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Quítate la máscara

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23/03/2016 | por Debbie Gutfreund

Este Purim, quítate las cuatro máscaras y disfruta de la alegría verdadera.

Por un día, simulemos no tener estrés, dolor ni confusión. Simulemos que podemos ver a través de las ilusiones y enderezar este retorcido mundo. Por un día simulemos que podemos tener paz sin luchar, reír sin burlar, tomar vino sin límites. Simulemos que no podemos distinguir entre negro y blanco, entre Hamán y Mordejai, entre quiénes somos y quiénes pensábamos que seríamos.

Por un día, quitémonos la máscara que esconde nuestro rostro, que nos mantiene aislados de nuestra alma, que crea una distancia falsa entre nosotros.

He aquí cuatro máscaras que usamos y cómo podemos sacárnoslas en Purim:

1. Máscara de auto-confinamiento: No queremos necesitar cosas. No queremos ser dependientes. Y en ocasiones, ni siquiera queremos conectarnos con los demás porque tenemos miedo de resultar heridos. Entonces utilizamos máscaras de auto-confinamiento; nos decimos a nosotros mismos que estamos bien solos.

Pero Dios nos creó con un profundo anhelo espiritual de conectarnos con los demás. Nos necesitamos los unos a los otros, ninguno de nosotros puede vivir feliz y exitosamente sin su familia, amigos y comunidad.

Entonces, envía mishlóaj manot que muestren que te importa. Envíaselos a personas con las que aún no te hayas conectado o que te hayan herido en el pasado. Quitémonos la máscara defensiva y tratemos de poner un rostro que no tema conectarse ni ser vulnerable.

2. Máscara de estar ocupados: Todos los días estamos ocupados; nuestro trabajo, llevar a los niños a la escuela, hacer los mandados, email, el teléfono sonando constantemente, los segundos pasando. Nuestra “máscara de estar ocupados” nos distrae, porque la vida es frenética y es difícil enfocarse. 

En Purim, dejemos el teléfono y posterguemos los mandados para otro día. Enfoquémonos en ser, en trascender los límites de nuestros días normales. En ir más allá de nuestras distracciones mundanas sentándonos a una comida festiva de Purim con familia y amigos. Come comida deliciosa. Ten conversaciones profundas. Pon un rostro abierto y enfocado que pueda ver la bendición y la belleza de las personas, así como la abundancia que nos rodea.

3. Máscara de materialismo: En ocasiones quedamos atrapados en el materialismo de nuestra vida. Utilizamos máscaras que sólo se identifican con nuestro cuerpo, con las superficies, con los objetos de nuestra vida. Así, se angosta nuestra visión y se bloquea nuestro camino. No necesitamos negarnos los placeres físicos de este mundo; en Purim los utilizamos todos para ir más allá de la superficie.

Come chocolate, bebe vino, ponte un disfraz divertido y quítate la máscara del materialismo reconociendo que Dios nos da cada uno de esos placeres para que nos conectemos con Él y para crear bondad y gratitud en nuestra vida. Date cuenta que tenemos un canal para elevar nuestra alma diciendo bendiciones por lo que comemos. Pon un rostro que brille con la alegría de vivir con tu alma.

4. Máscara de duda: En ocasiones la vida tiene tantas incertidumbres y desafíos. Tantas partes de nuestra vida parecen no tener sentido. Caminamos utilizando máscaras de duda. Decimos que creemos en Dios, pero vivimos la vida viendo casualidad y desconexión.

En Purim, escucha el Libro de Ester. Estúdialo y ve la profundidad y la forma en que Dios planeó cada simple y pequeño detalle. Cómo puso a cada persona en el lugar exacto, en el momento exacto en que necesitaba estar allí. Cómo organizó nuestra salvación antes de nuestra caída. Cómo se ocultó detrás de la historia, pero reveló Su bondad y amor por nosotros al final. Quitémonos la máscara de la duda y tengamos rostros vivos, llenos de fe y creencia en la exquisita interconexión entre cada persona y evento de nuestra vida.

Por un día, trabajemos para ver cómo todo lo que parece casual fue, en realidad, elegido para nosotros con gran cuidado. Cómo algo que parecía tan doloroso en un momento, nos condujo a un lugar al que jamás hubiéramos llegado de otro modo. Simulemos por un día que leemos la historia de nuestra vida en voz alta y que no nos avergonzamos de nosotros mismos, de oír nuestros secretos, de quitarnos la máscara que nos bloquea de todo lo que es real.




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