Tras el terremoto en Venezuela, la comunidad judía responde con solidaridad


5 min de lectura
Desde los libelos de sangre medievales hasta las protestas modernas, el mundo nunca ha necesitado hechos para odiar a los judíos.
Genocidio, apartheid, colonialismo, estas palabras representan algunos de los peores males de la historia moderna. Y no sólo se acusa a Israel de ellos, sino que mucha gente realmente cree en estas horrendas acusaciones, a pesar de la clara evidencia contraria.
Lo siguiente debería ser evidente:
La ONU define genocidio como “actos cometidos con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso”. Si Israel tuviera la intención de eliminar a los palestinos, ya lo habría hecho hace tiempo. Gaza es un territorio pequeño y altamente vigilado, sólo 360 km². En cambio, Israel toma medidas sin precedentes para evitar víctimas civiles: advierte a la población con panfletos, llamadas telefónicas y “golpes en el techo” antes de los ataques. Sus esfuerzos en guerra urbana para proteger a no combatientes superan a los de cualquier otro ejército moderno.
“El apartheid” describe el antiguo sistema sudafricano de segregación racial legalizada. En contraste, el 20% de la población israelí es árabe y goza de plena ciudadanía e igualdad de derechos. Hay árabes en el Parlamento (Knéset), en la Corte Suprema y en el ejército. Sí, existen desafíos e inequidades sociales (como en toda democracia), pero llamar a esto apartheid es una distorsión grotesca.
Y en una dolorosa ironía, porque en Gaza ocurre lo opuesto.
Hamás aboga abiertamente por el genocidio contra los judíos. El 7 de octubre del 2023, Hamás lanzó un ataque bárbaro: asesinó a 1.200 israelíes, hirió a más de 3.000, violó mujeres, quemó familias vivas y secuestró a 251 personas inocentes. El mundo apenas pestañeó antes de culpar a Israel por responder. Desde entonces, Hamás ha lanzado miles de cohetes contra civiles judíos.
Mientras tanto, Gaza gobernada por Hamás es un verdadero estado de apartheid. Judíos y cristianos son perseguidos. Se ejecuta a personas homosexuales. Se asesina a disidentes políticos. Se mata a mujeres por haber sido violadas.
Estos hechos no son difíciles de descubrir, sin embargo, las mentiras se difunden de forma implacable y global desde universidades de élite hasta protestas masivas en las calles.
¿Cómo pueden personas inteligentes y educadas (profesores, periodistas, funcionarios de la ONU, activistas de derechos humanos) creer y propagar tales flagrantes distorsiones?
Durante siglos, el antisemitismo se ha disfrazado con el lenguaje de la justicia, la virtud y la indignación moral.
¿Cómo sabía Hamás que el mundo lo respaldaría, en lugar de exigir su rendición y apoyar el derecho de Israel a defenderse?
Lamentablemente, nada de esto es nuevo. Durante siglos, el antisemitismo se ha disfrazado con el lenguaje de la justicia, la virtud y la indignación moral.
El patrón es claro: las mentiras antisemitas no necesitan ser verdaderas, sólo tienen que sonar bien. La racionalidad nunca ha sido suficiente para frenar el odio.
Hoy, las mentiras se disfrazan de “derechos humanos”.
La gente dice preocuparse por las vidas palestinas. Israel también se preocupa. Toda vida inocente importa. Pero, ¿dónde está la claridad moral de que esta guerra es responsabilidad de Hamás?
Hamás inició la guerra. Se esconde en áreas civiles, construye túneles bajo casas y hospitales, lanza cohetes desde patios de escuelas y usa a su propia población como escudos humanos… Todos estos son crímenes de guerra.
La carta fundacional de Hamás (1988, reafirmada en 2017) llama explícitamente a la destrucción de Israel y enmarca su campaña como una guerra santa islámica. Ellos no intentan ocultarlo. No es un movimiento por la coexistencia. Es un culto yihadista a la muerte, financiado con miles de millones en ayuda extranjera, determinado a sacrificar a su propio pueblo con fines propagandísticos. Y juran repetirlo hasta destruir a Israel.
¿Por qué los comentaristas liberales encubren esto y fingen que sólo quieren un estado en Cisjordania y Gaza?
¿Algún otro atentado terrorista masivo en alguna parte del mundo ha sido justificado abiertamente por el Occidente liberal?
Entonces, ¿por qué los grupos de derechos humanos, comentaristas progresistas e instituciones académicas de elite se apresuran a justificar a Hamás y dan credibilidad a sus mentiras, mientras retratan a Israel como el villano?
La respuesta: esto es antisemitismo clásico.
No es la confusión sobre los hechos lo que crea antisemitismo, es el antisemitismo lo que ciega a las personas ante los hechos.
Es odio a los judíos disfrazado con ropa nueva. Ya no se grita con esvásticas y uniformes nazis. Ahora se expresa en:
Pero la esencia es la misma:
Filósofos, psicólogos e historiadores han tratado de explicar la persistencia del antisemitismo.
Pero las razones nunca importan tanto como los resultados.
La historia demuestra que no importa cuán absurda sea la acusación, ni cuán educado sea el público, el resultado es siempre el mismo.
Nos consolamos creyendo que la gente es razonable. Que la verdad triunfará. Que esto no puede volver a suceder.
Pero sí puede.
Y cuando ocurre… mata.
Debemos dejar de creer que el odio irracional de alguna manera nos va a perdonar. Porque la historia enseña, una y otra vez, que no lo hará.
Esta aterradora comprensión provoca una especie de disonancia cognitiva. Queremos creer en la bondad de la humanidad, pero… ¡acaso la historia no nos ha enseñado lo contrario?
Los judíos somos uno de los pueblos más antiguos de la tierra. Hemos dado al mundo mucho más de lo que nuestros números podrían justificar: monoteísmo, ética, profetas, literatura, ciencia, medicina y derecho. Hemos sobrevivido a exilios, esclavitud, pogromos y genocidios.
Y aún así, nos odian.
No por lo que hacemos. Sino por lo que somos.
Debemos seguir diciendo la verdad, aunque sea sólo para nosotros mismos.
Debemos proteger a nuestro pueblo.
Y debemos dejar de creer que la irracionalidad del odio de alguna manera nos perdonará. Porque la historia enseña, una y otra vez, que no lo hará.
No podemos permitir que la distorsión que el mundo hace de nuestra identidad debilite nuestro orgullo por lo que realmente somos. En cambio, debemos profundizar nuestra conexión con la vida judía, la sabiduría y la comunidad.
Nuestra historia no es sólo de persecución, sino de propósito. Respondamos no con miedo, sino con fe y fortaleza, viviendo abiertamente, con orgullo y plenamente como judíos.
Nuestro newsletter está repleto de ideas interesantes y relevantes sobre historia judía, recetas judías, filosofía, actualidad, festividades y más.