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Puliendo diamantes

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23/12/2013 | por Rav Abraham J. Twerski

Toda persona tiene escondida en su interior una deslumbrante y valiosa gema. Sólo necesitamos remover la suciedad para encontrarla.

La Mishná (Ética de Nuestros Padres 4:3) nos enseña: “[Ben Azzai] acostumbraba decir: ‘No desprecies a nadie ni seas despectivo con nada, pues no hay nadie que no tenga su hora ni nada que no tenga su lugar’".

Rabí Shalom Dov de Lubavitch tenía gran afecto por las personas simples. Una vez, un jasid que era mercader de diamantes le preguntó al rabino qué virtudes veía en aquellas incultas personas.

El rabino le preguntó al jasid si por casualidad tenía algo de su mercadería con él, y éste le mostró al rabino un paquete de diamantes. El rabino señaló una gema que era de gran tamaño y dijo: "Este es realmente un hermoso diamante".

El jasid sonrió. "No, rabino", dijo, "está lleno de defectos".

"Pero es más hermoso que las otras piedras", dijo el rabino.

El jasid explicó: "Es verdad que es más grande que las otras piedras, pero dado que tiene defectos que pueden ser vistos con una lupa, su valor es mucho menor. En cambio este”, dijo tomando otro diamante, "que es mucho más pequeño, puede no parecer tan brillante como el otro, pero es una piedra perfecta y es muy valiosa. La verdad, rabino, es que para saber el valor de los diamantes uno debe ser un experto".

"Entiendo", dijo Rabí Shalom Dov. "Lo mismo es cierto para saber el valor de las personas: uno también debe ser un experto".

La gema de un millón de dólares

Varios años atrás pude apreciar las palabras del rabino con toda claridad. Había comenzado un proyecto en Israel para rehabilitar a ex-convictos que habían tenido problemas con la ley por su necesidad de sustentar sus hábitos de drogadicción. Al conocer al primer grupo, traté de señalar que las personas que tienen buena autoestima normalmente no hacen cosas que les causan daño a ellos mismos, al igual que quien tiene un automóvil hermoso tiene cuidado de que no se dañe ni estropee.

En ese momento, uno de los clientes me interrumpió, exclamando: "¿Usted espera que yo tenga buena autoestima? Tengo 34 años y he pasado 16 años en prisión, habiendo sido condenado ocho veces. Cuando salgo de la cárcel nadie quiere contratarme debido a mis antecedentes penales, por lo que no puedo conseguir trabajo para mantenerme. Cuando mi familia se entera que voy a ser liberado de prisión, se molestan enormemente. Para ellos soy una carga y una vergüenza. ¡Estoy seguro de que preferirían verme muerto! ¿Cómo podría tener buena autoestima cuando todo el mundo considera que no valgo nada y que no soy nada más que una carga de la que les encantaría deshacerse?".

La desesperación de este hombre y la clara validez de sus palabras me tomaron por sorpresa, pero dije: "Avi, ¿has visto alguna vez la vidriera de una joyería? Hay diamantes deslumbrantes que valen miles de dólares. ¿Sabes cómo se veían esos diamantes cuando fueron extraídos de la mina? Se veían sucios y feos – parecían no ser más que despreciables pedazos de vidrio. Cualquiera que los hubiera juzgado por su apariencia los hubiera tirado. Sin embargo, hay un experto que revisa el mineral, y podría tomar una de estas piedras aparentemente despreciables y decir: '¡Wow! ¡Estoy seguro de que aquí hay una gema de un millón de dólares!'.

"Un espectador diría: 'Tira ese pedazo de basura y lávate las manos'. Pero el experto dice: 'Tan sólo espera y verás lo que hay aquí'. Luego envía la piedra a la planta de procesado, y eventualmente obtiene un resplandeciente diamante de 15 quilates, el cual podría cegar a una persona con su gran brillo. Obviamente es imposible que alguien haya podido agregar tal belleza a una “piedra sucia”; lo que hizo la planta de procesado fue quitar las capas que cubrían la belleza. Tan sólo expuso la belleza que estaba oculta.

"Avi", dije, "tú me estás diciendo que no eres valioso. Yo soy el experto que puede ver el diamante precioso en tu interior. Si te quedas con nosotros, te ayudaremos a revelarlo".

Avi permaneció en tratamiento por tres meses. Luego fue a un centro de reinserción social, consiguió un trabajo y continuó ocupándose en su recuperación. Eventualmente logró tener una vida independiente.

El que lo encuentra, se lo queda

Un día Annette, que era la administradora del centro de reinserción social, recibió un llamado de una familia cuya anciana madre había muerto y había dejado un departamento lleno de muebles que no necesitaban, por lo que querían donarlos al centro. Annette llamó a Avi para saber si él podría mover los muebles. Avi le aseguró que conseguiría un camión y que se haría cargo.

Dos días después Avi llamó para decir que estaba en el departamento con un camión, pero que los muebles eran viejos y estaban en muy malas condiciones, que no podrían ser usados. Annette le dijo que no quería rechazar una donación y que por lo tanto se llevase los muebles de igual forma.

Avi cargó el camión y se llevó los muebles. Cuando estaba subiendo un sofá viejo y destruido por las escaleras del centro de reinserción social, de repente cayó de entre sus almohadones un sobre conteniendo 5.000 shekels (unos $1.300 dólares). En el pasado, Avi había robado carteras y había entrado en casas ajenas por tan sólo 10 shekels. Ahora, tenía frente a él 5.000 shekels de cuya existencia nadie más sabía. Sin saber mucho sobre ley judía, él perfectamente podría haber asumido que la regla de “el que lo encuentra se lo queda” aplicaba en esta ocasión, y que quedarse con el dinero no hubiese sido un crimen.

Avi llamó a la familia para informar sobre su hallazgo. Le agradecieron, y sugirieron que diese el dinero como donación al centro.

Tiempo después, me encontré con Avi y le dije: "¿Acaso no te dije que en tu interior había un hermoso diamante? ¿Cuántas personas otrora honestas hubieran simplemente puesto el dinero en su bolsillo sin decirle una palabra a nadie? Avi, tu diamante es muy brillante".

En un viaje posterior a Israel, Annette me mostró una placa que Avi había fijado en la puerta del centro. La placa decía: CENTRO DE PULIDO DE DIAMANTES.

El rabino Shalom Dov entendió la Mishná muy bien. Ninguna persona debería ser despreciada. Tan sólo debes ser un experto.

Extraído de “Visions of the Fathers" (Visiones de los Padres) - Shaar/Mesorah.




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