¿Quieres ser más feliz? Deja de intentar sentirte bien contigo mismo

28/09/2026

3 min de lectura

A simple vista, sentir orgullo de ti mismo y sentir gratitud parecen similares. Pero resulta que solo una de esas dos cosas te hace feliz de verdad.

Sucot es conocida como "el tiempo de nuestra alegría". Durante siete días, dejamos nuestras casas y nos mudamos a una cabaña temporal. Dejamos atrás las paredes sólidas, los muebles, nuestras pertenencias —todo lo que representa lo que hemos construido y logrado— y nos sentamos en una estructura sencilla.

¿Por qué esta humilde vivienda es el escenario ideal para nuestra alegría más profunda?

La sucá nos enseña algo sorprendente sobre la felicidad.

La trampa de sentirte bien contigo mismo

Dedicamos muchísima energía a intentar ser felices sintiéndonos bien con nosotros mismos. Queremos sentir que hemos logrado cosas, que somos exitosos e importantes. Queremos que los demás nos respeten. Queremos mirarnos al espejo y que nos guste lo que vemos.

Pero ¿y si esa necesidad constante de sentirnos bien con nosotros mismos fuera precisamente lo que nos impide sentirnos bien?

Supongamos que haces algo difícil: resistes una tentación, ayudas con generosidad a alguien que lo necesita o controlas tu enojo cuando todo en ti quiere estallar. Eso debería darte una alegría auténtica. Pero esa alegría puede tomar dos caminos muy distintos.

Puedes pensar: Mírame. Soy una gran persona.

O puedes pensar: Mira lo que acabo de tener la oportunidad de hacer. Qué regalo.

Al principio, ambos pensamientos te hacen sentir bien, pero hay un mundo de diferencia entre ellos. El primero convierte el logro en una afirmación sobre quién eres. El segundo te permite valorar el logro en sí mismo. Y es el segundo el que trae una felicidad más profunda.

La alegría que proviene del ego tiene algo de superficial. Te hace sentir bien por un momento, pero no dura. Una vez que sentirte bien contigo mismo se convierte en el objetivo, has creado algo que necesita alimentarse constantemente. Necesitas otro logro, otro elogio, otra persona que se fije en ti. Entonces, alguien más recibe el reconocimiento. Nadie se da cuenta de lo que hiciste. Alguien te critica. Ayer te sentías importante; hoy ya no. Así que vuelves a alimentar el ego. Es agotador.

Cuanto más valoras lo que tuviste el privilegio de hacer, más humilde te vuelves.

Hay otra manera de vivir. Haces algo bueno y piensas: Agradezco haber tenido esa oportunidad. Ayudé a alguien que estaba pasando por un momento difícil: qué afortunado soy de haber podido hacerlo. Me contuve cuando estaba furioso: agradezco haber encontrado esa fortaleza. Puedes sentirte de maravilla por lo que hiciste sin concluir que eso te convierte en una persona maravillosa. Puedes sentirte bendecido por haber servido, en lugar de servir a tu propio ego.

De hecho, cuanto más valoras lo que tuviste el privilegio de hacer, más humilde te vuelves. Esta clase de felicidad no necesita público. Nadie tiene que elogiarte. Ni siquiera hace falta que alguien se entere. Tú sabes lo que hiciste y eso basta. Es una alegría más profunda que la que podría darte cualquier aplauso.

Lo que la sucá nos enseña en realidad

Quizás ese sea el secreto de la sucá. Durante todo el año, vivimos rodeados de cosas que nos recuerdan a nosotros mismos: mi casa, mis muebles, mis pertenencias, lo que compré, construí y logré. Entonces llega Sucot y, durante siete días, salimos de casa, dejamos parte de todo eso atrás y nos sentamos en un espacio sencillo, dedicado únicamente al momento presente.

¡Qué lugar tan extraordinario para encontrar la humildad y la alegría!

Sentarte en la sucá te da el privilegio de hacer algo significativo. Comer, beber, conversar con tu familia, simplemente estar sentado allí: todo pasa a formar parte de algo más grande. Qué afortunado eres.

Gran parte de nuestra infelicidad proviene de convertirnos en el centro de nuestra propia vida. ¿Me valoraron? ¿Logré lo suficiente? ¿Por qué le dieron el reconocimiento a él y no a mí? ¿Qué dice mi fracaso sobre mí? ¿Qué dice mi éxito sobre mí? ¿Me siento bien conmigo mismo?

La sucá nos ofrece siete días de libertad frente a esas preguntas. No te preguntes qué dice un logro sobre ti. Simplemente disfrútalo. No te preguntes qué dicen tus bendiciones sobre ti. Simplemente agradécelas. No te preguntes si los demás se dieron cuenta de lo que hiciste. Fíjate en lo que tuviste la oportunidad de hacer.

Cuando estás centrado en ti mismo, tienes que perseguir la felicidad, y esta seguirá escapándose. Siempre necesitarás algo más para sentirte bien contigo mismo.

Pero, en cuanto dejas de ponerte en el centro, puedes ver lo que has recibido y lo que tienes la oportunidad de hacer con ello.

La sucá nos enseña que podemos alegrarnos por lo que hacemos sin convertirlo en un juicio sobre quiénes somos.

Podemos sentirnos afortunados en lugar de importantes.

La humildad no es enemiga de la felicidad. Quizás sea el lugar donde más felices podemos ser.

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