en la vida práctica moldea quiénes somos: personas que alcanzan su potencial moral o, Dios no lo quiera, personas que se quedan por debajo de él.

A diferencia de lo que sostienen los influencers, robar bienes perjudica a muchas personas. Cuando presumen de robar “solo” a grandes empresas, olvidan la multitud de gerentes, vendedores y otros empleados que serán culpados y sancionados por permitir robos durante sus turnos. Ignoran el impacto que esto tiene en el contrato social. Y, en última instancia, el robo perjudica al propio ladrón más que a nadie, al volverlo cínico respecto del mundo, empujarlo a dañar egoístamente a otros y llevarlo a alejarse de su mejor versión.

Los pequeños delitos siguen siendo delitos

En la generación previa al diluvio, la Torá describe un mundo lleno de corrupción (la palabra hebrea es jamás). Los pensadores judíos interpretan que en este contexto la palabra jamás se refiere al robo menor generalizado. Las personas tomaban pequeñas cantidades de bienes ajenos, como una uva o una aceituna del barril de un comerciante. En otras palabras, microsaqueo.

Cuando la cultura te dice "toma", el judaísmo te dice "da". Ese es el acto más radical de todos.

En conjunto, estas acciones aparentemente triviales erosionaron la confianza y destruyeron el tejido moral de la comunidad, corrompiendo a la sociedad de tal manera que ya no podía reformarse. Crear un clima en el que no existen límites ni respeto por la propiedad es una receta para la ruptura de los vínculos sociales y el fomento de la desesperanza.

El contrato social

Las prohibiciones del judaísmo contra el robo van acompañadas de normas sólidas para ayudar a los demás. Los agricultores judíos en la tierra de Israel deben dejar parte de sus cosechas para los pobres. Los judíos donan entre el 10% y el 20% de sus ingresos para tzedaká. Se nos alienta a ayudar a viudas y huérfanos, visitar a los enfermos y cuidar de los seres humanos en general. Esta tradición de dar puede ser la mejor respuesta a quienes hoy buscan normalizar el robo menor.

Ante la desigualdad creciente, los precios altos y otros problemas sociales, el judaísmo propone una respuesta distinta: no el robo, sino la acción. No la desesperación, sino el compromiso de mejorar el mundo. Tratar a los demás con la misma sensibilidad, respeto y honestidad con que nos gustaría ser tratados.

Cuando la cultura dice “toma”, el judaísmo dice “da”. Ese es el acto más radical de todos.

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