Masacre en un evento de Janucá en Australia
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¿Qué significa ser judío? A lo largo de mi vida, encontré la palabra “judío” utilizada como una ligera ofensa casual, aunque fuera en tono de broma, pero nunca como un elogio. A nivel personal, mi condición de judío era un hecho, pero no una fuente de orgullo. Mi relación con el judaísmo no era mucho mejor. No me conectaba con las prácticas religiosas que parecían arbitrarias y aleatorias, y detestaba los servicios de plegaria largos y aburridos. Sentado en la sinagoga, recuerdo calcular cuándo fingir que necesitaba ir al baño para dividir la monotonía en intervalos óptimos.
Para valorar algo, uno debe entender su propósito y cómo funciona. Si tienes una Ferrari pero no sabes cómo operarlo, arrancarás los asientos y los usarás como sillas de jardín.
Esta desconexión entre posesión y entendimiento describe perfectamente mi propio camino judío. En mi caso, después de mi Bar Mitzvá, simplemente dejé la Ferrari en el garaje y me fui hacia lo que creía eran cosas más grandes y mejores.
Si tan solo hubiera aprendido el principio más esencial del judaísmo; un principio tan fundamental que podemos encontrarlo en la etimología de las palabras judío y judaísmo (en hebreo iehudí). ¿Por qué nos llamamos judíos? Nuestra exploración comienza en la porción de la Torá de esta semana.
Después de recibir las bendiciones de Esav de su padre Itzjak, Iaakov huye a Padán Aram para escapar de la ira de su hermano. Allí trabaja siete años para su tío, el mentiroso y estafador Labán, con el fin de casarse con su hija Rajel.
La noche de la boda, Labán cambia a las hermanas, engañando a Iaakov para que se case con su hija mayor, Leá. Una semana después, Labán entrega a Rajel a Iaakov como segunda esposa a cambio de siete años más de trabajo. Poco después, ambas hermanas dan a sus siervas, Bilhá y Zilpá, como esposas para ayudar a construir la nación judía. Su acto desinteresado eleva a cuatro el número total de esposas de Iaakov.
Las cuatro matriarcas sabían proféticamente que Iaakov tendría 12 hijos, quienes se convertirían en las 12 tribus del pueblo judío. Leá, quien podemos asumir era una estudiante de matemáticas competente, comprendió que con cuatro madres, una división natural asignaría tres hijos a cada una (12 / 4 = 3). Pero Hashem la bendijo más allá de su porción asignada.
Al dar a luz a su cuarto hijo, Leá exclamó: “¡Esta vez alabaré agradecidamente (אודה) a Hashem!”. Por eso llamó su nombre Iehudá (יהודה)” (Génesis 29:35). Rashi explica el pensamiento de Leá: “Como [Dios] me dio más que mi porción, ahora me corresponde dar gracias (להודות)”.
De estos versículos aprendemos que el nombre Iehudá significa “daré gracias”. Iehudá, la tribu de liderazgo de la nación judía, se convirtió en el nombre de todo el pueblo judío: los iehudim (judíos). Juntando las piezas: gratitud → Iehudá → iehudim → judíos. Nuestro nombre describe nuestra esencia. Somos el pueblo que da gracias; la nación agradecida; la nación que da gracias por haber recibido más que nuestra parte justa.
Vayamos un paso más allá. Si un judío es alguien que da gracias, entonces el judaísmo es la religión de dar gracias. Rav Dessler, uno de los grandes maestros de Musar del siglo pasado, en su Ensayo sobre la bondad, resume:
“El verdadero servicio a Dios está construido sobre un fundamento de gratitud. Está declarado con la máxima claridad en todos los libros del Tanaj (Torá, Profetas, Escritos) que tenemos el deber de agradecer a Hashem por todo el bien que nos concede. La gratitud es la motivación de nuestra observancia de todos los preceptos y estatutos de la Torá”.(1)
La ecuación es la siguiente: Dios nos da (vida, Torá, abundancia, significado, oportunidad, etc.), sentimos aprecio, buscamos formas de corresponder (las mitzvot) y las cumplimos con alegría, y terminamos en una relación amorosa con Dios. ¡Eso es el judaísmo en pocas palabras!(2)
Recuerdo el momento en que esta verdad se volvió clara para mí. Después de mi viaje de Birthright a Israel, visité a un buen amigo de la universidad, quien estaba estudiando en Aish HaTorá, una ieshivá en Jerusalem. Sentados juntos en el Muro Occidental, él me desafió a pensar en mi relación con mi Creador. Antes de esto, había construido una relación con Dios por aproximadamente dos años a través de escribir un diario, meditar y rezar, pero no por un medio religioso.
Reflexionando sobre su pregunta, entré en un profundo estado de contemplación. Mi rostro apoyado contra las antiguas piedras, y el murmullo de plegarias llenaba el aire como una marea suave. Pasaron minutos. De repente, me golpeó la idea: “Aquí estaba toda esta bendición: familia, amigos, comida, refugio, viajes, experiencias, significado... ¡la vida misma! ¿Y qué había hecho yo para merecer algo de eso? ¡Nada!”
Desde lo más profundo de mi corazón, sentí la necesidad de decir “Gracias” a Dios por todo lo que me había dado. Pero… ¿cómo? Abrí los ojos y miré a mi alrededor a los judíos que me rodeaban. Los vi moviéndose de un lado a otro con devoción, recitando palabras de sus libros y estudiando textos antiguos. Pensé: Si Dios me hizo judío, entonces quizá la mejor manera de mostrarle mi agradecimiento es a través del judaísmo.
Entender esto lo cambió todo. Al día siguiente, compré una copia de la Torá, una kipá (que al principio solo usaba en Shabat) y comencé mi camino judío.
Me gustaría terminar compartiendo una forma muy práctica y agradable de traer más gratitud a tu vida. Durante el encierro por el Covid, cada viernes por la noche durante la comida de Shabat, mi mamá y yo comenzamos una práctica de compartir aquello por lo que estábamos agradecidos esa semana. Esta práctica que continúo con mi esposa hasta el día de hoy.
Te animo a hacer lo mismo. Haz una pausa mientras comes, solo o con tus seres queridos, y reflexiona sobre aquello por lo que estás agradecido. Puedes intentar incluir tres cosas: algo pequeño, algo presente y algo grande. Esta simple práctica encarna lo que realmente significa ser judío: reconocer y agradecer las bendiciones en nuestra vida.
A través de una práctica constante de gratitud, nos inspiraremos a cumplir nuestra misión divina de traer el amor y la bondad de Dios a nuestro mundo a través de Su Torá y Sus mandamientos.
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Porque somos judíos.Si no soportan el sonido que conforma la palabra descriptiva de nuestra condición lo siento mantienen su ignorancia sin aspirar a ser mínimamente inteligentes.No es la palabra es lo que para ellos representa.Asi fueron enseñados.