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Responsabilidades interpersonales: Hacer jésed con los demás

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28/11/2019 | por Rav Dov Lev

Los principios de hacer jesed por los demás

Jesed (bondad (1))

La Torá nos dice que debemos imitar a Dios. Tal como Dios provee las necesidades de las personas, visita al enfermo y consola a los deudos, también nosotros debemos hacerlo (2). Es interesante que el Talmud señala los actos de bondad (jesed) como una de las señales intrínsecas de que alguien sea judío (3). En otras palabras, el jesed forma parte del ADN metafísico del pueblo judío, trasmitido por nuestro ancestro Abraham.

Maimónides escribió: “La persona debe elogiar a su amigo y preocuparse por sus finanzas, tal como se preocupa por su propia estima y por sus propias finanzas” (4). En otras palabras, no sólo debe evitar provocar dolor a los otros sino que también debe buscar beneficiarlos de forma activa.

El jesed se presenta en muchas formas. Por ejemplo, si ves que alguien se esfuerza por llevar una carga pesada y no logra hacerlo por sí mismo, tienes que ayudarlo (5). Si a alguien se le rompe el auto, debes detenerte y ayudarlo de la forma en que te sea posible. Incluso si estás muy ocupado te sentirás muy bien de hacerlo, y Dios “se sentirá muy bien” de que tú ayudes a cuidar a Sus hijos.

A veces, un pequeño acto de bondad puede tener un gran impacto (6). Brindarle a alguien una palabra de aliento es una enorme oportunidad de jesed.

En general, debemos recibir y saludar a todos con una sonrisa (7). De esta forma se puede llegar a aliviar su carga de problemas. Un simple “buenos días” a un empleado puede encaminar su día de forma positiva, lo que a su vez puede afectar a otros cientos de personas.

Por el contrario, estar todo el tiempo malhumorado provoca un daño público (8).Sólo porque tienes un día difícil no tienes derecho de imponer tu miseria a todos los demás.

Recibir huéspedes

No hay nada tan desagradable como no tener un hogar en el cual descansar. La Torá nos cuenta que Abraham estaba experimentando revelación Divina, cuando de repente dejó de hablar con Dios para ir a recibir a unos extraños que pasaban por el camino (9). De aquí aprendemos que recibir huéspedes es más importante que recibir a la Presencia Divina (10).

Abraham construyó su tienda con una entrada en cada una de las cuatro direcciones, para asegurar que los visitantes que llegaran de todas las direcciones se sintieran bienvenidos (11). Por eso los Sabios nos alientan a “abrir ampliamente la puerta de tu casa” (en sentido figurado) (12).

Se debe recibir a las visitar con una sonrisa de bienvenida (13). Si tienen hambre, sed o están cansados, se debe atender de inmediato a sus necesidades (14).

Uno de los aspectos más descuidados de esta mitzvá es el hecho de escoltar a los huéspedes cuando se marchan (15). En cierto sentido, escoltar al huésped es más importante que recibirlo (16), porque esto le brinda respeto como si fuera la visita de un dignatario. Se debe acompañar al invitado por lo menos 4 amot (aproximadamente 2 metros) (17). Si es apropiado, debes asegurarte que tenga provisiones para el camino (18) y que sepa exactamente cómo llegar a su próximo lugar de destino.

La Torá (19) dice que Abraham plantó un árbol eshel (אשל). Los comentaristas explican que estas tres letras son un acrónimo de los tres grandes actos de hospitalidad que Abraham llevaba a cabo:

אכילה- dar de comer

שתיה- dar de beber

לויה- escoltarlos

En el siglo XVIII, se quemó una casa en Vilna. El gran sabio, el Gaón de Vilna, explicó: este hombre recibía huéspedes y les daba comida y bebida, pero no los acompañaba debidamente cuando partían. Por eso sólo tenía las dos primeras letras de eshel, las cuales forman la palabra esh, fuego.

Visitar al enfermo

Cuando Abraham estaba enfermo lo visitó nada más y nada menos que Dios Mismo (20). Al visitar al enfermo y atender a sus necesidades, estamos cumpliendo con la mitzvá de imitar al Creador (21).

Los Sabios enseñan que al visitar a una persona enferma, de alguna forma aliviamos su dolencia (22).

A menudo se descuida una de las razones más importantes por las cuales se va a visitar al enfermo: el hecho de ver al paciente sumergido en su enfermedad debe despertarnos para rezar por su recuperación, De hecho, cualquiera que vaya a visitar al enfermo y no rece pidiendo por su curación, no ha cumplido con la mitzvá (23). Lo ideal es rezar por el enfermo usando su nombre judío y el nombre de su madre (24).

Al ir a visitar a una persona enferma, debes ir de buen ánimo para poder compartir con ella tu entusiasmo (25).

Alguien que está en un hospital tiene más necesidades que aquellas a las cuales pueden responder las enfermeras. A veces las necesidades del paciente son emocionales (necesita un oído atento) y otras veces son físicas (su almohada no es cómoda o hace demasiado calor en la habitación). Descubre si hay algo que puedas llevarle, por ejemplo material de lectura. Trata de ofrecerle algo concreto: “¿Puedo traerte algo?” o “¿Puedo subirte o bajarte la cama?”.

Si el paciente está en la casa, puede precisar que le lleven comida preparada o que alguien vaya a buscar sus remedios. A veces, que alguien ordene un poco la casa puede ser muy valorado (26). Si en la casa hay niños que precisan recibir atención, esa puede ser la mejor ayuda que puedes brindar.

Es especialmente recomendable visitar a una persona enferma que tenga pocas o ninguna visita, por ejemplo, a los ancianos (27).

Se debe ser sensible a que tal vez el paciente no sienta deseos de recibir visitas. Y tener cuidado de no ir a visitarlo en un momento en el cual le resulte difícil recibir visitas (28). Tampoco se debe extender de más la visita. Aunque el paciente se alegró de verte, una visita demasiado larga puede ser agotadora.

Si no es posible ir a visitar al enfermo de forma personal (por ejemplo, si vives en otra ciudad), se puede cumplir con un aspecto de la mitzvá a través del teléfono (29).

Facilitar una boda

Uno de los días más memorables en la vida de una persona es el día de su boda. Pero no todos llegan a la jupá con facilidad. Algunas personas están muy ansiosas y precisan más apoyo emocional. Otros no pueden enfrentar los costos de una boda.

En la Torá hay una mitzvá especial llamada hajnasat kalá (lit.: hacer entrar a la novia) (30).

Una boda judía no se realiza para el beneficio de los invitados, sino más bien para que los invitados puedan alegrar a los novios. Debemos acompañar con alegría a los novios a través de las diferentes partes de la ceremonia nupcial (31), y bailar con ellos cuando sea adecuado (32). Algunas personas hacen acrobacias o malabarismos frente a la pareja para incrementar su alegría.

Además, debemos brindar ayuda económica a aquellos que no pueden afrontar casarse de una forma digna (33). Esto se considera una de las formas más elevadas de caridad (34). Por supuesto, cuando se juntan fondos para una novia o un novio pobre, se lo debe hacer de forma discreta para no avergonzar a la nueva pareja (35).

Préstamos

Tal como le prestaríamos dinero a un miembro de nuestra familia sin cobrarle intereses, así también la Torá nos ordena prestar dinero a otros judíos sin cobrar intereses (36). Las leyes sobre los intereses y la cancelación de préstamos durante el año de Shemità son tratados en el ensayo sobre las Leyes Financieras – Parte 2.

Está prohibido prestar dinero sin que quede una prueba del préstamo. Esto es para evitar cualquier malentendido en el futuro. Debe haber otras personas que sean testigos del préstamo o se debe escribir una nota atestiguando el préstamo (37).

La mitzvá de dar préstamos no se limita al dinero. Prestar cualquier cosa que el otro necesite se considera una gran mitzvá (38). Por eso, en muchas comunidades judías existen fondos de préstamos para toda clase de objetos, desde libros hasta herramientas de jardinería.

Caridad

El Talmud dice que a pesar de que Dios ama especialmente a los pobres, Él no provee a todas sus necesidades para que el resto de la comunidad pueda tener el mérito de mantenerlos (39). Esto se conoce como tzedaká, lo cual generalmente se traduce como “caridad” pero que en verdad significa “rectitud”, porque dar al otro es una obligación básica, es decir que es lo que se debe hacer.

Proveer a los necesitados es una gran oportunidad de volverse un dador y asemejarse a Dios (40). Por eso, incluso una persona pobre que se mantiene gracias a la caridad debe contribuir para los demás (41).

La Torá garantiza que nada nos faltará por dar caridad (42); por el contrario, dar caridad da como resultado una bendición en la riqueza (43). Todavía más, dar caridad salva a la persona de terribles decretos Divinos, y el pueblo judío será redimido gracias al mérito de la tzedaká (44).

¿Cuánto se le debe dar a una persona pobre?

Por un lado, debemos proveer a cada persona pobre con sus necesidades básicas.

Por otro lado, el Talmud relata la historia de un hombre muy adinerado que de repente se volvió muy pobre. El ilustre sabio Hilel le proveyó un caballo y corría delante de él anunciando su presencia (45). Esto es especialmente conmovedor si consideramos que Hilel mismo era muy pobre (46), sin embargo él asumió la responsabilidad de proveer a esta persona que antes había sido adinerada con deleites que el mismo Hilel ni siquiera soñaba.

Esto nos enseña que la riqueza y la pobreza no se determinan por la cantidad de recursos que tiene la persona, sino por su mentalidad. Algunas personas pueden “sentirse” necesitadas o pobres, mientras que otras se sentirán “ricas” a pesar de su falta de recursos (47). En consecuencia, cuando una persona muy adinerada pierde su fortuna, debemos atender a sus necesidades aunque nos parezcan extravagantes (48).

Por supuesto, esto sólo se aplica en el caso de que todas las personas pobres ya hayan sido provistas con sus necesidades básicas. Y, por supuesto, esta persona que antes era adinerada debe irse acostumbrando gradualmente a un estilo de vida más adecuado a su nuevo estado económico (49).

Uno de los aspectos más importantes de dar caridad, es hacerlo con la actitud correcta. Una sonrisa cálida y un comentario alentador pueden ser más útiles que el dinero mismo (50). Esto es especialmente cierto si estamos dando ayuda directamente a una persona que está avergonzada de estar del lado de receptor. Si se le da ayuda de malhumor, incluso si recibe una suma grande, se pierde el mérito del acto y se transgrede un mandamiento de la Torá: “No debes lamentar en tu corazón cuando le das…” (51).

Si es posible, la persona pobre nunca debe partir con las manos vacías. Incluso una suma simbólica es un acto de entrega (52).

Siempre que sea posible, se debe tratar de dar caridad de forma anónima (53). Sin embargo, si al publicitar un gran donativo se logrará alentar a otros a dar, entonces se lo debe publicitar. Inspirar a otros a dar tzedaká da méritos e incluso una recompensa mayor que la del mismo donante (54).

A veces es mejor prestar dinero (sin intereses) que donarlo para cubrir las necesidades de otra persona De esta forma, quien lo recibe puede volver a pararse por sí mismo de una forma respetable y no se siente desmoralizado (55).

Todavía mejor es prestar dinero antes de que la persona llegue a estar destituida, para evitar su caída financiera y que tenga que confiar en la caridad.

Es especialmente efectivo proveer a una persona pobre con un empleo (56), lo cual alivia con mayor permanencia sus dificultades económicas.

Cuando hay tantas causas buenas, ¿cuál se debe escoger? Si bien el donante puede escoger aquella causa más cercana a su corazón, aquí hay algunas pautas generales:

  • Un pariente necesitado tiene prioridad (57).

  • Las necesidades locales tienen precedencia antes que las de otros pueblos (58).

  • Las necesidades en Israel tienen prioridad antes que las de la Diáspora (59).

  • Los estudiosos de la Torá pobres tienen prioridad sobre otras personas pobres (60).

  • Quienes precisan alimentos están antes que los que tienen otras necesidades (61).

  • Las mujeres necesitadas están antes que los hombres necesitados (62).

Por un lado, uno debe esforzarse para no volverse dependiente de otras personas. Incluso un estudioso destacado debe encontrar alguna labor antes que depender de la caridad de los demás (63). Pero si alguien no puede subsistir a menos que reciba tzedaká, no debe ser tan orgulloso y dudar de aceptarla.

¿Cuánto se debe dar? (64)

El Talmud describe un problema irónico de filantropía judía. Personas generosas dieron tanto dinero que muy pronto los donantes mismos corrían el riesgo de precisar ayuda pública. Para controlar esto, los Sabios fijaron un límite de donar el 20 por ciento de los bienes para caridad (65).

La práctica judía estándar es dar un 10 por ciento de los bienes y de los ingresos para caridad (66). La palabra hebrea para referirse a este diez por ciento es maaser. La palabra maaser se utiliza para referirse a esta obligación general. Hay una promesa de bendición de riqueza para cualquiera que observe esta práctica de forma escrupulosa (67).

¿Cómo se calcula este porcentaje? La primera vez que se lo separa, se debe calcular un 10 por ciento de los bienes actuales y dar esa suma para caridad. A continuación, se dona un 10 por ciento de los ingresos netos (68). Se pueden deducir todos los gastos relativos al negocio antes de calcular el 10 por ciento (69). Pero los ingresos incluyen el salario, regalos monetarios, ganancias de capital, herencias, intereses ganados, etc (70).

Además del maaser, existe la obligación de separar anualmente un mínimo de medio shékel para tzedaká. Incluso una persona pobre debe dar este medio shékel, a pesar de que pueda estar exenta de dar maaser.

Un buen consejo

¿Eres la clase de persona a quien todos le piden un consejo? “¿A qué médico debo ir?”. “¿En qué valores debería invertir?”. “¿Cómo hago para cultivar pepinos?”.

Existe una mitzvá de guiar a los demás con responsabilidad (71) de la mejor forma que seas capaz. Dar irresponsablemente malos consejos es una transgresión de una ley de la Torá, especialmente si puedes llegar a ganar algo al dar un mal consejo (72).


Notas:

(1) Se puede leer más sobre este tema en el libro de Rav Israel Meir Kagan, Ahavat Jesed.

(2) Sifri (Deiteronomio 46:6). Talmud – Baba Metzía 30b; cf. Rambam (Deot 1:5-6)

(3) Ievamot 79a

(4) Rambam (Deot 6:3)

(5) Shut HaRoashba (1:252:257)

(6) Ahavat Jesed 3:8

(7) Talmud – Avot 1:15

(8) Rav Israel Salanter, citado en Tenuat HaMussar (1:31) por Rav D. Katz

(9) Génesis 18:1-2

(10) Talmud – Shabat 127a

(11) Midrash Tehilim 110

(12) Avot 1:5

(13) Sefer HaIrá

(14) Ahavat Jesed 3:2

(15) Talmud – Sotá 46b

(16) Rambam (Avel 14:2)

(17) Talmud – Sotá 46b; Orjot Jaim (2:47)

(18) Daat Zekenim (Deuteronomio 21:7); Sefer Jasidim 57

(19) Génesis 21:33

(20) Rashi (Génesis 18:1)

(21) Talmud – Sotá 14a

(22) Talmud – Nedarim 39b

(23) Ioré Deá (335:4)

(24) Maguen Abraham 119:1

(25) Pnei Baruj (Bikur Jolim 1:21)

(26) Ioré Deá 335:4

(27) Pnei Baruj (Bikur Jolim 1:11)

(28) Ioré Deá 335:4

(29) Shut Igrot Moshé (Ioré Deá 1:223)

(30) Rambam (Avel 14:1)

(31) Rashi (Meguilá 29a); Shaj (Ioré Deá 360:1); Drisha (Ioré Deá 361)

(32) Talmud – Ketuvot 17a

(33) Rashi (Sucá 49b)

(34) Ioré Deá 249:15

(35) Rashi (Talmud – Sucá 49b)

(36) Éxodo 22:24

(37) Joshen Mishpat 70:1

(38) Rashi (Sucá 49b); Ahavat Jesed (4:22)

(39) Baba Batra 10a

(40) Ver Rambam (Deot 1:6)

(41) Ioré Deá (248:1)

(42) Ioré Deá (247:2)

(43) Ioré Deá (247:4)

(44) Isaías 1:27

(45) Ketuvot 67b

(46) Ver Talmud – Ioma 35a

(47) Ver Talmud – Shabat 25b

(48) Ioré Deá 250:1

(49) Oído del Rav Itzjak Berkovits

(50) Ioré Deá 249:3-4

(51) Deuteronomio 15:10

(52) Ramó – Ioré Deá 249:4

(53) Ramó – Ioré Deá 249:13

(54) Ver Daniel 12:3

(55) Joshen Mishpat (97:1)

(56) Rambam (Matnot Aniim 10:7)

(57) Ioré Deá 251:3

(58) Ioré Deá 251:3

(59) Ioré Deá 251:3

(60) Ioré Deá 251:9

(61) Ioré Deá 251:7

(62) Ioré Deá 251:8

(63) Rambam (Talmud Torá 1:9)

(64) Más información sobre este tema se puede encontrar en The Laws of Tzedakah and Maaser, por Rav Shimon Taub (ArtScroll), y Maaser Kesafim, editado por Cyril Domb (Deldheim)

(65) Ramó – Ioré Deá 249:1

(66) Rambam (Melajim 9:1); Ioré Deá 249:1

(67) Taanit 9a

(68) Shaj (Ioré Deá 249:2)

(69) Maaser Kesafim 3:1-2

(70) Maaser Kesafim 2:1

(71) Deuteronomio 27:18; Ahavat Jesed 3:7, 3:8

(72) Rashi (Levítico 19:14)



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