10 razones por las que amo ser judía


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Esto es lo que realmente funciona… Y no es lo que piensas.
Últimamente he notado un patrón en las sesiones de pareja.
Ella está frustrada. Él se cierra. Ella enumera los problemas, uno tras otro, y él se queda allí, sin saber si debe defenderse o simplemente asentir con la cabeza.
Hasta que finalmente dice lo que ha estado guardando durante los últimos 20 minutos: “¿Por qué soy yo el que tiene que cambiar?”
Es una pregunta justa.
Nadie entra en una relación para convertirse en un proyecto. Sin embargo, en algún punto del camino, muchas mujeres sienten la necesidad de “ayudar” a sus esposos a convertirse en mejores versiones de sí mismos.
Debe ser más espiritual.
Debe ayudar más.
Debe estar más presente con los niños.
Debe, debe, debe…
Tus instintos pueden no estar equivocados. Al contrario: las mujeres somos seres relacionales. Sentimos la tensión en el aire incluso antes de que haya una discusión. Percibimos la distancia antes de que se exprese con palabras.
Las mujeres estamos programadas emocionalmente para detectar desajustes. Y a menudo, esa intuición es acertada.
Somos el sistema de alerta temprana, las que sabemos que algo no anda bien, incluso cuando no podemos explicarlo.
Pero… ¿qué hacemos con ese don?
Una cosa es sentir que algo anda mal. Otra cosa es comunicarlo de una manera que no suene a ataque, crítica o juicio.
Una cosa es desear más de tu esposo. Otra, es intentar arreglarlo.
La Torá describe a la primera mujer como un ézer kenegdó, una “ayuda opuesta a él” (Génesis 2:18). Suena contradictorio. ¿Cómo puedes ayudar a alguien oponiéndote a él?
Esto significa que estamos destinadas a ser el espejo de nuestros esposos, no sus jueces. Que reflejamos lo que vemos en ellos, no con sarcasmo, sino con sinceridad.
No con frustración, sino con fe. Ayudamos, no con quejas, sino creyendo.
Si alguna vez has sentido que tu esposo podría ser mucho más, probablemente tienes razón. Pero la verdadera pregunta es: ¿ves su potencial de una manera que lo inspira o de una manera que lo desanima?
Piensa cómo se lo estás comunicando.
Hay una gran diferencia entre decir: “¿Por qué siempre estás en el teléfono?” y “Te extraño. ¿Podemos reservar un rato juntos esta noche?”
Tus palabras deben venir desde la conexión, no desde la crítica.
Entre decir: “Nunca ayudas con los niños” y “Significa mucho para mí cuando los acuestas. Ellos te adoran”.
El tono, el momento y la confianza importan.
Alguien dijo: “Un hombre cambia por una mujer no cuando ella está decepcionada de él, sino cuando siente que ella realmente cree en lo que él puede llegar a ser”.
Tu esposo no necesita una terapeuta. Necesita una compañera.
No necesita un sermón. Necesita una luz. Alguien que saque lo mejor de él sin hacerlo sentir como un fracaso en el proceso.
A veces, el trabajo más difícil es el interno.
A veces lo que realmente se necesita no es que él cambie, sino que tú practiques la aceptación (aclaremos: no hablamos de situaciones de abuso).
Quizás lo que hace falta es soltar la versión idealizada de él y honrar al ser humano real con el que te casaste. En lugar de "arreglarlo", están creciendo juntos en un espacio emocional seguro donde ambos pueden evolucionar.
Entonces, ¿quieres "arreglar" a tu esposo? No lo hagas.
En su lugar: observa. Anima. Inspira. Refleja su bondad de una forma que lo haga querer superarse.
Y lo más importante: sé la clase de mujer cuya sola presencia facilita el crecimiento.
No porque lo empujas, sino porque lo amas.
Nuestro newsletter está repleto de ideas interesantes y relevantes sobre historia judía, recetas judías, filosofía, actualidad, festividades y más.
Esperaría que a él le llegaran también consejos como este, escucha y observa más tu entorno, no huyas a tu cel. O no te enojes tan rápido porque no se le conceden caprichos para presumir, etc.