3 desafíos urgentes que los judíos debemos enfrentar este año


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Los límites no son barreras. Cuando se usan correctamente, son herramientas para que tu matrimonio sea mejor, más fuerte y más seguro.
Nunca me gustó la palabra límites. Suena dura, como dibujar en la arena una línea que dice: “Sólo puedo amarte esto y nada más”. Parece gritar: “mantén la distancia”.
Pero los límites no son barreras. Cuando se usan correctamente, son herramientas para que tu matrimonio sea mejor, más fuerte y más seguro.
Se trata de respetarte a ti mismo y a tu pareja lo suficiente como para definir qué funciona, qué no y qué ayuda a que ambos se sientan valorados.
Paradójicamente, los limites permiten la verdadera intimidad. Al ser claros sobre dónde acabas tú y comienza tu cónyuge, crean espacio tanto para la cercanía como para la individualidad.
En una relación, hay dos formas de límites:
“Necesito que respetes mis sentimientos, incluso cuando no estamos de acuerdo”.
“Necesito tiempo a solas para recargarme después de un día ocupado”.
Estos límites crean seguridad y predictibilidad en una relación, permitiéndole a ambas personas sentirse seguras mientras siguen siendo fieles a sí mismas.
Básicamente, decir "no" en algunas áreas es lo que te permite decir "si" a una conexión más sana y afectuosa.
Los límites no se tratan sólo de reglas o peticiones, tienen relación con la identidad. Los límites ayudan a responder una pregunta más profunda: ¿En dónde termino yo y dónde comienzas tú?
Unidad no significa perderte a ti mismo.
Esto puede parecer confuso, porque en el matrimonio la meta a menudo es descrita como “dos que se convierten en uno”. En el pensamiento judío, esta idea es expresada de forma hermosa a través de conceptos como "una sola carne" y la "fusión de almas". El matrimonio tiene como objetivo crear unidad: dos mitades de un todo.
Pero esta es la parte complicada: unidad no significa perderte a ti mismo. Un matrimonio sano no es aquel que busca enredarte tanto con tu pareja que pierdes tu identidad individual. Más bien se trata de dos individuos completos uniéndose para crear algo más grande que la suma de sus partes.
Si te preguntas si en tu matrimonio han alcanzado el equilibrio correcto entre individualidad y unidad, aquí hay cinco preguntas claves para reflexionar sobre el tema:
¿Eres capaz de manejar tus sentimientos sin culpar a tu pareja o confiar en tu cónyuge para recibir confirmación constante? Por ejemplo: cuando estás enojado, ¿puedes expresar tus emociones con calma en vez de cerrarte o atacar?
¿Puedes dedicarte a tus propias metas y pasatiempos sin hacer que tu cónyuge se sienta descuidado? Una relación equilibrada permite espacio tanto para la conexión como para la independencia.
¿Eres capaz de reconocer tus sentimientos en vez de esperar que tu cónyuge “te arregle”? Por ejemplo, en vez de decir “Me haces sentir inseguro”, podrías decir “Estoy trabajando en mis inseguridades, puedes apoyarme de la siguiente manera”.
¿Eres capaz de proteger tu bienestar sin hacer que tu cónyuge se sienta rechazado? Por ejemplo, ¿Puedes pedir tiempo o espacio personal sin miedo o conflicto?
Cuando tú y tu cónyuge no están de acuerdo, ¿puedes respetar su perspectiva sin sentir la necesidad de cambiarlo? Diferenciación significa honrar tus propios valores e identidad manteniéndose, al mismo tiempo, conectados emocionalmente.
La belleza de un matrimonio sólido está en su paradoja: dos personas completas se unen para formar un todo unificado. No se trata de perderte a ti mismo o de volverse extremadamente dependientes el uno del otro. En cambio, se trata de abrazar la individualidad al mismo tiempo que se cultiva la cercanía.
En hebreo, la palabra para uno (ejad) comparte el mismo valor numérico que la palabra amor (ahava): ambas suman 13. Juntos, suman 26, el valor numérico del nombre de Dios. Esto nos recuerda que la verdadera unidad en el matrimonio es sagrada.
Pero el cálculo no es ½ + ½ = 1. Es 1 + 1 = 1. El matrimonio es una sociedad en donde dos individuos completos se unen para crear algo más grande que ellos mismos.
Al respetar quiénes son como individuos, pueden crear un matrimonio que no sólo es fuerte sino también profundamente conectado. Una sociedad en donde yo soy yo y nosotros somos uno.
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