10 razones por las que amo ser judía
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El libro de Deuteronomio es conocido también como "Mishné Torá", la repetición de la Torá. Moshé reúne a todo el pueblo judío para reiterar todas las enseñanzas transmitidas hasta ese momento. Es desconcertante que Moshé comience enumerando una variedad de lugares. Nuestra parashá nos dice que Moshé habló a todo Israel al otro lado del Jordán, “respecto al desierto, respecto a la Aravá, frente al mar de Juncos, entre Parán y Tofel, y Labán, y Jatzerot, y Di Zahav; once días desde Joreb por el camino del monte Seír hasta Kadesh Barnea”. ¿Por qué es tan importante comenzar la recapitulación de la Torá mencionando lugares?
Los comentaristas clásicos, como Rashi y Onkelos, así como muchos otros, explican que estos lugares aluden a distintos pecados que el pueblo judío cometió en esos sitios. Pero, ¿por qué Moshé no les dice directamente lo que hicieron mal?
A nadie le gusta que le digan lo que hizo mal. Sin embargo, nadie es perfecto. Todos cometemos errores, ya sea de forma consciente o sin darnos cuenta. La forma en que uno reprende a otra persona puede determinar si se genera en esa persona un cambio apropiado, para bien o para mal.
Cuando un niño se comporta mal, un padre o maestro puede asociar ese mal comportamiento con el carácter del niño. Por ejemplo, si un niño derrama su vaso de agua, un padre podría decirle: “Eres muy torpe, tienes que fijarte más en lo que haces”. Esa acción negativa (derramar agua) queda entonces ligada a la personalidad del niño (ser torpe). Esto crea en el niño una autoimagen de torpeza, y actúa casi como una profecía autocumplida: ¿Para qué voy a tratar de ser más cuidadoso si soy torpe?
En cambio, si el padre alienta al niño a limpiar lo que se derramó y lo elogia por “ser un gran ayudante al limpiar”, el niño forma una autoimagen positiva (¡soy útil!) y una experiencia positiva con ese padre (lo que fortalece la relación). Después, el padre puede sugerir mover el vaso más lejos del borde para evitar que se derrame. Esta sugerencia no tiene que ver con el niño en sí, sino con una idea objetiva para mejorar en el futuro. Además, al venir después de una experiencia positiva, el niño está más dispuesto a aceptar el consejo.
Aunque esto es especialmente importante con los niños, ya que están formando su autoimagen, también es cierto con los adultos, sobre todo en las relaciones interpersonales. Todos cometemos errores, y a menudo somos muy rápidos en señalar las fallas ajenas. Moshé nos enseña una lección muy valiosa sobre cómo reprender a otro: debe hacerse de manera suave y sin asociar la acción con la persona. Incluso si alguien actuó de manera grosera, eso no lo convierte necesariamente en una persona grosera. La crítica hecha con suavidad y amor, con buenas intenciones, es mucho más fácil de aceptar y, por lo tanto, más efectiva para generar cambios positivos.
Esta es también la manera en que Dios con nosotros. El primer error de la humanidad fue cuando Adam y Javá comieron del árbol del conocimiento. Al hacerlo, se dieron cuenta de que estaban desnudos y se escondieron por vergüenza. Dios, por supuesto, lo vio todo, pero en lugar de reprocharlos, les dio espacio para dar el primer paso con una pregunta inocente: “¿Dónde estás?”
Todos cometemos errores, a veces a diario. Sin embargo, Dios jamás nos abandona, jas veshalom. Antes de crear el mundo, Dios creó la teshuvá, el arrepentimiento, un camino para que los seres humanos puedan retornar y alinearse con su yo más elevado y sagrado. Dios nos da el espacio y el amor para que podamos llegar por nosotros mismos a la conclusión sobre nuestros errores y usarlos como plataformas para convertirnos en las grandes personas que Él sabe que podemos ser. Nosotros también podemos crear un entorno seguro y amoroso que permita a quienes nos rodean convertirse en su mejor versión.
Cuando vayas a reprender o criticar a alguien, piensa bien en tu enfoque. No menciones directamente lo que hizo mal. En cambio, busca resaltar algo positivo y enfócate en cómo ayudar a esa persona a implementar un cambio constructivo en el futuro.
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Shalom. Excelente y maravilloso artículo. A la autora, Sara Maddali, le doy la ¡¡ENHORABUENA!!