La visión del judaísmo sobre la Cábala


4 min de lectura
Más que evitar la ansiedad, necesitamos aceptarla como un aspecto esencial de la vida.
El último año y medio ha estado lleno de ansiedad para los judíos de todo el mundo. Desde horrendos actos de violencia antisemita en Israel hasta tensiones y conflictos crecientes en los campus universitarios, enfrentamos una realidad inquietante. En medio de esta dificultad, hay una manera de ver la ansiedad no sólo como una carga, sino como una fuente de fortaleza y resiliencia.
En el 2020, al inicio de la pandemia, entré en pánico. Soy psicólogo clínico, y cada vez que miraba mi teléfono sentía una opresión en el pecho. Mi clínica, el Center for Anxiety, tuvo que pasar a 500 pacientes a la modalidad de telemedicina en sólo dos semanas, y aunque me preocupaba por mi familia y por mí mismo, lo que más me angustiaba eran mis pacientes con ansiedad preexistente. ¿Cómo iban a sobrellevarlo?
Para mi sorpresa, les fue mejor de lo que esperaba. De hecho, nuestra investigación mostró que los pacientes que ya estaban en tratamiento antes de la pandemia no experimentaron un aumento de ansiedad durante ella. ¿Por qué?
Porque en lugar de deshacerse de su ansiedad, ya la habían transformado en una bendición.
(Me refiero a la ansiedad no clínica. La ansiedad clínica que interfiere con la vida de una persona requiere tratamiento y ayuda profesional).
Esta experiencia provocó una revelación que transformó mi enfoque. Más que evitar la ansiedad, necesitamos aceptarla como un aspecto esencial de la vida. Cuando se canaliza con las perspectivas y habilidades adecuadas, la ansiedad puede conducir a un profundo crecimiento personal y ayudarnos a afrontar las tormentas de la vida con mayor resiliencia.
La ansiedad es incómoda y a menudo intensa, pero es una señal crucial. Es la forma en que el cuerpo nos dice que algo significativo está en juego, algo que merece nuestra atención. En lugar de descartarla o medicarla, podemos verla como una oportunidad: una oportunidad para sintonizar con lo que realmente importa.
Algunas de las figuras más importantes del mundo han enfrentado momentos de profunda ansiedad. Al comienzo de su carrera, Winston Churchill se quedó paralizado durante tres minutos completos en un discurso en la Cámara de los Comunes. Oprah Winfrey usó la comida para reprimir sus emociones tras un revés profesional, y Taylor Swift, en su primera gran presentación, se sintió paralizada por el miedo escénico. Sin embargo, cada una de estas personas aceptó su incomodidad y la usó como combustible para desarrollar su potencial.
La tradición judía también tiene muchos ejemplos. En el Libro de Samuel, Janá lloró con tanta intensidad por no poder tener hijos que el profeta Elí pensó que estaba ebria. El rey David expresó su dolor en los Salmos: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Incluso Moshé experimentó la desesperación, llegando a pedir su propia muerte.
Estos líderes no rechazaron su ansiedad; la canalizaron, permitiendo que moldeara sus caminos y fortaleciera su fe. La ansiedad puede profundizar nuestra resiliencia, fortaleciendo nuestra capacidad de perseverar y adaptarnos.
Hoy en día, nuestra sociedad ve la ansiedad como una enfermedad. Es la condición de salud mental más común en el mundo, afectando a casi el 40% de los estadounidenses en algún momento. Para los adolescentes, las tasas son aún más altas. Vivimos en una época en la que buscar una vida libre de ansiedad se ha convertido en una obsesión cultural.
Irónicamente, esta búsqueda está alimentando el aumento mismo de la ansiedad. Al esperar una vida suave y controlada, estamos mal preparados para las incomodidades e incertidumbres inevitables que enfrentamos. Olvidamos que la ansiedad, aunque desagradable, también puede cumplir un rol protector y constructivo.
Si realmente queremos prosperar, necesitamos replantearnos la ansiedad: no como una maldición que hay que evitar, sino como un desafío que hay que aceptar. Aquí hay cuatro maneras de transformarla en una aliada:
La ansiedad indica que algo valioso para nosotros se siente en riesgo. En lugar de suprimir esos sentimientos, tómate un momento para preguntarte: “¿De qué tengo realmente miedo?”. Esto aumentará tu autoconciencia, en lugar de dejar que tus emociones persistan sin ser examinadas.
Es difícil cosechar los beneficios de la ansiedad si estás solo. Comparte tus preocupaciones con alguien en quien confíes. Esto está en línea con la enseñanza de la Torá: “Si hay una preocupación en tu corazón, exprésala”. Hablar en voz alta de tus ansiedades puede aligerar su peso, y el apoyo de otros puede ayudarte a ganar perspectiva.
Evitar la ansiedad sólo la refuerza. Cuando te sientas ansioso, intenta acercarte al sentimiento. Permítete experimentarlo por completo, sin juzgar. Esta práctica construye resiliencia, ayudándote a fortalecerte con cada desafío que enfrentas.
En última instancia, gran parte de nuestra ansiedad proviene del deseo de controlar aspectos incontrolables de la vida. Al reconocer esto, podemos aprender a soltar. La ansiedad es la forma en que el cuerpo nos recuerda que debemos ser humildes y reconocer que no tenemos todas las respuestas. Este cambio no sólo alivia la ansiedad, sino que también trae un mayor sentido de paz interior y conexión con Dios.
La ansiedad, aunque incómoda, puede fortalecer nuestras relaciones, profundizar nuestra conexión espiritual y ayudarnos a desarrollar resiliencia. Cuando soltamos el deseo de controlar, ganamos la libertad de vivir con apertura y confianza.
En lugar de buscar una vida sin ansiedad, veámosla como lo que es: una bendición. Es un recordatorio de nuestros valores, nuestras vulnerabilidades y nuestra capacidad de crecimiento. Con esta perspectiva, la ansiedad no sólo se vuelve manejable, sino una poderosa fuerza que puede ayudarnos a vivir una vida con propósito y conexión.
Nuestro newsletter está repleto de ideas interesantes y relevantes sobre historia judía, recetas judías, filosofía, actualidad, festividades y más.