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Rodeados de nubes

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Pekudei (Éxodo 38:21-40:38 )

por Rav Ari Kahn

Ideas avanzadas basadas en el Midrash y la Cábala.

Al llegar al final del libro de Shemot, una nube envuelve y llena al Mishkán recientemente completado. En un sentido general, entendemos que esto es lo que hace que el Mishkán sea operativo:

La nube cubrió la Tienda de la Cita y la gloria de Hashem llenó el Tabernáculo. Moshé no pudo entrar a la Tienda de la Cita porque la nube se había posado sobre ella y la gloria de Hashem llenaba el Tabernáculo. Y cuando la nube se elevaba de sobre el Tabernáculo los Hijos de Israel partían en todos sus viajes. Y si la nube no se elevaba, no viajaban hasta el día en que se elevaba. Pues la nube de Hashem estaba sobre el Tabernáculo de día, y de noche había un fuego sobre él, a la vista de toda la Casa de Israel, en todos sus viajes (Shemot 40:34-38).

¿Cuál es el significado de esta nube? Aunque puede ser que no le hayamos prestado la atención debida, ya nos encontramos esta nube durante todo el libro de Shemot, pero no nos enfocamos en ella. Podemos decir que la nube fue un importante tema en el trasfondo. Por ejemplo, cuando los judíos salieron de Egipto, la nube los acompañó:

Hashem iba delante de ellos, de día en una columna de nube para guiarlos por el camino y de noche en una columna de fuego para alumbrarles, para que marchasen de día y de noche. Él no quitaba la columna de nube durante el día ni la columna de fuego durante la noche, de delante del pueblo (Shemot 13:21-22).

La nube siempre estaba presente, siempre en el trasfondo, como una madre vigilante, cuidándolos y protegiéndolos. Aunque por lo general pensamos que las nubes son etéreas, una parte del cielo, la nube fue una compañía constante en un sentido muy real, separando entre su campamento y el ejército egipcio, liderándolos a través del mar, mostrándoles el camino a seguir. Asimismo en un sentido muy "real", cuando llegó el momento de la revelación en el Sinaí, Dios descendió a la tierra, como si fuera, y apareció sobre la montaña en una nube:

Hashem le dijo a Moshé: "He aquí que Yo vengo a ti en la espesura de la nube para que el pueblo escuche mientras Yo hablo contigo, y también crean en ti para siempre (Shemot 19:9).

Cuando Moshé fue invitado a ascender al Monte Sinaí para recibir las Tablas, ascendió al cielo abriéndose paso a través de la nube:

Moshé ascendió a la montaña, y la nube cubrió la montaña. La gloria de Hashem se posó sobre la Montaña del Sinaí y la nube la cubrió durante seis días. Él llamó a Moshé en el séptimo día desde el interior de la nube. La apariencia de la gloria de Hashem era como un fuego que consume en la cima de la montaña a la vista de los Hijos de Israel. Moshé entró al interior de la nube y ascendió a la montaña, y estuvo Moshé en la montaña durante cuarenta días y cuarenta noches (Shemot 24:15-18).

Esos versículos, que describen la Revelación, tienen una sorprendente similitud con los versículos que se encuentran al final del libro Shemot, que describen cuando se completó el Mishkán. Quizás al considerar las similitudes entre estos dos grupos de versículos, podemos llegar a entender mejor las últimas palabras de Shemot y también del Mishkán mismo.

La clave parece ser la nube. De acuerdo con la tradición, la nube protectora que acompañó a los israelitas al salir de Egipto se disipó cuando el pueblo adoró al becerro de oro. Esto parece una retribución extraña y severa. El pueblo estaba confundido, se sintió vulnerable y abandonado debido a la ausencia de Moshé y no consiguió valorar que la presencia Divina estaba aún entre ellos en la forma de la nube protectora. Como no vieron la manifestación constante de Dios y asumieron que la nube iba a estar siempre allí, se la quitaron. Ese fue el precio que pagaron por no valorar la protección de Dios: perdieron esa protección. La nube se desvaneció.

Después del pecado, Moshé rezó pidiendo perdón para la nación. Él rogó que la presencia de Dios volviera a morar entre el pueblo. Moshé llegó tan lejos que dijo que si Dios no estaba entre ellos, tampoco debía hacerlos seguir su camino hacia la Tierra Prometida (Shemot 33:15-16). Moshé entendió que sin Dios entre ellos sus esfuerzos serían inútiles, que no tendrían sentido.

Por lo tanto, este es el verdadero significado de los versículos finales de Shemot: la nube regresó. Por primera vez, el pueblo recibió una señal clara de que el pecado perpetrado al pie de la montaña, el pecado que hizo desaparecer la nube, había sido perdonado. La nube expresa la renovada intimidad entre el pueblo judío y Dios. Cuando volvieron a recibir guía y protección Divina, pudieron continuar, tanto espiritual como geográficamente, con su búsqueda para crear una sociedad sagrada en la Tierra Santa.



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