¿Encontraron realmente el Arca de Noé?


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Porque me da respuestas coherentes a las grandes preguntas de la vida, además de otras 7 razones.
¿Qué es realmente Dios? ¿Por qué Dios creó el mundo? ¿Cuál es el propósito del pueblo judío? ¿Por qué le suceden cosas malas a la gente buena? ¿Qué es realmente la plegaria? ¿Cómo puede uno sacar el máximo provecho de la vida? ¿Cuáles son las claves para un matrimonio exitoso? ¿Cuál es el secreto de la felicidad? Etc.
La ciencia no puede responder a estas preguntas, y las teorías psicológicas y la especulación filosófica no han logrado brindar respuestas consistentes e inquebrantables. La Torá ofrece respuestas eternas a tales preguntas.
La mayor parte de mi enfoque durante un día típico está en los detalles de ser maestro, padre, esposo, etc. Sin embargo, la Torá me recuerda que no soy mi profesión, ni ninguno de los títulos que tengo, ni los roles que desempeño, ni mis posesiones (o la falta de ellas). Nada de esto me define. Más bien, en esencia, soy un alma, y eso es lo que más importa. Esto también es cierto para cada judío. Por lo tanto, no debo basar mi visión de otros judíos en la clase de sinagoga que frecuentan, ni en cómo lucen, ni en por quién van a votar en las próximas elecciones presidenciales, sino en que cada uno es un alma.
Existen varios programas de estudio diario. Uno es Daf Iomí, en el que se estudia cada día la misma página doble del Talmud, completando todo el Talmud en siete años y medio. Otro programa de estudio diario, en el cual participo, consiste en estudiar una sección de la Torá con el comentario de Rashi (en sintonía con la lectura semanal de la Torá en la sinagoga), una sección de Mishné Torá del Rambam (su código legal en 14 volúmenes) y una sección de Tania, que es uno de los textos más importantes del pensamiento judío.
Este programa permite completar toda la Torá y el Tania cada año, y el Mishné Torá en poco menos de tres años para quienes dedican alrededor de una hora al día al estudio, aunque muchos completan los tres textos cada año. Al estudiar estos textos en particular, uno se involucra, aunque sea a nivel superficial, con la totalidad de la ley y el pensamiento judío.
Al estudiar Torá cada día sé que, ese mismo día, hay judíos en Los Ángeles, Brasil, Israel, Australia, etc., que están leyendo las mismas palabras que yo, quizás incluso en ese mismo momento. Aunque miles de kilómetros nos separen físicamente, estudiar cada día las mismas secciones de la Torá nos conecta.
Todos los días encuentro en alguno de los textos que estudio algo que, si lo aplico, me hará mejor padre, mejor esposo, mejor empleado, etc. A menudo se trata de demostrar más paciencia, calma y hablar bien, lo cual también me convierte en mejor ser humano y mejor judío.
Tratar de entender por qué Rashi comentó sobre un versículo en particular, seguir una explicación muy matizada de un concepto teológico complejo a lo largo de varios días y recordar todas las variables contextuales en la aplicación de una ley judía específica, ejercitan y desarrollan mi mente de múltiples maneras. Al ejercitar mi mente de este modo, estoy desarrollando constantemente una forma de pensar judía.
Quienes participan en el estudio diario del Talmud estarán de acuerdo con el dicho de que el Talmud es “alimento para el cerebro”, y si se le pregunta a cualquier abogado que haya estudiado en una ieshivá, todos atestiguarán que el esfuerzo mental que requiere la facultad de derecho es como un jardín de infantes en comparación con estudiar Talmud. ¡No es de extrañar que seamos un pueblo tan inteligente!
Se dice que la mitzvá de estudiar Torá equivale a todas las mitzvot. (Lo mismo se dice de la tzedaká). Por lo tanto, cuando estudio Torá, recibo un mérito equivalente al de cumplir todas las mitzvot. Rezar, cuidar el kashrut y guardar Shabat son importantes, pero el estudio de Torá cada mañana y noche se destaca como la mitzvá más importante y la razón de ser de la vida diaria de un judío. Una razón, dicen nuestros sabios, es que estudiar Torá conduce a cumplir las mitzvot (lo cual me parece un poco circular), pero probablemente otras razones para subrayar la importancia del estudio de la Torá incluyen muchas de las que estoy mencionando aquí.
Cuanto más estudio, más me doy cuenta de cuánto no sé y de cuánto más hay por aprender. ¡Gracias a Dios no existe un “Torá Anónimos” que me cure de esto! Sé que, con los años, he dedicado mucho tiempo al estudio y sé bastante, pero me asombro cada vez que leo un buen ensayo de Torá o escucho una buena conferencia. Eso me lleva a querer estudiar aún más. Quiero que la Torá (es decir, la sabiduría de Dios) sea tan parte de mí que pueda establecer conexiones entre distintos textos y generar mis propias ideas de Torá, lo cual me motiva aún más a aprender.
El objetivo de estudiar Torá no es sólo adquirir sabiduría divina, sino conectarse con Dios. Aunque cada mitzvá te conecta con Él, es específicamente a través del estudio de la Torá que tu mente (a través de tu alma) y la “mente” de Dios se entrelazan y se hacen una. Es el vínculo más profundo que podemos tener con Dios. Estar en unidad con la sabiduría de Dios mientras se estudia Torá es la meditación más profunda de todas.
Con suerte, al menos una de estas razones por las que estudio Torá todos los días resonará con alguno de mis alumnos de la escuela hebrea.
Para reducir el tiempo que necesito quedarme despierto cada noche a fin de completar mi estudio diario de Torá, estudio cada vez que tengo unos minutos libres durante el día. Esto incluye estudiar durante el medio tiempo de un partido que veo por televisión, en los comerciales del único programa de TV que veo cada semana, durante mi descanso de almuerzo en el trabajo, mientras espero que mis hijos salgan de la escuela, durante el medio tiempo de los partidos de baloncesto de mis hijos. Como resultado, estudio Torá en intervalos de 5 a 10 minutos a lo largo del día, lo cual literalmente cumple con lo que dice el Shemá: “…las repetirás [palabras de Torá] al sentarte en tu casa y al andar por el camino, al acostarte y al levantarte…”.
El judaísmo es más que leer “historias bíblicas” de nivel de la escuela hebrea. Estudiar Torá puede infundir sentido y perspectiva a la vida.
La Mishná dice: “No digas: ‘Cuando tenga tiempo libre estudiaré’, pues quizás nunca tengas tiempo libre” (Pirkei Avot, 2:4). Entonces, ¿qué esperas? ¡Ve y estudia Torá! Pero te lo advierto: cambiará tu vida.
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