¿Se puede odiar a Dios?


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Después de que dos vidas fueran trágicamente arrebatadas en un momento de odio, no nos queda solo el duelo, sino también la tarea de definir lo que realmente significa ser judío en el mundo actual, donde el dolor es profundo, pero el propósito lo es aún más.
Al salir de una conferencia en el Museo Judío de Washington D.C., Yaron Lischinsky y Sarah Lynn Milgrim fueron asesinados a quemarropa por un terrorista que tras ser arrestado gritó: “¡Liberen, liberen Palestina!”.
Sarah Lynn había dedicado su vida a defender al pueblo judío y a Israel. Yaron era un no judío nacido en Alemania que consagró su vida a combatir el antisemitismo y a hablar en defensa de Israel por todo el mundo. La reunión a la que asistían aquella noche en D.C. tenía como objetivo transformar el “dolor en propósito” y era un diálogo interreligioso con la participación de musulmanes y cristianos, todos reunidos con la intención de llevar más luz y bondad al mundo. Pero en lugar de compartir esa luz, Yaron y Sarah fueron asesinados, y el mundo se enfrenta una vez más a una oscuridad demasiado familiar.
Hoy, ser judío en cualquier parte del mundo significa sentirse devastado por esa oscuridad, pero no sorprendido. Significa haber escuchado un eco del grito del terrorista (“¡Liberen, liberen Palestina!”) en tu universidad o en la calle frente a tu oficina, y preguntarte si deberías ocultar tu collar con la estrella de David.
Hoy, ser judío en cualquier parte del mundo significa ver a personas luchar por la justicia y la bondad, y luego observar cómo la retórica antiisraelí del mundo destroza a esas mismas personas, únicamente por ser judías.
Ser judío hoy en cualquier rincón del planeta significa rezar por el regreso seguro del resto de los rehenes. Significa leer las noticias y quedarse sin palabras ante las distorsiones, las mentiras y el odio sin sentido. Y cuando te detienes tras haber pasado demasiado tiempo leyendo titulares horribles, te preguntas: ¿cuándo terminará esto?
Porque ser judío en el mundo de hoy significa que tu vida nunca será la misma después del 7 de octubre. No importa dónde vivas ni a qué te dediques. La esencia de quién eres fue atacada ese día, y el dolor del pueblo judío durante el último año y medio ha sido constante y desgarrador.
Ser judío hoy en cualquier parte del mundo significa creer que el poder del bien puede superar a las fuerzas del mal.
Pero también significa sentirse inspirado por líderes como Sarah y Yaron, que buscaron transformar el dolor en propósito. Significa tomar parte de la luz que dejaron atrás y devolver esa esperanza al mundo.
Porque ser judío hoy en cualquier lugar del planeta significa creer que el poder del bien puede prevalecer sobre las fuerzas del mal. Significa ser amable y paciente incluso cuando estás ocupado. Significa ayudar a quienes tienen menos y fortalecer tus valores, esos que traen luz al mundo.
Ser judío hoy significa buscar aquello que nos une en lugar de lo que nos separa, sabiendo que el pueblo judío tiene un solo corazón, y que incluso cuando está roto, puede sanar si permanece unido.
Ser judío hoy en cualquier parte del mundo significa que Israel siempre será tu hogar y tu familia. Significa sentirse solo entre la multitud, pero saber que estás intrínsecamente conectado a tu fe y a tus raíces.
Ser judío hoy en el mundo significa saber que quienes nos atacan nunca podrán quitarnos nuestra esencia. Nunca podrán destruir la bondad, la esperanza, la unidad y la luz del corazón judío.
En respuesta a los trágicos asesinatos en D.C., traigamos un poco más de luz al mundo.
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