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Por qué tengo hijos a pesar de lo difícil que está el mundo

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03/08/2022 | por Kylie Ora Lobell

Sí, tener un hijo puede ser frustrante y agotador. Pero convertirme en madre es también lo más gratificante que he hecho en mi vida.

Mi esposo Daniel y yo estábamos preocupados respecto a convertirnos en padres. A mí me asustaba no tener suficiente dinero y cómo iba a equilibrar mi trabajo con el hecho de ser mamá. Todo parecía muy abrumador.

Vi muchas películas en las que los padres están estresados y pelean por sus hijos y escuché historias aterradoras de madres y padres ansiosos diciéndonos que nos preparáramos porque todo estaba a punto de cambiar… y a veces no para mejor. Mis propios padres se divorciaron después de tener tres hijos. Daniel y yo esperamos más de tres años desde que nos casamos hasta que comenzamos a intentar ser padres.

Tuvimos a nuestra hija y efectivamente todo cambió. Aunque obviamente hubo desafíos –en especial durante la pandemia, cuando no hubo guardería– convertirme en madre ha sido lo más gratificante que he hecho en mi vida.

Seguro, tener hijos puede ser muy frustrante, estresante y aterrador. Pero ahora me río diez mil veces al día gracias a nuestra hija. Ella pone una sonrisa en mi cara temprano por la mañana y cuando voy a verla antes de irme a dormir mi corazón rebalsa de amor. Este es un sentimiento que nunca podría haber imaginado antes de tener un hijo.

Gracias a un dedicado esposo que me acompaña en el camino, así como los miembros de la familia que nos visitan y el espectacular personal de la guardería de nuestra hija, la mayor parte del tiempo puedo manejar todo bastante bien. Ser madre ha sido mucho más placentero y satisfactorio de lo que podría haber imaginado.

Ahora tengo 32 años y comprendí que muchos miembros de la "generación millenial" posponen la posibilidad de convertirse en padres. La tasa de natalidad ha decaído durante los últimos seis años y el “baby boom” que se esperaba de la pandemia resultó ser un fiasco.

Antes de tener a nuestra hija, como muchas personas de mi edad, quería estar libre de deudas y en camino a comprar nuestra propia casa antes de convertirme en madre. Pero en cierto momento entendí que no todas las cosas iban a alinearse perfectamente. En cambio, canalicé mi valentía interna y mi fe y di ese gran salto. Resultó que el viejo dicho es cierto: cada bebé viene con un pan bajo el brazo. Poco después de que naciera mi hija, comencé a ganar más dinero y aprendí a equilibrar el trabajo con la vida. Es un trabajo en proceso y cambia constantemente, pero me voy arreglando. Estoy contenta.

Las personas de mi edad postergan tener hijos por una multitud de razones. La pandemia nos descolocó y nos hizo sentir que el mundo es completamente inestable. La inflación y el aumento del costo de vida han superado a los salarios. Tener casa propia parece algo fuera de nuestro alcance. Algunas personas creen que están en un proceso de descenso. Tenemos deudas por nuestros estudios universitarios y deudas por la tarjeta de crédito y muchos jóvenes no tienen comunidades, religión o su familia cerca para hacerlos sentir más seguros y brindarles apoyo. Hoy todo parece ser mucho más complicado que antes.

Por otro lado, el mundo nunca fue un lugar estable. Nuestros padres tuvieron que enfrentar las repercusiones de la Segunda Guerra Mundial, el clima político inestable de los años 60', la Guerra Fría, escasez de gas, crisis de misiles y rehenes y mucho más. Otras generaciones tuvieron sus propias multitudes de problemas. Estaría mucho más asustada de tener hijos si supiera que tienen que ir a la escuela y esconderse bajo sus escritorios para protegerse de misiles o si supiera que mi esposo puede ser reclutado en cualquier momento, convirtiéndome potencialmente en viuda y madre soltera. Los problemas de hoy son monumentales, pero no son nuevos.

Mucho se reduce a tener fe. No tenemos idea cómo va a ser cuando nos casemos, cuando tengamos hijos, cuando nos mudemos a una nueva ciudad o cuando aceptemos un nuevo trabajo. Las mejores cosas en mi vida siempre resultaron de tomar un riesgo calculado y esperar que ocurra lo mejor.

Incluso si experimentas estrés y la vida se pone más complicada con las nuevas adiciones a la familia, las recompensas lo superan todo.

Durante el apogeo de la pandemia, ver a mi hija aprender a caminar moderó mi ansiedad. Ver su enorme y divertida sonrisa me pone de un humor maravilloso. Convertirme en madre me introdujo a la ferocidad del amor y ha inyectado mucho más significado a mi vida. Todos deberían tener la oportunidad de experimentar esta mezcla de agotamiento y euforia.



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