3 mitos persistentes sobre Gaza


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¿Por qué puedes estar ocupado, entretenido y aun así sentirte vacío?
Existe una poderosa atracción por consumir las realidades de otras personas a través de películas, novelas y redes sociales, porque durante un rato te permiten escapar de la tuya. Las historias te permiten experimentar emociones sin responsabilidad, aventuras sin riesgo y conexión sin vulnerabilidad.
Las personas buscan escapar mediante la comida, el alcohol, la estimulación constante, el desplazamiento interminable en el teléfono y el ruido, pasando rápidamente de una cosa a otra porque el silencio puede resultar incómodo. Para muchas personas se ha vuelto difícil incluso caminar diez minutos sin revisar el teléfono, poner música o escuchar un pódcast.
También el trabajo puede convertirse en un lugar donde esconderse. Cuando cada momento está ocupado, nunca tienes que detenerte el tiempo suficiente para notar lo que está ocurriendo en tu interior.
El vacío exige alivio. El problema es que la distracción y la emoción desaparecen rápidamente, empujando a las personas a buscar la siguiente experiencia, la siguiente compra, el siguiente viaje o la siguiente obsesión, con la esperanza de que, finalmente, una de esas cosas les proporcione algo duradero.
¿Cómo se alcanza una felicidad duradera?
De acuerdo con el pensamiento judío, la alegría genuina crece de dos maneras poderosas: mediante conexiones humanas profundas y mediante la satisfacción que nace del crecimiento y del esfuerzo significativo.
Algunos de los momentos más felices de la vida son sorprendentemente sencillos.
Sentarte en el suelo a jugar con un niño. Ver cómo se maravilla con algo tan pequeño e insignificante que la mayoría de los adultos ni siquiera lo notarían. Compartir un café con un amigo y perder la noción del tiempo porque la conversación es auténtica. Llamar a un pariente mayor con quien no has hablado de verdad desde hace años. Sonreírle a alguien en el supermercado y ver cómo su rostro también se ilumina.
Desde afuera, estos momentos rara vez parecen extraordinarios. Sin embargo, muchas veces te dejan con una sensación de plenitud mayor que aquellas experiencias que pasaste meses esperando.
Los seres humanos estamos hechos para la conexión. Y en el mundo digital de hoy es peligrosamente fácil ir cayendo, poco a poco, en el aislamiento sin siquiera darte cuenta.
Las personas se comunican constantemente, pero pocas veces se sienten verdaderamente conectadas. Envían mensajes durante todo el día mientras experimentan una sensación persistente de soledad. Ese vacío hace que incluso las experiencias placenteras parezcan superficiales.
La conexión auténtica te afecta de otra manera. Estar plenamente presente con otra persona te saca del ruido interminable de tus propios pensamientos. Hay algo profundamente sanador en reír juntos, escuchar con atención, sentirse visto y dedicarle a otra persona toda tu atención, sin distracciones.
Esos momentos producen una plenitud que el entretenimiento nunca puede ofrecer. Y requieren esfuerzo: hacer esa llamada telefónica, invitar a alguien a tomar un café, sentarte con tu hijo sin mirar el teléfono a cada minuto.
Los pequeños momentos de conexión van llenando lentamente espacios dentro de ti a los que la estimulación constante nunca logra llegar.
Existe otra clase de felicidad que surge del esfuerzo, la disciplina y la capacidad de vencer la resistencia.
La mayoría de las cosas verdaderamente significativas de la vida implican dificultad: ese diploma por el que trabajaste tan duro te dio una alegría auténtica precisamente por el esfuerzo que requirió; el corredor de maratón que cruza la meta; superar un hábito destructivo.
Pero hay una parte de ti que anhela la comodidad. Sabes que deberías salir a correr, pero decides quedarte en el sofá. Evitas esa conversación difícil. Pospones una tarea importante. Eliges distraerte porque enfrentarte a la realidad parece demasiado abrumador.
El placer falso de la comodidad es pasajero y deja un vacío a su paso.
El placer auténtico llega en los momentos en que logras seguir adelante: obligarte a levantarte temprano, aunque todo tu cuerpo quiera quedarse bajo las cobijas; sentarte por fin a resolver aquello que has estado evitando; controlar tu enojo.
Elegir la satisfacción a largo plazo en lugar de la gratificación inmediata fortalece el respeto que sientes por ti mismo. Te conectas con tu alma y te vuelves más firme, más resiliente y menos dominado por tus estados de ánimo y tus impulsos.
Debajo de estas dos fuentes de alegría (la conexión y el logro) existe una misma verdad: el significado requiere tu presencia plena. No una versión cuidadosamente construida de ti mismo, actuando para una audiencia. No una versión distraída, medio presente mientras mantienes un ojo en el teléfono. Sino tú, verdaderamente presente en el momento, dispuesto a sentir todo lo que este traiga consigo.
La inquietud que muchas personas llevan dentro es una señal de que están buscando algo real. La conexión puede ofrecerles eso. También la satisfacción de hacer bien las cosas difíciles. Ninguna requiere dinero ni circunstancias perfectas. Solo requieren la disposición de presentarte, con honestidad, una y otra vez.
Basado en las ideas del libro “Infinite Love”, de Tziporah Heller Gottlieb.
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