La hipocresía de Lamine Yamal ondeando una bandera palestina


3 min de lectura
Entender a Sucot como la festividad pura de la alegría.
El mes de Tishrei es más conocido por las Altas Fiestas, los "Días de Temor", caracterizados por una intensa introspección y plegaria.
Hay otra festividad, una ocasión más alegre y externa, que sigue a los solemnes Rosh Hashaná y Iom Kipur. En múltiples ocasiones en la Torá, esta festividad tiene la distinción de ser llamada el arquetipo del "tiempo de alegría". Esta es la festividad de Sucot.
¿Qué tiene de especial esta festividad? Después de ser juzgados para vida o muerte en Iom Kipur, en Sucot tomamos las cuatro especies y, sosteniéndolas, rezamos por la lluvia y por la calidad de vida. El mensaje es simple e inequívoco: queremos que nuestras vidas sean cómodas, fructíferas y plenas.
Por otro lado, Sucot es un tiempo en el que dejamos la comodidad del hogar para residir en una cabaña temporal, una vivienda conocida como sucá. En palabras del Talmud (Sucá 26a), "habitamos" en esta cabaña como si fuera nuestro hogar. Por ello, la práctica judía es comer en la sucá. Aquellos especialmente meticulosos también leen, estudian, se entretienen e incluso duermen en la sucá.
La sucá nos recuerda cómo, cuando el pueblo judío salió de Egipto, habitó en cabañas:
"Habitarán en cabañas siete días; todos los ciudadanos de Israel habitarán en cabañas, para que sus generaciones sepan que hice habitar a los hijos de Israel en cabañas cuando los saqué de la tierra de Egipto: Yo soy Hashem su Dios." (Levítico 23:42-43)
El Talmud (Sucá 11b) explica que este versículo no se refiere únicamente a cabañas físicas, sino también a las protectoras Nubes de Gloria que Dios extendió amorosamente sobre el campamento israelita para proteger al pueblo durante sus viajes.
Este acto tierno puede entenderse mejor dentro del contexto de la descripción del Éxodo que encontramos en los Profetas. La salida de Egipto se describe en el libro de Jeremías en términos románticos. Dios le dice al profeta que recuerda la dedicación de los judíos, quienes, como una damisela en apuros, fueron salvados por Dios en Egipto, y luego, como una novia enamorada, el pueblo judío siguió a Dios al desierto donde vivimos en esas tiendas:
"Ve y proclama en los oídos de Jerusalem, diciendo: Así dice Dios: ‘Recuerdo para ti la bondad de tu juventud, el amor de tus esponsales; cómo me seguiste en el desierto, en una tierra no sembrada’" (Jeremías 2:2)
La alegría de Sucot es, en cierta medida, una celebración de ese amor. Podemos dejar nuestros hogares "permanentes", pero al entrar en la sucá entramos en una morada protegida directamente por Dios, y todas las ilusiones de nuestras edificaciones humanas, que nos brindan confort (o angustia cuando son amenazadas) quedan a un lado y se ponen en perspectiva. Nos enfocamos en aquello que realmente trae estabilidad a nuestras vidas: Dios.
Es un viaje que recuerda a los israelitas dejando el único lugar que conocían como hogar y aventurándose en el desierto desconocido y amenazante. Irónicamente, sus antiguos hogares eran lugares de esclavitud y restricción. La palabra hebrea para Egipto es Mitzraim, que tiene la raíz tzar – constricción.
Nuestras edificaciones humanas se dejan a un lado y se ponen en perspectiva.
No obstante, existe un alto grado de confort en un hogar, cualquier hogar, incluso cuando uno está limitado espiritualmente o abusado físicamente. Incluso en tales hogares, las personas a menudo sienten comodidad y la prefieren a lo desconocido. Desafortunadamente, hay ocasiones en que las personas no tienen la fuerza interna para abandonar estas relaciones abusivas. Con la autoestima destrozada, la víctima cree que ese hogar es suyo y que merece su situación. Así como esto puede ocurrirle a un individuo, también puede ocurrirle a una nación.
Dios tomó a los judíos de la mano y nos dijo que ni nosotros ni nadie más merecemos tal trato. Numerosas veces en la Torá, cuando se menciona el trato hacia los pobres, débiles o marginados, el mandato viene acompañado de un marco de referencia: "recuerda cuando fuiste esclavo en Egipto".
Dios nos dijo que éramos deseables, que éramos importantes, y que quería que escapáramos con Él. Los judíos dieron un "salto de fe" y siguieron a Dios hacia lo desconocido.
En Sucot, en el momento mismo en que rezamos por calidad de vida, lluvia y sustento, equilibramos estas plegarias con lo que parece un gesto ilógico: dejamos la comodidad que deseamos y entramos en un lugar con paredes débiles y techo poroso. Entramos en un lugar donde podemos comprender más claramente que lo que realmente necesitamos en la vida no son posesiones materiales (por útiles que sean). Tevie tenía razón al decir que no hay pecado en ser rico.
Pero lo que necesitamos es amor y significado. La sucá nos recuerda que Dios nos ama, y eso genera un increíble sentido de propósito en nuestras vidas. Se puede ver la sucá como un dosel nupcial, que por un lado es una estructura muy débil, pero por otro representa uno de los elementos más fuertes de nuestras vidas.
En la antigüedad, el amor de Dios hacia el hombre se sentía a través de las nubes protectoras. Hoy se puede sentir al entrar en la sucá. Habitamos la sucá durante siete días y recordamos ese amor. El resultado es una experiencia de alegría inigualable con cualquier otra festividad. Por ello, la Torá describe a Sucot puramente como la "Fiesta de la Alegría".
Nuestro newsletter está repleto de ideas interesantes y relevantes sobre historia judía, recetas judías, filosofía, actualidad, festividades y más.