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¿Qué pasa si llueve en Sucot?

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09/10/2022 | por Rav Joel Padowitz

Durante la semana de la festividad, los judíos tienen la mitzvá de vivir fuera de la casa. ¿Qué ocurre si llueve?

Durante toda la semana de la festividad de Sucot, los judíos tienen la mitzvá de vivir en la sucá, de la misma forma que viven en sus hogares durante el resto del año (Mishná, Sucá 2:9). Esto implica —siempre que sea posible— llevar nuestros utensilios más bellos, libros e incluso muebles a la sucá. Aquí hay algunos parámetros básicos:

La obligación de comer en la sucá tiene lugar siempre que alguien come una comida o un bocadillo que consiste de granos horneados (a diferencia de frutas, verduras o una bebida). Al cumplir con este requerimiento, se debe recitar la bendición especial "Leshev basucá" – Bendito eres Tú, Dios nuestro, Rey del universo, que nos ha santificado con Sus mitzvot y nos instruyó sentarnos en la sucá" (Oraj Jaim 639:2.8).

Además, uno está específicamente obligado a comer pan en la sucá en la primera noche de la festividad de Sucot. Esto debe ser por lo menos una medida de kabeitzá de pan, aproximadamente 60 gramos (Oraj Jaim 639:3, Mishná Brurá 639:22).

También debemos estudiar Torá cada día en la sucá y dormir sólo en la sucá, incluso si se trata de una siesta breve (Oraj Jaim 639:2,4).

Un hogar fuera del hogar

El principio de que "la sucá es como nuestro hogar" presenta muchas situaciones en las cuales uno está exento de habitar en la sucá. Por ejemplo, alguien que está levemente enfermo, no necesita dormir en la sucá, ya que no se quedaría en su casa si tuviera disponible un lugar más cómodo (Oraj Jaim 640:3, Mishná Brurá 640:6).

Asimismo, uno no necesita dormir en la sucá si le molesta el frío (Ramó, Oraj Jaim 639:2). Lo mismo se aplica a otras circunstancias de incomodidad, como insectos o mal olor, aunque a priori no se debe erigir la sucá en un lugar en el que puedan llegar a presentarse esos inconvenientes (Mishná Brurá 639:31, Oraj Jaim 640:4).

Quizás la pregunta más habitual es qué ocurre si llueve durante Sucot. En la medida en que uno no saldría de su propia casa basado en la cantidad de agua que se filtra, tampoco se debe salir de la sucá (Ramó, Oraj Jaim 639:5).

Sin embargo, para dormir, cualquier cantidad de lluvia es suficiente para no dormir en la sucá, porque incluso la más mínima gotera puede irritar a la persona que trata de descansar.

A propósito, alguien que legítimamente está exento de estar en la sucá pero de todos modos permanece allí, no cumple ninguna mitzvá ni recibe ninguna recompensa, sino que es considerado un tonto (Ramó, Oraj Jaim 639:7).

Un giro filosófico

¿Por qué la ley judía permite estas excepciones?

El gran maestro jasídico, el Rebe de Kotzk, explica que el significado místico de la sucá es el concepto de "bitul", la idea de que el grado en que uno se enfoca en sí mismo impide su conexión tanto con otras personas como con Dios.

Por eso, durante Sucot estamos obligados a dejar la mayoría de nuestros bienes materiales y retornar a lo básico. Vivir apenas rodeados de unas paredes y de la familia, amigos y, por supuesto, Dios. Sin embargo, alguien que es consciente de su angustia personal y no puede ir má allá de sí mismo, es incapaz de integrar el significado más profundo de Sucot, y por lo tanto, está exento de la mitzvá.

Pero hay una excepción a todas estas indulgencias. En la primera noche de la festividad, se debe comer por lo menos un kazait (unos 30 gr) de pan en la sucá, independientemente de las inclemencias climáticas. Se debe intentar decir las cuatro bendiciones: Kidush, Shehejeianu, HaMotzí y Leshev basucá antes de volver a entrar a la casa para comer el resto de la comida festiva. Además, si parece que va a parar de llover pronto, se debe esperar una o dos horas a ver si se puede volver a la sucá (Ramó, Oraj jaim 639:5, Mishná Brurá 639:35,36).

Lo más importante, además de cumplir con las obligaciones específicas de habitar en la sucá, es aprovechar este tiempo para interiorizar la idea de que Dios siempre nos está protegiendo, tal como lo hizo cuando sacó a los judíos de Egipto, protegiéndolos con las 'Nubes de Gloria' (Oraj Jaim 625:1, Mishná Brurá 625:1).




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