La visión del judaísmo sobre la Cábala
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Bilam, el profeta no judío, ensilló su asna y partió con la intención de maldecir a los judíos por pedido del rey Balak. En el camino, el asna de Bilam se negó a avanzar. La Torá relata en detalle los eventos: el Ángel de Dios bloqueando el camino, la reacción del asna y luego la reacción de Bilam hacia el asna.
La Torá dice: “El asna vio al ángel de Dios parado en el camino con una espada desenvainada en su mano, por lo que el asna se desvió del camino y marchó por el campo. Entonces Bilam golpeó al asna para que regresara al camino. El ángel de Dios se paró en el sendero de viñas, con una valla a un lado y una valla al otro lado. El asna vio al ángel de Dios y se apretó contra el muro, y presionó la pierna de Bilam contra el muro, y él continuó golpeándola. El ángel de Dios fue más allá y se paró en un lugar angosto, donde no había espacio para girar ni a la derecha ni a la izquierda. El asna vio al ángel de Dios y se echó debajo de Bilam. La ira de Bilam se encendió y golpeó al asna con su vara”.
Milagrosamente, el asna de Bilam habló y lo cuestionó por golpearla: “¿Acaso no soy yo tu asna, sobre la que has montado toda tu vida hasta el día de hoy? ¿Acostumbro yo a hacerte esto?”
¿Cuál es el propósito de todo esto? Nada en la Torá es superfluo o arbitrario. Entonces, ¿cuál es el sentido de un relato tan extenso entre un hombre y una asna?
Hay una lección profunda y conmovedora en el mensaje del asna: “¿Por qué me estás golpeando? ¡Hay una razón por la que no avanzo!” Aunque es de esperar que no golpeemos a quienes nos rodean, nuestra impaciencia y frustración hacia los demás puede herir aún más. La Torá se esfuerza en relatar detalladamente la realidad de la situación (el ángel de Dios bloqueando el camino), la reacción del asna (no avanzar o irse al campo), y luego la percepción de Bilam sobre la situación (su pierna siendo aplastada contra el muro). La percepción de Bilam no era la verdadera realidad de lo que ocurría. Sólo después de que Dios abrió sus ojos pudo ver la situación en su totalidad y darse cuenta de que el asna tenía razón, por lo que declaró: “¡He pecado!”
Lamentablemente, muchas veces vamos por la vida con nuestras propias anteojeras de realidad, viendo sólo nuestra perspectiva limitada. Esto es especialmente cierto en lo que respecta al trato con otras personas. Cada uno tiene sus razones para actuar, hablar y comportarse de cierta manera. Somos muy rápidos en juzgar a los demás por no comportarse de acuerdo con lo que pensamos que sería el comportamiento adecuado en una situación similar.
A Bilam nunca se le ocurrió que el asna tenía una razón legítima para desviarse. Quizá pensó que estaba distraída, cansada, que era perezosa, etc. Este incidente nos enseña que nuestra perspectiva subjetiva y aislada de una situación no es toda la realidad. En retrospectiva, muchas veces descubrimos que actuar de una manera que dé a la otra persona el beneficio de la duda está mucho más cerca de la realidad objetiva que cómo habríamos actuado de otra manera.
En lugar de frustrarte con alguien, muestra compasión y paciencia. Intenta darle el beneficio de la duda sobre por qué puede estar siendo difícil de tratar. Supón que la cajera grosera simplemente tiene un mal día y ofrece una palabra amable adicional, o piensa que tu hijo pequeño difícil de manejar simplemente está cansado o tiene hambre, y dale más abrazos y atención para descubrir qué está pasando.
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