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Sacar la basura

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Tzav (Levítico 6-8 )

por Rav Benji Levy

¿Cómo comienzas el día? Algunas personas comienzan con una taza de café, otros con una rápida caminata. En la época del Templo, los sacerdotes comenzaban su día de una forma completamente diferente e inesperada. Después de vestirse con las prendas sacerdotales, el sacerdote "levantaba las cenizas de lo que el fuego consumía de la ofrenda de Ascensión y las colocaba junto al altar" (Levítico 6:3). En esencia, el cohen comenzaba su día juntando las cenizas que quedaron el día anterior en el altar y las sacaba del Santuario (Rashi ad loc.). Podríamos pensar que esta tediosa tarea estaba por debajo de la dignidad de individuos tan venerables, y que deberían haber enviado a otra persona a cumplir esa tarea. ¿Por qué era necesario que la persona que pasaba su día sumergida en tareas elevadas y sagradas cumpliera con una tarea tan mundana?

Quizás la Torá quiso enseñarnos que incluso las tareas mas serviles, como "sacar la basura", pueden estar imbuidas de santidad. Aunque muchas religiones definen que lo que es sagrado e espiritual está alejado del mundo material y sostienen una clara separación entre lo material y lo espiritual, aquí la Torá santifica lo material al sintetizarlo con lo sagrado. Al tomar este acto claramente físico (limpiar la basura) e imbuirlo con espiritualidad, la Torá demuestra que la santidad no sólo se obtiene a través de la separación y la abstinencia, sino que se puede alcanzar al armonizar entre lo material y lo espiritual, y a través de un reconocimiento de lo material como algo esencialmente espiritual. De hecho, esta idea es tan importante que la Torá la enseña a través de la primera tarea que el sacerdote cumple en el día, lo cual es la primera parte de la sección de los "sacrificios" que leemos en Shajarit, la plegaria matutina, y de esta manera establece nuestra perspectiva sobre la espiritualidad para todo el día. Este enfoque de obtener santidad a través de la elevación y la santificación de lo mundano, genera una gama significativamente más amplia de posibilidades para lograr la espiritualidad que el enfoque que requiere la separación de lo mundano para convertirse en sagrado.

El requerimiento de que los sacerdotes comiencen cada día limpiando las cenizas del día previo antes de dedicarse a su servicio sagrado en el Templo, presenta una perspectiva adicional al "estatus de celebridad" de los sacerdotes. Como dice el Talmud de Jerusalem: "No hay grandeza en el palacio del Rey" (Talmud de Jerusalem, Tratado de Shabat 10:3). Es decir, en relación con la grandeza del Creador, somos meros mortales, sin importar nuestro estatus social. Prácticamente en todas las áreas, las celebridades son colocadas en pedestales por encima de otros seres humanos. Por esta razón, no pensamos que las famosas estrellas de cine, los Rabino o los políticos se dedican a tareas domésticas como lavar los platos o limpiar el piso. Asimismo, esto puede afectar la propia imagen de estos individuos, quienes comienzan a creer que están por encima de esas actividades triviales de la vida. Esta ley que requiere que los sacerdotes barran las cenizas del día previo, equipara a todos los seres humanos en relación a Dios y sirve como un recordatorio de la humanidad de los sagrados sacerdotes a pesar de su elevado estatus.

Tras haber dicho esto, de todos modos podemos preguntarnos por qué el sacerdote debía comenzar el día de esta forma. ¿Por qué era importante que hiciera esta tarea antes que otras cosas?

No sólo las masas necesitan entender la humanidad de quienes tienen un estatus elevado, sino que quizás es todavía más importante la necesidad de que los mismos líderes espirituales valoren su propia normalidad y su lugar en el mundo material. Es fácil que personas famosas o adineradas dejen que su estatus o su riqueza definan quiénes son en la medida en que piensan que están por encima de las responsabilidades básicas. Al comenzar el día con una tarea tan humilde, el sacerdote se veía obligado cada día a internalizar una tremenda humildad en vista de su propia posición en relación al Rey de reyes.

Esta poderosa lección ha sobrevivido durante mucho tiempo después del Templo y, como mencionamos, todavía se encuentra al comienza de la plegaria matutina diaria. Quizás, oculto debajo de la superficie de este fascinante requerimiento de que los sacerdotes limpiaran las cenizas del día previo antes de comenzar con su servicio diario en el Templo, haya una metáfora de la manera en que todos debemos comenzar nuestro día. Cada día, la primera plegaria que decimos al despertarnos es Modé Aní, una plegaria de agradecimiento a Dios por devolver el alma a nuestro cuerpo y regalarnos un nuevo día. "Te agradezco, Rey vivo y eterno, por devolverme con misericordia mi alma. Tu fidelidad es grandiosa". Si Dios con Su enorme fe en Sus seres, puede restaurarnos el alma cada mañana, brindándonos el regalo de un nuevo día, de nosotros depende incluso antes de comenzar el día limpiar las "cenizas" del día anterior, comenzar con una página en blanco, dejar de lado las quejas y comenzar cada día con una perspectiva fresca y renovada. Comenzar cada día con esta perspectiva nos ayudará a valorar la grandeza de Dios y Su misericordia. Nos ayudará a mantener una perspectiva humilde y recordar el valor y la santidad oculta en tareas aparentemente inferiores.




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