Seis lecciones del 11 de septiembre
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¡Saludos desde la ciudad sagrada de Jerusalem!
En la porción de la Torá de esta semana encontramos una descripción detallada de las ocho vestiduras usadas por el Sumo Sacerdote: el pectoral, el efod (delantal), el manto, la túnica, el gorro, el cinturón, el tzitz (una lámina de oro que se llevaba en la frente) y los pantalones (Éxodo 28:4, 28:36, 28:42). La parashá continúa describiendo las ofrendas animales del Tabernáculo.
El Talmud (Arajín 16a) cuestiona la lógica de esta yuxtaposición. ¿Cuál es la conexión entre las vestiduras sacerdotales y los sacrificios animales?
Según el Talmud, ambos traen expiación. El Talmud amplía esta idea enumerando el simbolismo de cada prenda:
El comentarista Kli Yakar explica que estos ocho tipos de conducta incorrecta pueden subdividirse en dos categorías. Idolatría, inmoralidad, asesinato y lashón hará son pecados graves en sí mismos, mientras que las otras conductas (corrupción judicial, orgullo, pensamientos inmorales y desvergüenza) son rasgos negativos que generalmente conducen a cometer otros pecados.
Sin embargo, toda esta clasificación aún no responde la pregunta fundamental: ¿cómo pueden las vestiduras del Sumo Sacerdote expiar por el pueblo judío?
Para entender esta cuestión, debemos aclarar el mecanismo que está en juego. Cuando la Torá nos promete beneficios por cumplir mitzvot, no está describiendo un proceso automático de recompensa. Usar las vestiduras sacerdotales sin conciencia de su significado no produciría ningún efecto. La Torá nos enseña el potencial de bien contenido en cada mitzvá, pero para concretarlo se requiere esfuerzo. Debemos transformarnos para bien, y solo entonces cambiarán las circunstancias que nos rodean.
Vemos un ejemplo de esto en la descripción del manto del Sumo Sacerdote, que expía el pecado de lashón hará. La Torá afirma (Éxodo 28:31) que el manto debía estar hecho completamente de tejelet (turquesa), color que el Talmud (Menajot 43b) compara con el mar. De aquí podemos extrapolar que el mar nos enseña cómo controlar nuestra lengua. Las enormes olas del océano avanzan con gran fuerza, pero finalmente rompen en la orilla y se disuelven. Esto nos recuerda el versículo del libro de Job (38:10–11): “Hasta aquí (‘ad po’) llegarás y no más.” La palabra po (“aquí”) se escribe igual que pé, que significa “boca”. Así, el Kli Yakar sugiere que el color turquesa del manto nos recuerda las olas del mar, que a su vez nos enseñan a no sobrepasar los límites en nuestra forma de hablar.
También vemos esto en la instrucción de reforzar la abertura del manto (Éxodo 28:32). Las palabras utilizadas (“Safá ihié lefiv saviv”) pueden traducirse literalmente como: “Habrá labios para su boca”, es decir, debemos usar las “barras y puertas” que se nos dieron (dientes y labios) para impedir que la lengua se descontrole y pronuncie palabras negativas o innecesarias. Además, el borde del manto estaba adornado con pequeñas campanillas (Éxodo 28:34) que tintineaban cuando el Sumo Sacerdote realizaba su servicio. Las campanas pueden compararse con una boca, y su badajo con la lengua, sirviendo como recordatorio adicional de cuidar nuestras palabras.
Finalmente, al concluir la descripción del manto, la Torá dice: “Y no morirá [el Sumo Sacerdote]” (Éxodo 28:35). ¿Por qué menciona este detalle específicamente en relación con el manto? Podemos entenderlo a la luz del Midrash que enseña que el lashón hará mata a tres personas: al que habla, al que escucha y a aquel de quien se habla (Devarim Rabá). Si internalizamos la lección del manto y nos abstenemos de hablar indebidamente, podemos salvar a las tres partes de la “muerte”.
El ejemplo del manto demuestra que las enseñanzas de las vestiduras deben llevarse a la práctica y utilizarse para mejorarnos a nosotros mismos a fin de lograr expiación. El judaísmo no es un juego en el que un pensamiento o acción produzca mágicamente el efecto deseado. Debemos esforzarnos por internalizar verdaderamente los mensajes de las mitzvot y manifestarlos mediante acciones positivas y conscientes. Solo así podremos cosechar los beneficios de su potencial.
Que seamos bendecidos con la capacidad de adoptar esta perspectiva sobre las mitzvot, desarrollando una visión completa de la Torá que combine el conocimiento de los detalles técnicos con la comprensión de la profunda oportunidad de superación personal contenida en cada acción.
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