Mamdani y las publicaciones de su esposa en favor de Hamás


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Los investigadores han descubierto muchos rituales y festivales japoneses paralelos a las tradiciones judías.
Hoy en día sería difícil encontrar una sociedad más diferente de Israel que Japón. Israel está ubicado en la encrucijada entre Oriente y Occidente, mientras que Japón se encuentra en el extremo más oriental. Israel se sitúa en la intersección de tres continentes; Japón es una isla. Los japoneses valoran la obediencia y el aprendizaje por repetición, mientras que los israelíes valoran la innovación y la jutzpá. Los japoneses son callados; los israelíes, ruidosos y discutidores.
Estas diferencias sólo amplifican el asombro ante las evidencias de un pasado antiguo común.
La religión indígena de Japón se llama Shinto, y la mayoría de los japoneses se identifican con ella en mayor o menor medida. El sintoísmo es politeísta y animista, y gira en torno a entidades sobrenaturales llamadas kami, que se cree habitan en todas las cosas, incluidas las fuerzas de la naturaleza. Hoy existen más de 100.000 santuarios sintoístas en todo Japón, sirviendo a una población de 130 millones de personas.
El sintoísmo politeísta y el judaísmo monoteísta parecerían tener poco en común. Pero al examinarlos más de cerca, los investigadores han descubierto muchos rituales y festivales japoneses que parecen imitar tradiciones judías. Estos descubrimientos han generado un creciente interés y una avalancha de libros sobre el tema. Un grupo de académicos de la Universidad Hebrea incluso visitó Japón para investigar estas afirmaciones y regresaron asombrados. En octubre del 2020, se publicó en Japón una novela de misterio llamada El código de Amaterasu, que se convirtió rápidamente en un éxito de ventas, con 7.000 reseñas positivas en Amazon. Fue tan popular que el primer ministro japonés, Kishida, la leyó en el verano del 2023. En la novela, el personaje principal descubre una gran cantidad de pruebas que rastrean la increíble historia oculta de Japón hasta los antiguos israelitas que llegaron al país hace unos 2.700 años. Además, la televisión de Tokio transmitió un documental especial de dos horas sobre el tema.
Aquí presentamos una selección de sorprendentes conexiones entre el judaísmo y el sintoísmo.
El Suwa Taisha es uno de los santuarios sintoístas más antiguos de Japón. A mediados de abril, se celebra allí anualmente el Ontohsai, un antiguo festival sintoísta. Durante este festival, un niño es atado con una cuerda a un pilar de madera. Un sacerdote sintoísta llega con un cuchillo dispuesto a matarlo e incluso corta la parte superior del pilar. Pero finalmente llega un mensajero (otro sacerdote) y libera al niño, salvándolo.
Esto recuerda el relato bíblico del sacrificio de Isaac, donde Dios le ordena a Abraham sacrificar a su hijo, pero un ángel lo detiene justo antes de que pueda completar la tarea.
Los japoneses llaman a esto "el ritual del dios Misakuchi". Misakuchi contiene el nombre Isaac (Iitzjak en hebreo). Parece que los adoradores sintoístas del Suwa Taisha deificaron al patriarca judío Itzjak, probablemente debido a la influencia de los idólatras.
Detrás del santuario Suwa Taisha hay una montaña llamada Moriya San, que significa Monte Moriá, el lugar donde ocurrió el sacrificio de Isaac. El dios local se llama "Moriya no kami", es decir, el “Dios de Moriá”. El santuario Suwa-Taisha fue construido para adorar al “Dios de Moriá”.
Muchos objetos rituales sintoístas se asemejan a los judíos. Los sacerdotes sintoístas visten una túnica llamada Kariginu, una prenda con esquinas que lleva en las esquinas flecos blancos de 20-30 cm, similares a los tzitzit judíos, como dice la Torá: “Les pondrán flecos en las esquinas de sus vestidos por todas sus generaciones” (Deuteronomio 22:12).

Los yamabushi son practicantes del Shugendō, una secta sintoísta que incorpora el ascetismo y elementos del budismo tántrico. Tradicionalmente vivían en las regiones montañosas de Japón. Los famosos ninjas, una clase de guerreros-magos, se desarrollaron a partir de sacerdotes Shugendō. Los yamabushi usan una pequeña caja negra llamada tokin, atada a la cabeza con una cuerda negra, que recuerda a los tefilín judíos. El tamaño del tokin es casi el mismo que el del tefilín, aunque su forma es redonda y como una flor. Israel y Japón son los únicos dos países en el mundo que utilizan una caja negra en la frente con fines rituales. “Tokin” y “Tefilín” también comparten la misma primera y última letra.
Además, los yamabushi tocan un gran cuerno de caracol llamado Horagai, que recuerda al sonido del shofar, el cuerno de carnero. El modo en que se toca el Horagai y los sonidos que produce son similares a los del shofar. Dado que no hay ovejas en Japón, tiene sentido que los yamabushi usaran caracoles marinos en lugar de cuernos de carnero.

También existe un antiguo peinado samurái llamado Mizura, que recuerda a los peot, los rizos laterales judíos. Es un peinado exclusivo de Japón y no aparece en China ni en Corea.

Los tengu son legendarios demonios humanoides voladores con poderes sobrenaturales, que supuestamente habitaban las regiones montañosas de Japón. Los tengu están particularmente asociados con los yamabushi, los ascetas montañeses del Shugendō. Se decía que eran maestros de los sacerdotes Shugendō. Con sus largas narices y barbas, los tengu parecen extrañamente extranjeros en comparación con las representaciones tradicionales de los asiáticos. También suelen representarse usando el tokin de los yamabushi. Increíblemente, se decía que los tengu transmitían pergaminos llamados “Tora-no-Maki” (literalmente, rollos de la Torá) a los sacerdotes que completaban su entrenamiento. Todos estos elementos sugieren un origen judío para los tengu.

Los sintoístas tienen un arca llamada Omikoshi que se asemeja al Arca de la Alianza.
El Arca de la Alianza tenía sobre la cubierta dos estatuas de ángeles de oro (querubines) con alas extendidas como pájaros. El Omikoshi tiene sobre su parte superior un pájaro dorado llamado Ho-oh, un ave imaginaria y un ser celestial misterioso. El Arca de la Alianza estaba completamente recubierta de oro. El Omikoshi también está recubierto de oro, total o parcialmente. Algunos incluso tienen candelabros de siete brazos, similares a la Menorá del Templo.

El Arca de la Alianza era transportada sobre los hombros con dos varas, como dice la Biblia: “Los levitas llevaban el Arca de Dios sobre sus hombros con las varas... conforme a la palabra de Dios” (Crónicas 15:15). Los japoneses también llevan el Omikoshi sobre los hombros con varas. Cuando los japoneses llevan el Omikoshi, gritan: “¡Essa! ¡Essa!”. Esta palabra no tiene significado en japonés, pero en hebreo significa “levantar” o “cargar”. Antes de cargar el Omikoshi, los sacerdotes sintoístas se purifican en agua de mar y visten túnicas blancas, ya que el blanco se considera un color sagrado.
El Omikoshi es acompañado por una procesión festiva que recuerda la celebración que realizó el rey David al llevar el Arca de regreso a Jerusalem: “Todo Israel subió con júbilo... con cuernos de carnero, trompetas, címbalos, liras y arpas” (Crónicas I 15:25-28). Es costumbre que grandes multitudes japonesas canten y bailen con acompañamiento música frente al Omikoshi.
Los templos sintoístas y el Templo judío no sólo comparten similitudes arquitectónicas, sino también dimensiones similares. Ambos tienen un Lugar Santo (Kódesh) y un Lugar Santísimo (Kódesh Kodashim). En los templos sintoístas hay incluso escalones que conducen desde el Santo al Santísimo, que está ligeramente más elevado, igual que en el Templo de Salomón. Ninguno de los templos contenía ídolos en su interior. Aunque la mayoría de los santuarios orientales tienen ídolos, los sintoístas no los tienen.
En el centro del Santísimo de un santuario sintoísta hay un espejo, una espada o un colgante, que los creyentes no consideran dioses. Además, los dioses en el sintoísmo se consideran invisibles. El sumo sacerdote sintoísta sólo entra al Santísimo una vez al año, al igual que el Cohen Gadol entra en Iom Kipur. Antes de entrar a un santuario, es costumbre lavar las manos y la boca en la Temizuya usando tazas. Los sacerdotes judíos también se lavaban manos y pies en la fuente antes de su servicio.
En la mitología japonesa, la familia imperial y toda la nación japonesa se consideran descendientes del patriarca y fundador Ninigi. Pero Ninigi no debía ser el patriarca. Según la tradición japonesa, había otro que debía ser designado en su lugar. Pero mientras el otro se preparaba y se demoraba, el joven Ninigi nació, descendió del cielo y se aseguró el papel de fundador de la nación japonesa.
De la misma manera, según la Biblia, fue Esaú (Esav), el hermano mayor de JacobO (Iaakov), quien nació primero y por lo tanto estaba destinado a convertirse en el patriarca del pueblo de Dios. Pero mientras Esaú estaba cazando ciervos, Isaac dio la bendición divina al menor, Jacobo, quien se convirtió en el patriarca de los israelitas. Las similitudes entre Ninigi y Jacob no terminan ahí.
Después de que Ninigi desciende del cielo, se enamora de una bella mujer llamada Konohana-sakuya-hime y desea casarse con ella. Pero su padre le pide que primero se case con su hermana mayor. De manera similar, la Torá relata que Jacobo se enamoró de la hermosa Raquel. Pero su padre, Labán, le dijo a Jacob que no podía dar en matrimonio a la hermana menor antes que a la mayor.
Además, Ninigi y su esposa Konohana-sakuya-hime tienen un hijo llamado Yamasachi-hiko. Pero Yamasachi-hiko es maltratado por su hermano mayor y tiene que ir al país de un dios del mar. Allí, Yamasachi-hiko recibe un poder místico y hace sufrir al hermano mayor dejándolo hambriento, pero más tarde lo perdona por su pecado. De igual forma, Jacobo y su esposa Raquel tienen a José, quien es maltratado por sus hermanos mayores. Luego fue llevado a Egipto y se convierte en virrey del faraón.
El sintoísmo también tiene un ritual que se asemeja a un elemento de la festividad judía de Sucot. Así como los judíos agitan la rama de lulav, los sacerdotes sintoístas agitan ramas perennes de sakaki. A menudo, antes de agitarlas, las sumergen en agua salada y las agitan frente a las personas para purificarlas del pecado y la impureza. Compárese esto con la práctica de los sacerdotes judíos que sumergían ramas del árbol de hisopo en el compuesto de las cenizas de la vaca roja y rociaban con él a los judíos impuros para purificarlos.
Eli Cohen fue embajador de Israel en Japón entre 2004 y 2007. Poco después de ser designado, fue invitado a visitar el santuario Suwa Taisha. Mientras el guía explicaba la disposición del santuario y su uso, Cohen se sorprendió con las coincidencias con el Templo judío. Pero cuanto más explicaba el guía, y más similitudes notaba, más se asombraba.
“Todos me decían que los japoneses eran paganos con ocho millones de dioses. Pero entonces entendí que ese número probablemente era simbólico de una gran cantidad, y que el 8 acostado es el símbolo del infinito. Quizás estaban insinuando una creencia en un único Creador infinito”.
“De repente, comencé a ver las cosas de forma diferente y vi las muchas similitudes entre nuestros dos pueblos. Como los judíos, los japoneses se ven a sí mismos como el Pueblo Elegido. Así como los judíos consideran a los extranjeros como goim, los japoneses consideran a los forasteros como gajin. Yo soy un cohen, miembro de la casta sacerdotal judía. Como es bien sabido, a los cohanim se les prohíbe entrar en cementerios (excepto para los funerales de sus parientes más cercanos) y tocar un cadáver. ¡Los sacerdotes sintoístas también tienen prohibido tocar un cadáver y rara vez participan en funerales! Un cadáver se considera kegare (impuro), igual que en el judaísmo se considera tamé (impuro)”.
Cohen terminó escribiendo un libro sobre las conexiones entre el sintoísmo y el judaísmo, el cual se volvió popular en Japón. Él cree que los japoneses están tomando más conciencia de sus raíces judías y que algún día Japón tendrá relaciones estrechas con Israel, al igual que los Estados Unidos. “Son nuestros hermanos”, concluye.
Si de alguna manera los judíos influyeron en el Japón antiguo, ¿cómo llegaron allí?
Entre la secta samurái, existe una tradición que afirma que sus ancestros llegaron a Japón desde Asia occidental en el año 660 AEC. 62 años antes, en el 722 AEC, las diez tribus de Israel fueron derrotadas y exiliadas de la Tierra de Israel. Algunos creen que estos israelitas, que viajaron por la Ruta de la Seda hacia el Oriente y se asentaron en China y Corea, fueron invitados por el gobernante japonés a establecerse en Japón. Los samuráis eran los guardianes del emperador japonés y la palabra comparte las mismas letras que la palabra hebrea para guardián – “ShoMeR”.
Los japoneses derivan su nombre de la tribu principal de la nación – los yamato. Los Yamato son el grupo étnico dominante en Japón, y comprenden aproximadamente el 98 % de la población del país. Pero la fonética de la palabra no tiene significado en japonés. En hebreo, Yamato es una combinación de Yah (Dios) y Umato (pueblo). En otras palabras, Yamato significa “el pueblo de Dios” o “la nación de Dios”.
Imagen del título: Shaka Nyorai, ca. 1850-1925, Biblioteca Nacional de Israel
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Impresionante, las coincidencias.
Estuve en Japón hace un par de años y percibí, un poco, lo que cuenta la nota.
También , observé alguna familiaridad entre el idioma japonés y el hebreo. Sobre todo, en la cadencia de ambas lenguas.
Esto se reduce a lo que se denomina Arquetipos. Es como ver las pirámides mayas, egipcias y hasta templos en la India y se nota un Arquetipo básico y constante. Según Bereshit, Abraham tuvo muchas esposas y muchos hijos de fueron al Oriente. Igual, el cristianismo guarda mas apariencia que el shintoismo pero queda relegado en las comparaciones y no sé por qué dada la cercanía que tiene. Al leer a Jung se entiende la cuestión del Arquetipo, digamos no es nuevo y se puede rastrear en cantidad de culturas.