La vergüenza del Premio Pulitzer premiando a periodistas que difaman a Israel


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Eres más que lo que haces.
¿Alguna vez has hecho una pausa en medio de un día agitado y te has preguntado: "¿Para qué estoy haciendo todo esto?"? Tales momentos a menudo provocan preguntas más profundas, a veces desafiantes, sobre nuestra identidad más allá del ámbito laboral.
Cuando conocemos a alguien, generalmente preguntamos: "¿Quién eres?" o "¿A qué te dedicas?". La respuesta suele ser un título profesional: "Soy abogado", "Soy contador", "Trabajo en finanzas", "Soy creativo" o "Soy maestro". Esto refleja una norma social en la que la ocupación define la identidad.
Pero, ¿quién eres sin tu trabajo? ¿Tu labor te define o hay algo más en ti de lo que se ve?
Un rabino me preguntó: "¿Somos cuerpos con almas o almas que eligieron cuerpos?". Esto se alinea con la creencia de que nuestras almas eternas eligen formas físicas para cumplir misiones en la Tierra, lo que sugiere que somos seres espirituales en una travesía física. Las madres que traen vida al mundo pueden sentir esa chispa, percibiendo de manera natural el profundo vínculo entre lo físico y lo espiritual.
Para ilustrar su punto, me pidió que imaginara una metáfora inusual: un refrigerador, consciente de su forma física, le pregunta a la electricidad: "¿A dónde vas cuando me desenchufan?". La electricidad, fundamental y omnipresente, responde: "No desaparezco; simplemente continúo mi viaje en otro lugar". Si nos reconocemos como electricidad, esto sugiere que nuestra esencia es fundamentalmente espiritual y que sólo residimos temporalmente en lo físico.
En el judaísmo, el concepto de alma, o neshamá, no es una entidad singular, sino que comprende cinco niveles distintos, cada uno de los cuales contribuye de manera única a nuestro ser espiritual y físico:
El judaísmo enseña que cada alma tiene una misión única para mejorar el mundo. Esto se relaciona con nuestra búsqueda de propósito más allá de nuestro trabajo. El viaje del alma no termina con la muerte, sino que continúa espiritualmente, al igual que la electricidad sigue su camino en otro lugar.
Pensemos en el amor, la verdad y las partículas subatómicas. Estas fuerzas son invisibles e intangibles, pero innegables y esenciales para nuestra existencia. Experimentamos emociones profundas, vivimos según verdades éticas y estamos compuestos por partículas demasiado pequeñas para ser vistas. Sin embargo, nunca cuestionamos su realidad. Como la electricidad, estos elementos existen más allá de los límites físicos.
Cada día luchamos por conseguir dinero, comida, refugio, ropa y salud. Todo esto es esencial, pero sólo es lo básico. Sin embargo, los detalles sutiles (dónde vivimos, a dónde vamos de vacaciones, el auto que manejamos) pueden revelar sin querer nuestro estatus financiero. Estas interacciones sugieren que a menudo medimos nuestro valor de acuerdo con estándares externos. Pero… ¿qué pasa si cambiamos nuestra perspectiva para explorar quiénes somos más allá de estas métricas?
Debemos preguntarnos: ¿Cuál es la misión de mi vida? ¿Hacia qué estoy trabajando? ¿Cuál es mi vocación? ¿Estoy viviendo acorde a ella? Estas preguntas definen quiénes somos y los caminos que debemos seguir.
La autenticidad se encuentra más allá del ajetreo y el éxito externo. Como emprendedor, mis múltiples roles me han enseñado a ver oportunidades y soluciones donde otros sólo ven problemas.
Los desafíos no ocurren por casualidad. Ellos nos fortalecen. Esto me inspiró a explorar qué significa definirnos más allá de nuestros roles diarios.
Al igual que nuestros antepasados que enfrentaron numerosos desafíos, los judíos modernos debemos aceptar la necesidad de ser tanto guerreros físicos como espirituales. Debemos encontrar comodidad en la incomodidad.
Uno de mis intereses es el boxeo. Durante una sesión extenuante, mi entrenador preguntó: "¿Quién no está cansado?". Cuando algunas manos se levantaron, respondió con firmeza: "Entonces no están esforzándose lo suficiente. Si siempre conduces tu auto a bajas revoluciones, nunca sabrás de qué es capaz realmente. Lo mismo ocurre con el entrenamiento y con la vida. No verás mejoras si nunca te esfuerzas más allá de tu zona de confort".
"Empieza a sentirte cómodo con la incomodidad", nos aconsejó. "Acéptenlas en todas las áreas de su vida y supérenla hasta que se convierta en su nueva normalidad. Ahí es donde ocurre el verdadero crecimiento".
Este enfoque resuena profundamente en mí. Los desafíos físicos y espirituales están interconectados. Así como el entrenamiento físico fortalece el cuerpo a través del esfuerzo, la chispa divina dentro de nuestra alma brilla más al superar la adversidad.
¿A quién preferirías tener a tu lado en una crisis: a alguien que nunca ha enfrentado dificultades o a alguien experimentado y forjado en la adversidad? Aunque aquellos que no han sido probados no carecen necesariamente de valor, hay un mérito innegable en la resiliencia y la experiencia adquiridas en el fuego de la lucha.
Así como los marineros expertos perfeccionan sus habilidades navegando en mares tormentosos, enfrentar desafíos fortalece nuestro carácter y mejora nuestra capacidad de liderazgo espiritual. ¿Cómo podríamos crecer espiritualmente si sólo conociéramos el camino fácil?
Si bien los desafíos refinan nuestras almas, los momentos de paz recargan nuestro espíritu, permitiéndonos reflexionar sobre nuestro viaje, apreciar nuestro progreso y cultivar gratitud. La comodidad proporciona el equilibrio necesario para afrontar futuros desafíos con fuerzas renovadas y una perspectiva fresca. Aceptar tanto la comodidad como la incomodidad nos ayuda a mantener una vida equilibrada y plena, preparándonos para lo que viene.
¿Qué te define más allá de tus roles? ¿Cómo han moldeado los desafíos tu camino? ¿Cómo encuentras un significado mayor más allá de la rutina diaria?
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