3 desafíos urgentes que los judíos debemos enfrentar este año


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Desde las negociaciones por los rehenes hasta Moshé en Egipto, la influencia comienza con una empatía y comprensión genuinas.
La mayoría de los errores de liderazgo ocurren cuando malinterpretamos a las personas que intentamos liderar. Hablamos cuando deberíamos escuchar, presionamos cuando la otra parte está agotada y confundimos el silencio con una negativa.
El exnegociador del FBI Chris Voss se encontró con esta realidad en el escenario de mayor riesgo imaginable: las negociaciones por rehenes, donde leer mal la situación cuesta vidas. En Never Split the Difference, él expone el Modelo de la Escalera del Cambio Conductual, la secuencia necesaria antes de que la influencia siquiera sea posible.
Comienza con la escucha activa.
Luego viene la empatía.
Después, la conexión.
Solo después de las tres surge la influencia.
Los argumentos, la presión y el compromiso vienen más tarde.
El objetivo de la escucha activa es comprender cómo la otra parte experimenta el mundo. Sin esa base, la empatía se vuelve vacía, la conexión se derrumba y la influencia es poco probable.
La empatía no es estar de acuerdo. Significa comprender la posición de otra persona, emocional e intelectualmente, y hacerle saber que la comprendes. Envía una señal simple: te veo.
En las negociaciones por rehenes, un negociador del FBI no respalda las creencias ni las acciones de un terrorista. Pero debe comprender los miedos, las motivaciones y las presiones que lo impulsan. Esa comprensión es lo que crea influencia y salva vidas.
La historia de Moshé y el Éxodo capta la misma dinámica con una claridad dolorosa.
Dios le ordena a Moshé anunciar la redención con un mensaje esperanzador: “Los sacaré… los salvaré… los redimiré… los llevaré a casa”.
Moshé espera celebración. En cambio, encuentra silencio.
La Torá explica el motivo en una sola frase. El pueblo no escuchó “por la falta de aliento y el duro trabajo”. No estaban poco convencidos; estaban agotados. Su sufrimiento había reducido su capacidad emocional. La esperanza no fue rechazada: simplemente era inaccesible.
Moshé no percibió esto.
Cuando el mensaje fracasa, se vuelve hacia sí mismo. Él dice: Si los israelitas no me escuchan, ¿cómo me escuchará el faraón, si soy de labios incircuncisos?
En términos modernos, Moshé asume que el problema es su forma de expresarse, en lugar del agotamiento del público. Trata el silencio como un veredicto sobre sí mismo, en vez de como una señal sobre la capacidad del pueblo.
La resistencia no tenía nada que ver con Moshé y todo que ver con lo que el pueblo podía soportar.
Este es un error que repetimos constantemente. Interpretamos el silencio como rechazo, la resistencia como juicio, y personalizamos lo que a menudo es una sobrecarga emocional. Intentamos arreglar el mensaje cuando el verdadero problema es la capacidad.
Moshé asumió un fallo interno cuando la realidad es externa. El pueblo no estaba rechazando la redención. Estaba demasiado desgastado para escucharla.
Desde la Torá hasta la sala de juntas, la lección es consistente.
Antes de poder mover a alguien, debes comprender su estado mental. Intentar motivar a alguien emocionalmente agotado es como pisar el acelerador con el tanque vacío. El esfuerzo aumenta, pero nada avanza.
Incluso Moshé puede leer mal la situación. Lo que parece una negativa suele ser agotamiento. Lo que se siente como un fracaso personal suele ser circunstancial.
Cuando comprendemos el paisaje emocional de la otra persona, todo cambia. Lideramos con mayor eficacia, negociamos con más sabiduría y conectamos con mayor honestidad. Así que cuando te encuentres con resistencia, no preguntes qué decir más fuerte. Pregunta qué necesitas entender mejor. Cuando la empatía lidera, la conexión se convierte en el camino para seguir adelante.
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