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¿Qué es la libertad?

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15/04/2022 | por Rav Efrem Goldberg

Yosef Mendelovitch era libre incluso al estar tras las rejas de una prisión soviética.

Hace algunos años, Yosef Mendelovitch, el famoso refusnick ruso, publicó la increíble historia de cómo observó el Pésaj de 1978 en la prisión Christopol en la Unión Soviética.

"Un mes antes de la festividad de Pésaj sugerí que celebráramos un Séder de Pésaj… Fui afortunado. Entre mis pertenencias personales tenia una postal de Israel en la cual había una fotografía de un plato del Séder de Pésaj del Museo de Israel: un plato de Séder de Alemania, del siglo XVIII. Por lo tanto, a partir de esa postal, supe lo que necesitaría para el plato del Séder. Y hubo también otro pequeño milagro: en los márgenes de la postal estaba todo el orden del Séder de Pésaj: Kadesh, Urjatz… De inmediato comencé a escribir mi propia Hagadá de Pésaj de acuerdo con el orden escrito en la postal".

Mendelovitch continúa explicando cómo preparó el vino. Él había guardado algunas pasas de uva que su padre le había enviado diez años antes. "Cada día, los prisioneros recibían una cucharada de azúcar. La gente se la comía de inmediato, pero yo decidí guardarla. Cada día iba agregando otra cucharada de azúcar. Después de un mes, tuve suficiente azúcar. Vertí el azúcar, las pasas de uva y agua caliente en la botella de agua y la escondí debajo de la cama. Aunque tenía miedo de que efectuaran una búsqueda repentina y descubrieran mi vino, no tenía otra alternativa".

¿Qué hizo respecto al maror?

"De repente comenzó a haber un brote de influenza en la prisión. Los directores de la prisión no contaban con las medicinas necesarias. Escucharon que la cebolla podía ayudar a evitar la gripe. Un día, cada prisionero recibió un bulbo fresco de cebolla. ¡Era un verdadero tesoro! Durante años no había comido una verdura fresca. Todos los prisioneros se tragaron la cebolla en un santiamén. Pero yo pensé que si ponía la cebolla en agua le crecerían hojas y podría usarlas como el amargo jazeret. Eso fue lo que hice. Tenía una lata vacía en la que puse agua y el pequeño bulbo de cebolla y lo coloqué en la ventana de la celda, exactamente debajo de las barras de la reja. Todos se rieron de mí. "¿Estás loco? ¿Por qué no la comes? ¡Acaso tratas de cultivar flores?". Yo me quedé callado.

Como karpas usó una pequeña hoja que había crecido en el asfalto del patio. El huevo fue huevo en polvo, y el zeroa fue representado por un cubo de sopa de Israel con la imagen de un pollo en el envoltorio. Todavía permitían recibir matzá, lo que las autoridades de la prisión llamaban "pan seco", por lo que tenía matzá verdadera.

Llegó el momento:

"En la tarde le pedí a los guardias que me trajeran el periódico Pravda para leer. Con el periódico hice un círculo y escribí en él como en un plato del Séder: zeroa, huevo, maror (la hoja de la cebolla). Todo estaba listo. Escondí el plato del Séder debajo de mi frazada. Cuando llegó la noche del 15 de nisán, llamé a Hilel y le dije: 'Llegó Pésaj. Ven, vamos a sentarnos en la mesa del Séder'.

Él se rió de mí. 'Otra vez con tus ideas tontas. ¡Ya te dije que es imposible hacer un Séder en la prisión!'. Entonces le enseñé el plato del Séder de Pésaj. Él lo examinó. Todo estaba en su lugar. Entonces me dijo: 'Pero no tienes vino. Es imposible hacer el Séder sin las cuatro copas'.

Me incliné y saqué la botella de agua con pasas de uva de debajo de la cama. La verdad es que no estaba seguro si había logrado obtener vino. Hilel abrió la botella, la olió y declaró: "vino verdadero". Si es así, nos sentemos y celebremos el Séder de Pésaj".

Yosef Mendelovitch estaba sentado en la prisión. No era libre en el sentido de que no podía salir y moverse como deseaba. Sin embargo, esa noche del Séder fue más libre que sus captores comunistas, porque no les permitió que le dictaran cómo debía verse a sí mismo, cómo debía sentir, quién era y qué valoraba. Los soviéticos podían negarle su libertad, pero no se equivoquen: Yosef Mendelovitch era libre incluso detrás de las rejas.

La libertad es la capacidad de decidir que no dejaremos que otros nos definan o que otros decidan cómo nos sentimos.

La libertad es autodeterminación; es la capacidad de elevarse por encima de nuestras emociones innatas o de nuestras respuestas instintivas y viscerales ante el comportamiento y las elecciones de los demás. La libertad es la habilidad de decidir que no vamos a dejar que otros nos definan ni que decidan cómo sentimos, sino que nosotros, sólo nosotros, determinaremos nuestros sentimientos, nuestras respuestas y nuestras reacciones.

Los judíos de Egipto tenían derecho a sentirse repletos de ira y de deseos de venganza. Hubiera sido comprensible si hubiesen estado consumidos por emociones negativas dirigidas a los egipcios. Pero en vez de enfocarse en emociones tóxicas que los hubieran abrumado, llenándolos de odio e impidiéndoles moverse, en verdad se volvieron libres porque eligieron enfocarse en su nueva libertad y entonar Halel a Dios, Quien les había brindado esa libertad.

Yosef Mendelovitch hubiera tenido derecho a considerarse una víctima de los rusos y ser un prisionero oprimido, repleto de amargura. Pero en cambio, al organizar un Séder extraordinario mientras estaba detrás de las rejas, se liberó a sí mismo.

Pésaj es un momento para liberarnos de las cadenas autoimpuestas que nos retienen y nos impiden crecer. Gracias a Dios, no experimentamos el tormento de nuestros antepasados en Egipto ni estuvimos en una prisión soviética. Pero muchos estamos aprisionados por emociones y reacciones viscerales ante el comportamiento de quienes nos rodean. Permitimos que otro se convierta en nuestro amo al dejarlo controlar cómo nos sentimos. Nos volvemos esclavos por nuestro dolor, nuestra ira, nuestra envidia, o nuestro deseo de venganza.

En Pésaj nos liberamos, dejamos de lado esos sentimientos y reconocemos que ser libre realmente implica que no podemos controlar cómo se comportan quienes nos rodean, pero podemos controlar cómo nos hacen sentir. Muchos continuamos llevando la carga pesada de ni siquiera comprender que tenemos la opción de sacarla de nuestras espaldas. Pero mientras más llevas tu carga, más pesada se vuelve. Y aquí ocurre algo muy importante. La persona de la que te sientes desilusionada, la persona que te ha herido, puede que ni siquiera lo sepa. Al seguir cargando esos sentimientos, no los dañas a ellos; sólo te dañas y te esclavizas a ti mismo.

La prisión de Harry Houdini

Hay una historia sobre el famoso artista especialista en escapes, Harry Houdini. Houdini era famoso por su habilidad para quebrar las cerraduras y las celdas más seguras. Una vez, el director de una prisión se jactó de que tenía una celda que ni siquiera el gran Houdini podría abrir. Por supuesto que Houdini aceptó el desafío.

Houdini fue colocado en una celda y comenzó a tratar de encontrar la forma de escaparse. Utilizó cada truco que conocía y revisó cada centímetro de la celda, pero simplemente no pudo hallar la forma de salir. Finalmente, exhausto y frustrado, se apoyó contra la puerta y esta se abrió… La puerta nunca había estado cerrada. Incluso el gran Houdini no podía abrir una cerradura que nunca había sido cerrada.

En el curso de las relaciones humanas y en la vida, es normal sentir tristeza, miedo, frustración, dolor e incluso enojo. Sin embargo, si nos quedamos demasiado tiempo sumergidos en esas emociones negativas, eventualmente quedaremos atrapados por ellas. En Pésaj nos liberamos de las prisiones que nosotros mismos creamos. Caminamos por lo que erróneamente percibimos que era una puerta cerrada, pero que en verdad simplemente estaba esperando que la empujáramos para abrirla.



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