10 razones por las que amo ser judía


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Todo ser humano, judío o no judío, merece ser tratado con amabilidad y respeto, y tiene la capacidad de usar su libre albedrío para crear una relación eterna con Dios.
¿Cómo describe la Torá la manera en que un judío debe tratar a un no judío? ¿Qué enseña el judaísmo sobre la importancia espiritual de los no judíos? Existen muchas ideas erróneas y desinformación sobre estas preguntas importantes. Este artículo trata de aclarar la verdad.
El Talmud (Guitín 62a) escribe que se debe saludar a los no judíos con el término hebreo Shalom, uno de los nombres de Dios, lo que significa que debemos bendecir a un no judío con el Nombre de Dios al saludarlo. El Talmud (Berajot 58a)(1) enseña que quien ve a un sabio no judío de renombre debe recitar la bendición: “Bendito eres Tú, Dios, que concede sabiduría a los seres de carne y hueso”. El Talmud (Kidushín 33a) dictamina que uno debe levantarse en señal de respeto ante un anciano no judío. Los judíos están obligados a dar caridad a los no judíos, visitar a sus enfermos y ayudar en su entierro (Guitín 61a). El judaísmo exige que los judíos traten a los no judíos con amabilidad y decencia.
El judaísmo sostiene que todo ser humano que lleve una vida buena y moral logra una relación y conexión con Dios.
Además, el judaísmo no cree que sólo los judíos puedan alcanzar una conexión con lo divino. El judaísmo sostiene que cualquier ser humano que lleve una vida moral y ética obtiene una relación con Dios. Los no judíos pueden alcanzar una porción en el Mundo Venidero (Sanedrín 105a)(2) mediante la observancia de las leyes de noájidas, un código ético universal obligatorio para toda la humanidad.(3)
Rav Moshé Jaim Luzzatto, gran cabalista y ético del siglo XVIII, escribe en su obra filosófica El Camino de Dios: “El hombre es único porque posee libre albedrío. Por lo tanto, existe en el hombre una cualidad que no existe en otras criaturas: sus acciones son recompensadas medida por medida. Esta recompensa se divide en partes, una en este mundo y otra en el Mundo Venidero”. Las elecciones de todos los seres humanos, judíos y no judíos por igual, se basan en su libre albedrío y no en el instinto. Por lo tanto, la recompensa que sigue a las decisiones morales positivas se ganada por mérito propio.
El judaísmo ve el libre albedrío como el resultado de la tensión entre los impulsos básicos de una persona y su realidad espiritual innata, o su alma.(4) Cada persona posee un alma humana elevada(5) y tiene libre albedrío, lo que le da la capacidad de obtener una porción en el Mundo Venidero.(6) El Midrash (Tana Devei Eliahu Rabá, capítulo 9) resume esta idea diciendo: “Ya sea judío o no judío, hombre o mujer, esclavo o sierva, todo depende de sus acciones”. Es decir, el linaje y el estatus social no juegan ningún papel en la posición espiritual de una persona.
Respecto a la era mesiánica, el Talmud (Pesajim 68a) y el Midrash (Bereshit Rabá 26:2) son claros al afirmar que los no judíos justos serán partícipes.(7)
Existen varias citas del Talmud que parecen despreciar a los no judíos. Estas a menudo son malinterpretaciones o pasajes cuyo sentido literal da una impresión contraria a su verdadero significado. Veamos algunos ejemplos:
El Talmud (Bava Kama 37b) dice que si una vaca que pertenece a un judío cornea a la vaca de un no judío, el judío no está obligado a pagar los daños, pero si ocurre al revés, el no judío sí está obligado a pagar. Esto parece indicar que un judío no necesita respetar la propiedad de los no judíos.
En realidad, es todo lo contrario.
El Meiri (1249-1315, un importante comentarista talmúdico) explica que esto sólo se refiere a sociedades que no respetan la ley y el orden y que no respetan la propiedad ajena. En tales sociedades, sus miembros pueden dañar las pertenencias de otros sin repercusiones. Por eso, el Talmud permite tratarlos de forma punitiva para obligarlos a detener ese comportamiento. Esta es una ley única y limitada a un caso específico, y de ninguna manera representa un enfoque general hacia los no judíos.(8)
Rav Shimon Schwab (1908-1995) resume de manera contundente la honestidad que un judío debe tener al tratar con no judíos:
“Quienes aparecen en los titulares por engaño, contrabando, falsificación y fraude al gobierno y al público, sin importar cuán devotos aparenten ser externamente, tienen la sangre del pueblo judío en sus manos. Robar a un no judío es más grave que robar a un judío, porque quien lo hace no tiene expiación si muere sin arrepentirse, debido al Jilul Hashem (profanación del Nombre de Dios) involucrado. Nuestros rabinos han declarado que aquellos que mienten o roban a los gentiles están entre quienes profanan el Nombre de Dios, porque provocan que los no judíos digan: ‘No hay Torá en Israel.’ Los mentirosos, estafadores y ladrones que parecen ser judíos observantes en realidad es como si proclamaran: ‘No hay Torá en Israel,’ porque la Torá ordena al pueblo judío no cometer actos deshonestos. Y, si obedecieran esta directriz, entonces se lograría la mayor santificación del Nombre de Dios en este aspecto”.
(Selected Writings, págs. 298-299)
Otra afirmación engañosa que se encuentra en el Talmud (Ievamot 61a) es: “Ustedes, el pueblo judío, son llamados Adam (hombre), mientras que el no judío no es llamado Adam”. Esto podría sugerir que el Talmud ve a los no judíos como subhumanos.
Pero esto no puede ser real. El Talmud (Sanedrín 59a) pregunta: ¿De dónde sabemos que un gentil que se esfuerza en el estudio de la Torá es comparable a un Sumo Sacerdote? El versículo dice (Levítico 18:5): “Guardarán mis estatutos y leyes, porque HaAdam (el hombre) que los cumpla vivirá por ellos”. La Torá no dice “judío”, dice Adam, es decir, cualquier hombre, incluidos los no judíos. El mismo término que en una fuente talmúdica parece excluir a los no judíos, en otra fuente los incluye claramente. Por lo tanto, una lectura simplista de estos pasajes es insuficiente.
Rav Israel Lifschitz, en su comentario a Ética de los Padres (3:14), rechaza enérgicamente cualquier insinuación de que el Talmud vea a los no judíos como inferiores o subhumanos. Él comienza su ensayo escribiendo: “Es una mitzvá que debe publicarse”, indicando la importancia de este tema.
La Mishná dice: “Amado es el hombre que fue creado a imagen de Dios” (Ética de los Padres, 3:18). Si el Talmud considerara a los no judíos como animales, ¿en qué sentido fueron creados a imagen de Dios?, pregunta Rav Lifschitz. La Torá (Éxodo 19:5) llama al pueblo judío un “tesoro entre las naciones”. No sería un gran cumplido si las demás naciones fueran vistas como primates inteligentes, señala. Además, Rav Lifschitz afirma que los no judíos tienen una porción en el Mundo Venidero, y por lo tanto son espiritualmente significativos. Esto está respaldado tanto por el Talmud como por la lógica. El versículo en Salmos (145:17) dice: “Dios es justo en todos Sus caminos y misericordioso con todas Sus criaturas”.
Obviamente, si Dios es justo con todas Sus criaturas, todas tienen una oportunidad de alcanzar el Mundo Venidero.
Rav Lifschitz cita también los logros de individuos que beneficiaron enormemente a la humanidad, como Edward Jenner (quien desarrolló la vacuna contra la viruela), Sir Francis Drake (por llevar la papa a Europa), Gutenberg (por la imprenta), entre otros. Él argumenta que es inconcebible que estas personas no sean recompensadas por Dios por sus méritos.(9)
Respecto a la contradicción del Talmud sobre el término “Adam” en referencia a los no judíos, Rav Lifschitz explica que hay ventajas en ser judío y en no serlo. Un judío tiene acceso a una tradición rica y hermosa de sabiduría divina: la Torá. Sin embargo, tener acceso a una tradición así también representa una desventaja, porque la sabiduría y la moralidad que contiene están allí, disponibles sin esfuerzo. Alguien que debe recorrer un camino de búsqueda y descubrimiento para alcanzar un estilo de vida moral ha invertido más esfuerzo y como resultado, probablemente siente una conexión personal más fuerte con ese estilo de vida. (Presumiblemente, esto también puede decirse de muchos judíos que no tienen fácil acceso a los recursos de estudio de la Torá). Por lo tanto, cuando se utiliza el término “HaAdam” o “el hombre” como referencia a la humanidad en general, el Talmud lo asocia con cualquier persona, sea judía o gentil.
Sin embargo, el término Adam, como nombre propio, se refiere específicamente al pueblo judío. La razón de esto es que Adam también es el nombre del primer ser humano. Así como Adam fue creado por Dios y no podía atribuirse mérito alguno por su existencia, un judío no debe atribuirse mérito por su conocimiento espiritual, ya que este es un regalo que le fue transmitido por tradición. Un judío se define por la forma en que elige utilizar ese conocimiento.
El judaísmo se percibe a sí mismo como un instrumento que trabaja para toda la humanidad, pero no como un mandato que deba ser obedecido por todos los hombres en la tierra. Da la bienvenida a cualquier avance humano, espiritual o ético que provenga de otras fes religiosas.
En resumen, el Talmud no pretende expresar absolutamente nada despectivo en sus referencias a los no judíos. Se trata simplemente de una distinción entre los logros de personas provenientes de diferentes tradiciones.
Rav Iejezkel Landau (1713-1793) comienza su obra Nodá BeIehudá con una carta en la que exige que los judíos traten a los no judíos con honestidad y respeto. Termina esta carta señalando que cualquier declaración despectiva hacia los no judíos que se encuentre en fuentes auténticas del judaísmo debe entenderse como referida exclusivamente a paganos inmorales y adoradores de ídolos.
Rav Samson Rafael Hirsch, uno de los grandes líderes judíos del siglo XIX, escribió lo siguiente:
La verdad es que la actitud del judaísmo hacia todas las demás fes religiosas y todas las búsquedas intelectuales humanas difiere fundamentalmente de la actitud de otras religiones. El judaísmo es probablemente la única religión que no declara: “Fuera de mí no hay salvación”, y que recibe con agrado cualquier avance intelectual o moral, sin importar su origen. Las palabras de los profetas judíos miran con total confianza hacia un ennoblecimiento espiritual y moral cada vez mayor y más extendido, no sólo de los judíos sino de toda la humanidad.
El judaísmo es probablemente la única religión que no pretende reinar supremamente sobre todas las demás religiones. El judaísmo se percibe a sí mismo como un instrumento que trabaja para toda la humanidad, pero no como un mandato que deba ser obedecido por todos los hombres en la tierra. Da la bienvenida a cualquier avance humano, espiritual o ético que provenga de otras fes religiosas. – Collected Writings, vol. 7, páginas 85-87.
Considerando todo esto, el judaísmo emerge como un brillante ejemplo de tolerancia y aceptación hacia personas de diferentes convicciones. Que el pueblo judío haya sido, posiblemente, la mayor víctima de odio y prejuicio en la historia es una ironía trágica. Anhelamos el día en que “Todas las naciones del mundo reconocerán que el Nombre de Dios está asociado contigo, y sentirán temor ante ti” (Deuteronomio 28:10).
Ver Shulján Aruj, Oraj Jaim 224:7.
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