10 razones por las que amo ser judía


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Casi el 40 % de los divorcios se producen después de los 50 años. Descubre qué los provoca y cómo saber si vale la pena salvar tu matrimonio.
Otra llamada, otro divorcio. Anoche me enteré de que otra pareja de nuestro círculo se está divorciando. Esto se ha convertido en algo que ocurre casi todos los meses.
El «divorcio gris» —parejas que, después de décadas de matrimonio, deciden separarse en una etapa avanzada de la vida— representa casi el 40 % de los divorcios en Estados Unidos.
Después de criar hijos, enfrentar desafíos, atravesar tormentas, celebrar momentos importantes y transitar juntos por la vida durante décadas, ¿ahora se divorcian?
¿Qué está pasando?
Hay muchos factores y abordaremos algunos de los más comunes, junto con herramientas prácticas para prevenirlos. Pero primero hablemos del elefante en la habitación:
Sí, hay ocasiones en las que el divorcio es la decisión correcta.
Muchos matrimonios que parecen no tener solución pueden salvarse con la ayuda adecuada y un compromiso genuino.
Después de más de 40 años de matrimonio y de haber acompañado de cerca a miles de parejas a lo largo de los años, mi esposo y yo hemos llegado a otra conclusión: muchos matrimonios que parecen no tener solución pueden salvarse con la ayuda adecuada y un compromiso genuino.
Hemos visto matrimonios que parecían estar al borde del precipicio y luego, con la intervención adecuada, vimos cómo las parejas lograron rescatarlos.
Cuando dos personas desean sinceramente que su matrimonio funcione y buscan ayuda profesional de calidad antes de llegar a un punto crítico, no solo pueden superar un período difícil, sino que a veces pueden salir de él con un matrimonio más fuerte y satisfactorio que antes.
La palabra clave es antes.
Si esperan hasta que el matrimonio esté en plena crisis, será mucho más difícil revertir la situación. Presten atención cuando las cosas apenas comiencen a desviarse del rumbo. No esperen a que el barco choque contra el iceberg.
Y no todos los terapeutas son adecuados para todas las parejas. El profesional indicado puede ser de enorme ayuda; el equivocado puede empeorar las cosas. Si la persona con la que están trabajando no los está ayudando, busquen a otra. Sigan buscando hasta encontrar la ayuda que funcione para ustedes.
Necesitan saber que hicieron todo lo posible por salvar su matrimonio.
Una vez, un rabino sabio comparó el divorcio con una amputación.
Te duele la mano. ¿Te la cortas?
No.
Te duele muchísimo. ¿Te la cortas?
No.
Te duele tanto que no puedes dormir por la noche. ¿Te la cortas?
Todavía no.
Pero ¿qué ocurre si la mano desarrolla gangrena y la infección se extiende por el brazo?
Sí.
El matrimonio puede ser así.
¿Te divorcias porque el matrimonio es difícil?
No. El matrimonio es realmente difícil.
¿Te divorcias porque estás sufriendo tanto que no puedes dormir por la noche?
No necesariamente.
Pero ¿qué ocurre cuando el matrimonio se ha vuelto destructivo y está causando un daño profundo y constante?
Entonces es momento de considerar la amputación, porque te está matando.
Cuando el matrimonio se ha vuelto destructivo y está causando un daño profundo y constante, es momento de considerar la amputación, porque te está matando.
Pero debemos tener cuidado de no confundir el dolor con una patología. Un matrimonio difícil no necesariamente es un matrimonio roto.
Veamos entonces algunas de las razones por las que las parejas se divorcian en una etapa avanzada de la vida y qué podemos hacer al respecto.
Uno de los errores más peligrosos que cometen las parejas es permitir que toda su vida gire alrededor de sus hijos.
Por supuesto, nuestros hijos ocupan un lugar enorme en nuestra vida: en términos prácticos, emocionales, espirituales y de incontables maneras más. Criar hijos puede consumir cantidades enormes de energía. Pero, durante ese proceso, algunas parejas descuidan lentamente la relación central de su familia: su matrimonio.
El desafío consiste en atravesar juntos cada etapa de la crianza mientras continúan cultivando la relación entre marido y mujer.
Y eso requiere sentido del humor.
Cuando sus hijos son pequeños, ¿cuál es su principal objetivo de cada día?
¡Lograr que se duerman!
¿Y cuando se convierten en adolescentes?
¡Despertarlos!
Hay que reírse juntos en medio de toda esa locura. ¿Cuál es la alternativa? ¿Pelear y llorar?
Eso no solo hace que el matrimonio sea miserable, sino que tampoco crea el ambiente familiar que nuestros hijos necesitan.
Por eso, salir en pareja no es un cliché. No es un objetivo elevado reservado para las parejas que tienen tiempo y dinero de sobra.
Dedicar tiempo el uno al otro es fundamental.
Y recomiendo una regla: durante los primeros 15 minutos de la cita pueden hablar de los hijos. Después de eso, no se permite hablar de ellos.
A veces la gente pregunta: «Pero entonces, ¿de qué vamos a hablar?».
Esa pregunta debería hacerlos reflexionar. ¿De qué hablaban antes de tener hijos?
Necesitan seguir avivando las brasas de su matrimonio para mantener vivo el fuego.
Porque, si todo en su relación siempre ha girado alrededor de los hijos, cuando finalmente se vayan de casa quizás miren a su cónyuge al otro lado de la mesa y de repente piensen: ¿Quién eres?
Hubo una época en la que la dependencia económica podía ser un factor poderoso que mantenía a una mujer dentro de un matrimonio. Si irse significaba no tener forma de mantenerse a sí misma ni a sus hijos, quizás se quedaba, ganando tiempo para trabajar en la relación.
La independencia económica de las mujeres es, sin lugar a dudas, un avance positivo. Las mujeres deben poder mantenerse por sí mismas y tener opciones.
Pero también ha eliminado una de las barreras prácticas que antes llevaba a las parejas a pensarlo dos veces antes de poner fin a un matrimonio.
Eso significa que algo más debe ocupar su lugar: la decisión consciente de trabajar en el matrimonio.
Cuando yo estaba creciendo, había una sola pareja divorciada en el círculo social de mis padres. En mi clase de primaria, compuesta por 30 niños, solo uno provenía de un hogar con padres divorciados.
Hoy, el divorcio es mucho más común. En algunos círculos sociales, incluso se ha convertido en la norma.
Piensen en lo que ocurre cuando una estrella de Hollywood aparece en un programa de entrevistas y anuncia que lleva 10, 15 o 20 años casada.
El público aplaude.
Eso nos dice algo.
En el mundo judío tradicional todavía existe una mayor presión social para casarse, trabajar en el matrimonio y permanecer casado.
Y, si bien la presión social ciertamente puede utilizarse de manera negativa, algunos tipos de presión social son positivos.
En la generación de mis padres, el estigma social y las realidades económicas eran tan abrumadores que algunas parejas permanecían atrapadas en matrimonios tóxicos.
Necesitamos que nuestra familia, nuestros amigos, nuestra comunidad y la sociedad nos alienten a tomar decisiones difíciles pero valiosas y a perseverar cuando las cosas se vuelven complicadas.
Sin embargo, el antiguo sistema tenía una desventaja.
En la generación de mis padres había parejas que probablemente deberían haberse divorciado. Pero el estigma social y las realidades económicas eran tan abrumadores que permanecían atrapadas en matrimonios insanos o incluso tóxicos.
Esas parejas quizás necesitaban la «amputación».
Por lo tanto, la respuesta no es simplemente permanecer casados sin importar lo que ocurra. Tampoco es: si no eres feliz, vete.
La respuesta consiste en tener la sabiduría necesaria para distinguir entre un matrimonio que necesita sanar y uno que se ha vuelto destructivo.
Quizás la justificación más común para el divorcio gris sea: «Al menos ahora no lastimará a los hijos. Ya no viven en casa».
Pero eso no necesariamente es cierto.
Sus hijos pueden ser adultos, pero siguen siendo sus hijos.
Cuando sus padres se divorcian después de décadas de matrimonio, su mundo puede verse sacudido de maneras profundas.
Quizás se pregunten: ¿Todo lo que recuerdo fue real? ¿Todos esos recuerdos familiares fueron una mentira? Si el matrimonio de mis padres pudo derrumbarse después de tantos años, ¿qué significa eso para mi propio matrimonio?
De repente, pueden comenzar a interpretar su infancia de una manera diferente.
Y ahora tienen que organizar por separado las festividades, las celebraciones familiares y la relación con cada uno de sus padres. Si tienen hijos propios, deben encontrar la manera de ayudarlos a desenvolverse dentro de una estructura familiar que nunca esperaron tener.
El divorcio de los abuelos también puede ser profundamente doloroso para los nietos.
No, el divorcio no borra los años felices. Esos recuerdos fueron reales. Pero sí cambia la realidad familiar.
Se ha arrojado una bomba al sistema familiar y muchas personas pueden resultar heridas por la explosión.
Piensa en tu vida como una rueda.
Tus hijos son uno de los radios. Tu carrera es otro. Tus amistades, finanzas, comunidad, salud, espiritualidad y muchas otras áreas son radios adicionales.
Pero ¿qué mantiene unidos todos esos radios?
Tu matrimonio es ese centro.
No des por sentado que puedes construir una vida sólida y exitosa alrededor de un centro débil.
Elige sabiamente.
Y, una vez que hayas elegido, trabaja sin descanso en tu matrimonio, antes de que aparezca la primera cana.
No esperes hasta que el nido esté vacío para descubrir que has perdido tu relación.
No esperes a que surja una crisis para buscar ayuda.
No permitas que los hijos, el trabajo, las finanzas y las interminables exigencias de la vida releguen tu matrimonio al último lugar de la lista.
Sí, el matrimonio requiere mucho trabajo.
Pero el matrimonio adecuado, cultivado con intención, humor, paciencia, compromiso y ayuda cuando sea necesaria, es uno de los mayores regalos que podemos darnos a nosotros mismos y a nuestros hijos.
Vale la pena luchar por él.
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