3 desafíos urgentes que los judíos debemos enfrentar este año


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¿Acaso los judíos son "mejores que el resto"?
El término "pueblo elegido" plantea muchas preguntas diferentes, entre ellas: ¿Por qué algún grupo necesita ser "elegido" o "diferente" de todos los demás? ¿Es la existencia de un solo grupo elegido dentro de la humanidad una situación ideal? ¿Qué significa exactamente ser elegido? Si, de hecho, fuimos elegidos, ¿para qué fuimos elegidos?
Para responder a estas preguntas, primero debemos abordar una cuestión más fundamental: ¿por qué Dios nos creó y cuál es el propósito de la humanidad? Dado que Dios es perfecto y no carece de nada, la creación no puede ser de ninguna manera para Dios. No puede ser porque, por ejemplo, Dios estuviera aburrido, curioso o solo. El propósito debe, por lo tanto, ser en beneficio de la creación. El libro Dérej Hashem explica que esta es la razón principal por la cual la creación tiene que ser para el beneficio y el placer de la humanidad, el aspecto más elevado de toda la creación.
Por lo tanto, Dios colocó al hombre en el Gan Eden (el "paraíso"). La única "falla" del Gan Eden es que Dios no lo hizo ni completo ni eterno. Decidió darle ese trabajo a la humanidad (Adam y Javá en este caso); se suponía que ellos debían usar su libre albedrío para completarlo. Este proceso llevaría entonces al mundo a su perfección final y última. En otras palabras, si Adam y Javá hubieran utilizado correctamente su libre albedrío, habrían transformado el Gan Eden de un paraíso temporal en el paraíso permanente que estaba destinado a ser. Entonces, ellos y todos sus descendientes habrían vivido allí y se habrían relacionado con Dios para siempre, sin haber necesitado nunca morir. La humanidad habría podido entonces disfrutar de esta dicha por toda la eternidad.
Sin embargo, al fracasar en esta tarea, Adam y Javá (es decir, la humanidad) se vieron obligados a abandonar el Gan Eden y a vivir dentro de nuestro mundo temporal. Aun así, el objetivo de la humanidad de perfeccionar el mundo permaneció inalterado. Esto significó que las personas necesitarían usar su libre albedrío dentro del entorno temporal de este mundo para transformarlo en una existencia permanente. El objetivo de la historia y de la humanidad ha sido, por lo tanto, siempre regresar al Gan Eden, después de la prueba.
Cada generación desde ese momento podía (y debía) haber elegido conectarse con Dios para así alcanzar esta perfección. Sin embargo, con el paso del tiempo, cada generación sucesiva en realidad se fue alejando cada vez más de Dios.
Pirkei Avot (5:2) nos dice que las diez generaciones desde Adam hasta Noaj irritaron cada vez más a Dios (lo que nos muestra la grandeza de la paciencia de Dios), hasta que finalmente trajo el diluvio. En ese momento, después del diluvio, Noaj y su familia constituían la totalidad de la humanidad. Y todavía eran capaces y estaban obligados a alcanzar esta perfección. Lamentablemente, no solo no tuvieron éxito en perfeccionar el mundo, sino que continuaron el proceso de deterioro del mundo. El mundo se volvió cada vez más distante de Dios.
Pirkei Avot (5:3) continúa diciendo que hubo "diez generaciones desde Noaj hasta Avraham para mostrar la [continua] paciencia de Dios; todas lo irritaron cada vez más hasta que vino Avraham y recibió el mérito de todas ellas".
Justo antes de Avraham estuvo la Torre de Babel, donde la humanidad se rebeló abiertamente contra Dios. Dios detuvo la rebelión confundiendo sus lenguas y dispersando a la humanidad por todo el mundo. El momento de esta dispersión es muy significativo en términos de la capacidad de la humanidad para cumplir su propósito. El objetivo de cada generación desde el principio había sido perfeccionar el mundo. Esto requería, obviamente, que las personas tuvieran proximidad física y la capacidad de comunicarse entre sí. Si bien la dispersión que siguió (Bereshit 11:7-9) fue necesaria para poner fin a la rebelión, su precio fue muy alto. No solo impediría una unidad para el mal, sino que incluso una unidad para el bien (es decir, para perfeccionar el mundo) ahora parecería estar fuera del alcance de la humanidad.
Fue en este momento crítico que Avram apareció en escena. Primero logró una relación profunda con Dios y luego comenzó a enseñar a otros a su alrededor. Sin embargo, Avram era solo una persona; ¿a cuántas personas podía llegar? También era mortal; ¿qué sucedería después de que muriera? Por lo tanto, cuando Avram tenía 99 años, Dios estableció un pacto directo con él y con su descendencia, para siempre.
Para que las personas tengan éxito en este mundo, para lograr realmente algo, necesitan tener algún tipo de grupo o lobby. Y eso fue exactamente lo que logró el pacto que Dios hizo con Avram y su descendencia. Transformó a los judíos en un lobby eterno, el "lobby de Dios". (Y, en ese momento, Avram se convirtió en Avraham, expresando que ahora era Av hamón goyim, "el padre de muchas naciones del mundo").
Pensemos por un momento. Ni la generación de Noaj ni la generación de Avraham tuvieron el mérito de continuar por sí mismas. ¿Por qué Dios salvó solo a la generación de Avraham? No solo Avraham era un tzadik (justo) en sí mismo, sino que, a través de su acercamiento y la posterior fundación del pueblo judío, aseguró que toda la humanidad eventualmente cumpliría su papel de perfeccionar el mundo. Esto es lo que le dio a su generación el mérito de continuar existiendo.
Esto es lo que significa que los judíos sean un "pueblo elegido". Dado que Avraham, quien literalmente encarnaba a todo el pueblo judío, utilizó su libre albedrío para "elegir" a Dios, él y sus descendientes fueron entonces "elegidos" por Dios para ayudar al resto del mundo a "elegir" el monoteísmo para siempre.
El problema es que parece racista, porque pareciera decir que los judíos son tanto diferentes como mejores que los no judíos. Además, parece injusto porque implica que los judíos pueden vivir vidas más significativas que los no judíos.
Durante décadas, Estados Unidos tuvo sistemas escolares separados para niños blancos y negros, afirmando que, aunque los sistemas escolares eran separados, eran iguales. En 1954, la Corte Suprema de Estados Unidos declaró (en el caso histórico Brown vs. Board of Education) que el concepto de "separados pero iguales" era inconstitucional, porque separado implicaba necesariamente desigual. ¿Implica entonces la visión del judaísmo de que los judíos son diferentes de los no judíos que el judaísmo también ve a los judíos como mejores que los no judíos?
Para comenzar a responder esta pregunta, examinemos uno de los conceptos fundamentales de Estados Unidos, así como de gran parte del mundo occidental: "todos los hombres son creados iguales" (de la Declaración de Independencia). ¿Qué significa exactamente esto? Hay muchas maneras obvias en las que las personas claramente no son creadas iguales; por ejemplo, en talento, inteligencia, apariencia, etc.
Sin embargo, hay dos entendimientos de "todos los hombres son creados iguales" con los que el judaísmo sí está de acuerdo y que son relevantes tanto para judíos como para no judíos.
El primero es que todas las personas son creadas betzelem Elokim, 'a imagen de Dios' y, por lo tanto, todas son merecedoras de dignidad y respeto básicos.
El segundo entendimiento requiere cierto conocimiento previo sobre cómo se entiende la grandeza. El concepto occidental de grandeza es: cuán bueno eres en comparación con otros. Vemos esto claramente en las diversas marcas de grandeza dentro del mundo occidental, que son todas comparativas: una "A" en clase, una medalla de oro, un Premio Nobel, etc.
La grandeza en el judaísmo se entiende de una manera muy diferente. En contraste con la predestinación o la predeterminación, la Torá enseña que la estatura moral de una persona es una función de sus elecciones independientes de libre albedrío. Como escribió el Rambam (Hiljot Teshuvá, perek 5): cualquiera puede llegar a ser tan justo como Moshé o tan malvado como Yerovam ben Navat (quien inició el proceso que finalmente provocó que las diez tribus del norte de Israel se perdieran). Así como Moshé utilizó su libre albedrío para maximizar su potencial y sus logros, cualquier otro ser humano también puede hacerlo. La definición judía de grandeza es, por lo tanto, la maximización del propio potencial único, no ser mejor que otros, sino ser tan bueno como uno mismo puede ser.
Esta es la segunda y más profunda manera en que el judaísmo entiende que todas las personas son iguales. Dado que nuestra grandeza se mide solo en relación con nosotros mismos, todos tenemos una capacidad igual para maximizar nuestro potencial y, de ese modo, alcanzar la grandeza. Esto es relevante para todos los seres humanos, tanto judíos como no judíos.
Por lo tanto, podemos decir honestamente que la Torá no ve a los judíos como mejores que los no judíos. De hecho, no tiene sentido decir que una persona sea mejor que otra. Dado que cada persona es única, la única comparación que tiene sentido es que una persona se compare consigo misma. La razón por la que esto es tan importante es porque lo que molesta a las personas acerca del racismo no son las diferencias entre varios grupos en sí mismas, sino más bien la afirmación de superioridad de un grupo sobre otro.
Si bien todas las personas claramente tienen potenciales diferentes, todas pueden llegar a ser igualmente grandes. Por lo tanto, aunque el judaísmo dice que los judíos y los no judíos tienen algunas diferencias espirituales, así como diferentes potenciales, esto no afecta su capacidad de llegar a ser igualmente grandes (es decir, en términos de la maximización de los potenciales que sí tienen).
Uno podría entonces preguntar: pero si un judío, de hecho, tiene un mayor potencial para perfeccionar el mundo, ¿no es esa diferencia en sí misma injusta? Y si un judío puede lograr más de esta perfección al maximizar su potencial que un no judío, ¡parece que Dios les está dando más potencial para el significado en sus vidas!
La respuesta obvia a esta pregunta es la conversión. En otras palabras, cualquier no judío que quiera aumentar su significado y potencial en el mundo ciertamente puede hacerlo. Sin embargo, el otro lado de este mayor significado y potencial será que, al igual que los judíos, entonces tendrá mucha más responsabilidad y trabajo que hacer.
Un no judío que esté considerando la conversión necesita darse cuenta de que ser judío le exigirá un esfuerzo significativamente mayor para utilizar este mayor potencial. No hacerlo resultará, por lo tanto, en una grandeza significativamente menor, lo cual será una tragedia para él, para el pueblo judío y para el mundo entero.
Según el judaísmo, un no judío tiene tres caminos posibles hacia la grandeza disponibles para él o ella, los tres de los cuales pueden resultar en existencia y beneficio eternos (es decir, vida en el mundo venidero):
Los judíos, sin embargo, solo tienen disponible la opción 3, quieran o no, y se sientan capaces o no. Y si no cumplen al menos con el mínimo de este mayor grado de responsabilidad, entonces tanto ellos como el mundo estarán mucho peor por ello.
En resumen, el judaísmo dice que, si bien todas las personas son diferentes entre sí, todavía existe una diferencia espiritual inherente entre judíos y no judíos (así como existe una diferencia espiritual inherente entre judíos que son kohanim, leviim o israelim). Sin embargo, esto no significa que los judíos sean mejores que los no judíos, y no hay absolutamente nada que sea racista o injusto en esta diferencia espiritual.
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