El colapso silencioso del Reino Unido


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No te definen tus caídas, sino tus mejores momentos. Mira en ti lo que ve Dios y reconoce la fuerza que llevas dentro.
¿Alguna vez te has sentido como un impostor que eventualmente será descubierto?
No eres el único. Los estudios muestran que el 40% de las personas exitosas no creen merecer el éxito. Hasta un 70% han sentido en algún momento que son impostores.
Las personas que sufren del 'síndrome del impostor', término acuñado en 1978 por dos psicólogas clínicas, Pauline Clance y Suzanne Imes, sienten que no merecen el éxito. Ellas Atribuyen cualquier logro no a su esfuerzo y capacidad, sino a la suerte, al momento oportuno, o a engañar a otros para que piensen que son mejores de lo que realmente son. Sienten que lo están inventando sobre la marcha, a diferencia de todos los demás que realmente saben lo que hacen. Tienen la sensación de fingir por fuera mientras están prisioneros por dentro de un sentimiento de falta de valor.
En Rosh Hashaná, el cumpleaños de la humanidad, recordamos la verdad de que Dios nos conoce, nos ama y cree en nosotros.
Lo que nos define no son nuestros peores momentos, pensamientos, acciones o actitudes. Dios ve lo mejor de nosotros, retiene nuestros mejores momentos, nuestros destellos de grandeza. Erróneamente pensamos que el verdadero yo es aquel que pierde la calma con nuestra pareja o hijos, el que mira cosas inapropiadas cuando nadie observa, o cede a la tentación de decir lo incorrecto para ganarse el favor del oyente.
Erróneamente pensamos que cuando nos presentamos a pesar de nuestras carencias, eso nos convierte en impostores. Pero ese pensamiento es incorrecto. La verdad es que cuando podemos mantener la calma y ser pacientes con quienes amamos, cuando tenemos la disciplina de hacer lo correcto a pesar de la tentación de seguir nuestros impulsos, eso es quienes realmente somos. De hecho, ese es nuestro verdadero yo.
La Torá llama a Rosh Hashaná un día de recuerdo, no sólo un día para recordar que hay un Dios, sino un día para recordar quiénes somos realmente y quiénes podríamos ser.
En el majzor de Rosh Hashaná decimos: “Él [Dios] busca y ve lo oculto en el día del juicio”. Rav Abraham Tzvi Kluger, un destacado erudito contemporáneo de la Torá, lo entiende como: “Él anhela, busca y desentierra nuestras intenciones más puras”. De manera similar, en la oración de Musaf de Rosh Hashaná decimos que no podemos ocultar cosas a Dios, pues Él recuerda todo lo que convenientemente hemos elegido olvidar. Pero Rav Kluger afirma que estamos interpretando mal lo que significa Rosh Hashaná. La Torá no llama a Rosh Hashaná Iom Hadin, un día de juicio; lo llama Iom Zikarón, un día de recuerdo, no sólo un día para recordar que hay un Dios, sino un día para recordar quiénes somos y quiénes podríamos ser, para reconocer que no somos impostores, sino que llevamos vidas llenas de esos buenos momentos que representan quiénes somos realmente.
Podemos sentirnos impostores, a veces podemos sentirnos inútiles o invisibles, podemos mirar atrás y ver errores y sentir arrepentimiento, pero desde la perspectiva de Dios no hay olvido: cada uno es único y está aquí por una razón específica, y Dios ve todos nuestros mejores momentos que constituyen quiénes somos realmente. Esos momentos brillantes son nuestro verdadero yo. Somos definidos por nuestras fortalezas, no por nuestras debilidades. Somos nuestros mejores momentos, no los peores. Si bien debemos asumir la responsabilidad de nuestros fracasos, merecemos el éxito y los logros que hemos alcanzado. No son fraudulentos.
Rav Itzjak Abraham Kook escribe: “El papel principal de la teshuvá, el arrepentimiento… es que la persona regrese a su verdadero yo, a la raíz de su alma. Entonces regresaremos de inmediato a Dios, al Alma de todas las almas”.
En 1977, Laura Schultz, de 63 años, estaba en la cocina de su casa en Tallahassee, Florida, cuando escuchó a su nieto de seis años gritar desde la entrada. Schultz corrió a la puerta y encontró a su nieto atrapado bajo la llanta trasera de un Buick de gran tamaño. Sin considerar limitaciones ni barreras, Schultz levantó la parte trasera del vehículo con una mano y con la otra arrastró a su nieto a un lugar seguro.
Durante años, Schultz se negó a hablar sobre el incidente. Finalmente, al aceptar una entrevista con el coach de alto rendimiento Dr. Charles Garfield, Schultz reveló que el incidente la había asustado y le recordó que había desperdiciado gran parte de su vida viviendo muy por debajo de su verdadero potencial. Si siempre tuvo esa fuerza dentro de ella, ¿por qué no la había reconocido o utilizado con mayor frecuencia o plenitud?
Con un poco de guía de Garfield, Schultz volvió a la universidad, obtuvo su título y, cerca de los 70 años, cumplió su largo sueño de convertirse en profesora universitaria.
Al igual que Schultz, a menudo negamos nuestras fortalezas; pensamos que los raros momentos en que brillamos, prosperamos y sobresalimos como padres, cónyuges y en nuestra relación con Dios, son aberraciones, que no son verdaderos, que no deberíamos hablar de ellos.
¡Pero estamos equivocados! Ve en ti lo que Dios ve, conoce quién eres y de qué eres capaz. No ignores la fuerza que hay dentro de ti. Tus mejores momentos como madre o padre, como esposo o esposa, ese es tu verdadero yo. Créelo, acéptalo, nútrelo y hazlo crecer.
Cualquier cosa que ahora te digas que no puedes hacer, ¡hazla! Nunca es tarde para convocar todo el potencial que Dios te dio. Tus mejores momentos son tu verdadero yo, el regalo que eres para el mundo.
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