Por qué no toco a los hombres


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El profundo significado de esta costumbre.
Comer en Rosh Hashaná una manzana sumergida en miel, es una costumbre judía universal que simboliza nuestro deseo de tener un año dulce.
¿Cuáles son los orígenes de esta costumbre y por qué en particular se usan manzanas y miel para expresar este punto?
El Talmud(1) registra la enseñanza del sabio Abaie de que “como buen presagio una persona debe acostumbrarse a comer al inicio del año calabaza, fenogreco, puerro, remolacha y dátiles”.
Algunos explican(2) que la razón de que se usen estos alimentos en particular como presagios de un buen año es porque crecen rápidamente o son especialmente dulces, y simbolizan nuestro deseo de un año exitoso y feliz. Otros(3) entienden que el significado detrás de la práctica de Abaie es que las palabras hebreas para estos alimentos tienen asociaciones positivas, como el fenogreco que en hebreo es rubia/רוביא, similar a la palabra ribui/ריבוי, que significa “incremento”. Con esto esperamos que se incremente el éxito.
Siguiendo estas explicaciones, hay muchos otros alimentos se han vuelto costumbre en distintas comunidades judías durante Rosh Hashaná. Por ejemplo, la costumbre de Europa Oriental de comer zanahorias (mehrin en ídish), palabra similar a mehr, que significa “más”. Otros comen granadas, que tienen muchas semillas, simbolizando los muchos méritos que esperamos alcanzar. También hay quienes comen la cabeza de un pez o de un cordero, para estar “a la cabeza” en el nuevo año.
Una de las menciones más tempranas de la costumbre de comer manzanas con miel se encuentra en el Arbá Turim,(4) una importante compilación de leyes judías escrita por Iaakov Ben Asher (1270–1340), quien cita la práctica alemana de hacerlo.
Rav Eliahu de Vilna,(5) conocido como el Gaón de Vilna, cita un versículo del Cantar de los Cantares como el origen del uso de la manzana en términos metafóricos: “Como el manzano entre los árboles del bosque, así es mi amado entre los jóvenes” (Cantar de los cantares 2:3).
El Talmud(6) explica que en este versículo Dios compara al pueblo judío con las manzanas. Así como el fruto del manzano aparece antes que las hojas,(7) dice el Talmud, de la misma forma el pueblo judío estuvo en el Monte Sinaí ansioso de entrar en una relación con Dios incluso antes de conocer todas las responsabilidades que esta relación implicaría.
Según esto, la manzana es una metáfora de un fuerte deseo de crecimiento espiritual y cercanía con Dios, lo suficientemente poderoso como para trascender las barreras que impiden una relación cercana con Él.
Lo que representa la miel es menos claro. Aunque la tierra de Israel es llamada en muchas ocasiones en la Torá(8) como “tierra que fluye leche y miel”, la mayoría entiende que este término bíblico se refiere a miel de dátiles o de higos.(9) Sin embargo, la costumbre en Rosh Hashaná es sumergir las manzanas en miel de abeja.
Quizá la explicación sea la siguiente. La Torá prohíbe poner cualquier endulzante de frutas (la “miel” en el sentido bíblico) en el altar del Templo, pero requiere que toda ofrenda de harina sea acompañada con sal.(10)
Rav Naftali Tzvi Iehudá Berlín (1816–1893) explica el contraste entre estos dos alimentos. La miel de frutas es deliciosa, pero se echa a perder fácilmente. Esto representa los placeres rápidos y la búsqueda de la gratificación instantánea. Así como los productos de fruta se pudren con facilidad, una vida dedicada a la búsqueda de estas metas suele llevar a la sensación de vacío e infelicidad.
La sal es abrumadora y dura cuando se come sola, pero usada en su justa medida realza el sabor. Además, es el conservador original, ya que salar los alimentos fue probablemente el método más antiguo de preservación.
Esto representa el placer sutil que ofrece la espiritualidad y cómo una vida basada en valores espirituales puede crear un significado y felicidad duraderos. Aunque una transición de un estilo de vida puramente hedonista a uno basado en valores puede ser difícil al inicio, a la larga conduce a una vida más integrada y plena.
La meta de quien busca conectarse con Dios a través del altar debería ser interiorizar la lección que representa la sal, y por eso la sal se ofrecía con cada ofrenda.
La miel de abeja tiene la propiedad única de ser increíblemente dulce pero también de tener una vida útil casi infinita. La miel representa un camino espiritual que no sólo comienza de manera placentera, sino que sigue siendo una fuente permanente de satisfacción.
En Rosh Hashaná tomamos una manzana, que representa el deseo de crecer espiritualmente, y la sumergimos en miel de abeja, que representa una dulzura que no es pasajera. Si abordamos el nuevo año con un compromiso vigoroso hacia la superación personal, esperamos y rezamos que el resultado de ese compromiso tenga beneficios tanto inmediatos como duraderos. Al incorporar este mensaje vibrante y positivo en nuestra comida de Rosh Hashaná, esperamos crear una energía que nos ayude a merecer un juicio para un año verdaderamente dulce.
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