La hipocresía de Lamine Yamal ondeando una bandera palestina


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Si los “ángeles” de Victoria’s Secret son libres de mostrarse sin pudor en la pasarela, ¿acaso yo no soy igualmente libre de cubrirme en público?
Si una persona más me dice que necesito ser “liberada”, voy a explotar.
En cuanto alguien ve mis brazos cubiertos y mis faldas largas, me dice lo oprimida que estoy y cuánto necesito rebelarme contra las directrices patriarcales del recato, diseñadas por los hombres para controlar sus impulsos sexuales.
¿Cómo se supone que debo reaccionar? ¿Defender mis elecciones de vestimenta?
En esta era súper iluminada del “haz lo tuyo”, me parece bastante inapropiado que yo, una firme defensora del “haz lo tuyo”, tenga que justificar mi ropa. Solía pensar que vivimos en una época en la que una mujer es libre de vestirse como quiera. Pero me pregunto: si los “ángeles” de Victoria’s Secret pueden mostrarse sin pudor en la pasarela, ¿acaso yo no soy igualmente libre de cubrirme en público?
En algunos círculos, el “recato” ha llegado a significar represión sexual y fundamentalismo religioso. Me gusta pensar que yo no represento a ninguno de estos dos fenómenos.
Recato no significa fealdad. Implica un código de virtud en la vestimenta y el comportamiento.
Como judía observante progresista, abrazo y observo los principios de mi religión mientras vivo en el mundo moderno. No me visto como una solterona, contrario a lo que muchos creen. Puedo verme bastante bien con faldas y ropa suelta. Sigo viéndome atractiva, pero no provocativa. Recato no significa fealdad. Implica un código de virtud en la vestimenta y el comportamiento. Y en mi caso, ese código de virtud es profundamente personal.
Cuando me visto con recato, la gente me trata de forma diferente. En lugar de invitarme a fiestas o a clubes, me invitan a cenar o a una conferencia. Cuando me visto con recato, yo misma me trato de forma diferente. En lugar de complacer los caprichos promiscuos de la sociedad adolescente, me encuentro sin complacer ningún capricho y, en su lugar, estoy siendo fiel a mis propias convicciones religiosas. La forma en que la gente me ve cambia, y con ello también cambia su actitud hacia mí.
El recato contribuye en gran medida a preservar la inocencia. La percepción que los demás tienen de mí como una persona recatada me ayuda a evitar participar en actividades de las que luego me arrepentiría.
Y aunque soy una judía religiosa, nadie me obliga a vestir lo que uso. Ninguna figura masculina dictamina que me vista de cierta manera debido al supuesto apetito sexual de alguna persona.
De hecho, cubro mi cuerpo para poder liberarme a mí misma de la a menudo no deseada mirada e imaginación masculina, así como de las tendencias cada vez más sexualizadas de la moda que buscan mostrar el cuerpo humano con la mayor carga erótica que sea posible.
Cuando me libero de prendas promiscuas, aparezco ante los ojos de los demás no como curvas o piernas, sino como una mente que sabe cómo vestir su cuerpo y funcionar independientemente de la atención masculina y las tendencias de la moda.
Ahora bien, quizás la adolescente y la joven promedio sean menos cohibidas que yo. Quizás les preocupa menos la mente masculina y las últimas modas que a mí. Tal vez sean más libres consigo mismas que yo. Pero no soy ni más ni menos liberada que ellas. Estoy liberándome a mí misma de la sexualización de mi cuerpo en la ropa que uso y en la mente masculina.
A pesar de ser una firme creyente en el poder del recato, dejo que los demás tomen sus propias elecciones. Recuerda, soy una proponente del "haz lo tuyo".
Pero mientras tanto, déjenme tranquila con mi vestimenta recatada. Déjenme "hacer lo mío".
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