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Santifica la vida

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Emor (Levítico 21-24 )

por Rav Ari Kahn

Ideas avanzadas basadas en el Midrash y la Cábala.

A veces la vida es simple, otras terriblemente compleja. Es simple cuando las elecciones que se nos presentan son claras, cuando el bien y el mal son fáciles de identificar y el bien es una opción accesible. Sin embargo, a veces nos vemos forzados a elegir entre dos cosas buenas o a elegir el menor de dos males. En esas situaciones entra en juego la ética. A veces nuestras consideraciones se enfocarán en el éxito a corto plazo, en otras ocasiones prevalecerán consideraciones más generales y a largo plazo. En ocasiones nuestras elecciones son completamente lógicas, y otras veces lo que nos motiva está más allá de la lógica.

La Torá valora la vida de muchas formas. Incluso la Torá misma es descrita como el libro de la vida:

Sus caminos son caminos placenteros, todos sus senderos son de paz. Es un árbol de vida para quienes se aferran a ella, y quienes la sustentan son bienaventurados (Proverbios 3:17-18).

Además, la Torá nos instruye a usar sus leyes para vivir:

Guardarás Mis estatutos y Mis leyes, que el hombre hará y vivirá por ellos: Yo soy Dios (Vaikrá 18:5).

Puse ante ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Elegirás la vida, para que tú y tus descendientes sobrevivan (Devarim 30:19).

Pero a veces la vida es compleja. El valor de la vida humana y el principio de la Torá de elegir la vida, en ocasiones pueden llevarnos a concluir que deberíamos evitar cualquier conflicto, más allá de las circunstancias, la amenaza, el ideal o la causa. Una elección extrema de vida haría que fuera innecesario un ejército. Por supuesto, el único problema con este enfoque es la actitud de nuestros vecinos. Pondríamos en juego nuestras vidas y el bienestar de nuestros hijos por abusar de la confianza en la buena voluntad de los demás. Elegir el pacifismo por nuestro amor a la vida puede resultar en lo opuesto de la vida.

Mahatma Gandhi, quien no sólo predicó el pacifismo sino que también lo personificó, les dijo en 1938 a los judíos que para evitar el conflicto debíamos aceptar el sufrimiento y la muerte:

Si uno o todos los judíos aceptaran esta sugerencia, no estaríamos peor que ahora. Y el sufrimiento atravesado de forma voluntaria generaría una fortaleza interior y una alegría incomparable a lo que puede provocar cualquier resolución de simpatía mundial fuera de Alemania. De hecho, incluso si Inglaterra, Francia y los Estados Unidos declararan su hostilidad contra Alemania, eso no generaría ni alegría ni fortaleza interior. La violencia calculada de Hitler podría resultar en una masacre general de los judíos como su primera respuesta a esas hostilidades. Pero, si la mente judía estuviera preparada para el sufrimiento voluntario, incluso la masacre que imaginé podría convertirse en un día de agradecimiento y alegría.1

Frente a esta clase de pacifismo, escogemos la vida, incluso si el camino hacia la vida es la guerra y, paradójica e inevitablemente, la muerte.

En la parashá de esta semana encontramos los versículos que guiaron durante milenios el pensamiento y la acción del pueblo judío:

Cuidarán Mis mandamientos y los harán, Yo soy Hashem. No profanarán Mi santo Nombre. Seré santificado entre los hijos de Israel, Yo soy Hashem, Quien los santifica a ustedes (Vaikrá 22:31-32).

Por un lado, la tradición talmúdica (Brajot 21b) deriva de estos versículos el valor de la plegaria comunitaria: rezamos juntos y de esta forma santificamos a Dios como una comunidad. La imagen de una nación unida en plegaria es idílica y elevada. Por otro lado, el Talmud entiende que a menudo santificar el Nombre de Dios exige mucho más. A veces incluso debemos sacrificar nuestra vida para santificar el nombre de Dios (Sanedrín 74a). En esos casos, la elección de martirio o guerra es una táctica a corto plazo en la estrategia a largo plazo.

A través de nuestra historia innumerables judíos (ricos y pobres, jóvenes y ancianos, hombres y mujeres) eligieron la muerte o un camino que conduce a ella ante la amenaza de la cruz, la media luna o la esvástica. En el mundo moderno, el Estado de Israel personifica y simboliza al pueblo judío, y el antisemitismo actual se oculta detrás de la retórica anti-Israel que cada vez es más aceptada políticamente. Sin embargo aquí, en Israel, este nuevo odio antijudío no se limita a las palabras. Cada día nos vemos amenazados por cuchillos, armas, túneles, bombas y misiles. En la búsqueda de la paz, perdimos a muchas personas valientes, tanto jóvenes como ancianas. También ellas son sagradas, al igual que los mártires de toda la historia que perdieron la vida santificando el nombre de Dios. Las víctimas de la violencia, los soldados caídos en defensa del pueblo judío y de la Tierra de Israel, eligieron la vida para todos nosotros.

Hubo un soldado, el oficial Roí Klein, que escogió la vida de una forma poco convencional. Durante una batalla particularmente difícil al sur del Líbano, el mayor Klein detectó una granada que habían arrojado hacia su tropa Golani. Roí se abalanzó sobre la granada, deteniendo el impacto con su cuerpo, y les gritó a los soldados que se cubrieran. Entonces, al igual que Rabí Akiva y tantos otros mártires de nuestra historia, dijo el Shemá con calma e intensidad. Roí Klein no eligió la muerte; él eligió la vida para sus soldados y para su pueblo. Él santificó el nombre de Dios y se santificó a sí mismo en medio del pueblo judío.

En Iom Hazikarón recordamos a todos los caídos. Que Roí Klein y todos los soldados que dieron su vida para nuestra libertad, sean elevados a los lugares más sublimes del cielo. Que no se necesiten más sacrificios como esos. Que tengamos el mérito de santificar a Dios en vida, con plegarias, viviendo en paz. Continuamos rezando para que las naciones del mundo finalmente reconozcan nuestro derecho a vivir en paz en nuestra tierra y para que nos reciban en el barrio que fue demasiado beligerante. Por nuestra parte, continuaremos eligiendo la vida y guardando duelo por quienes no vivieron para ver la paz que buscamos con tanta desesperación.


NOTA:

1. The Gandhi Reader: A Sourcebook of His Life and Writings, p. 318ff.



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