Seis lecciones del 11 de septiembre

07/09/2026

9 min de lectura

Un programador de Brooklyn tuvo la oportunidad de escapar de las Torres Gemelas, pero decidió quedarse con su compañero de trabajo paralizado. Esta historia encierra una de las seis lecciones de aquel día.

El 11 de septiembre de 2001, 19 secuestradores tomaron el control de cuatro aviones comerciales: estrellaron dos contra las Torres Gemelas y uno contra el Pentágono, mientras que el cuarto cayó en un campo de Pensilvania después de que los pasajeros opusieran resistencia. Cerca de 3.000 personas fueron asesinadas aquella mañana. La tragedia del 11 de septiembre nos afectó a todos. Son muchas las lecciones que podemos aprender de aquel acontecimiento. Estas son seis enseñanzas fundamentales.

1. Nadie está desconectado del resto de la humanidad

El 11 de septiembre reveló, aunque de manera trágica, que toda la humanidad está conectada, para bien o para mal. Un complot urdido en Afganistán, en el que participaron ciudadanos de Arabia Saudita, golpeó la ciudad de Nueva York y destruyó edificios que no solo destacaban físicamente, sino que también tenían un enorme significado simbólico. Este acontecimiento desencadenó una guerra en la que participaron al menos diez países y afectó a personas de todo el mundo a nivel social, económico, emocional y físico.

El Talmud nos enseña que «una persona solo debe rezar en una casa que tenga ventanas» (Berajot 31a). El rabino Abraham Itzjak HaCohen Kook, el primer gran rabino ashkenazí de la Tierra de Israel, explica que, aunque la plegaria generalmente es una actividad interna, es importante que la persona sea consciente de que existe un mundo ahí afuera. Tener ventanas en la habitación es una forma de conectarnos mediante la plegaria y tener presentes a los demás en nuestras plegarias (Sidur Olat Reiyá, Introducción). Las ventanas están allí para recordarnos que no vivimos aislados ni separados de los demás. Esto debe reflejarse tanto en nuestras plegarias como en nuestra manera de comportarnos.

Para el pueblo judío existe un concepto conocido como «Todos los miembros de Israel son responsables los unos por los otros». Los demás se ven afectados por mis méritos y mis faltas, y yo me veo afectado por los suyos (Shavuot 38a). El rabino Shimon Shkopp escribe que el nivel de refinamiento de una persona puede medirse según su concepto de sí misma. Quien se encuentra en el nivel más bajo se considera únicamente un cuerpo; quien está en un nivel superior comprende que su ser incluye el intelecto y el alma; en un nivel aún más elevado, su «ser» incluye a su familia y a las personas que ama. En un nivel todavía más alto, su «ser» abarca a todo el pueblo judío y, en el nivel más elevado, incluye al mundo entero (Introducción a Shaarei Yashar).

2. Cuando alguien dice que quiere matarte, créele

El día después de Rosh Hashaná observamos un día de ayuno llamado el ayuno de Guedaliá. Guedaliá ben Ajikam era el gobernador judío de Israel, a quien los babilonios dejaron a cargo después de invadir Israel, destruir el Templo y exiliar a la mayoría de los judíos a Babilonia —el actual Irak—. Otro judío llamado Ishmael ben Netaniá estaba planeando asesinar a Guedaliá, quien fue informado de estos planes. Guedaliá no prestó atención a las advertencias y, efectivamente, Ishmael lo asesinó.

Esto provocó graves represalias por parte de los babilonios y acabó con cualquier vestigio de gobierno judío en Israel (Maimónides, Mishné Torá, Leyes de los ayunos 5:2). Los Sabios del Talmud (Nidá 61a) atribuyen una parte importante de la responsabilidad por las muertes provocadas por el asesinato y las represalias babilónicas, así como por el propio asesinato, a Guedaliá, quien no prestó atención a las advertencias que recibió ni tomó precauciones.

Toma precauciones, actúa de manera proactiva y enfrenta al enemigo antes de que ataque.

Esta es una lección importante para nosotros como judíos y para el mundo en general. En primer lugar, no esperes hasta que te ataquen, porque entonces quizás sea demasiado tarde para hacer algo. Toma precauciones, actúa de manera proactiva y enfrenta al enemigo antes de que ataque.

Quizás tengamos la tendencia, como la tuvo Guedaliá, de querer creer lo mejor de todos. Es incómodo creer que las personas son capaces de hacer el mal y, a veces, nuestro sentido equivocado de piedad nos lleva a querer juzgar favorablemente a todo el mundo. Este fue el error de Guedaliá y esta es una de las razones por las que el ayuno lleva su nombre. Respeta, pero también sospecha (Kalá Rabati, cap. 9).

3. Donde existe un extremo de maldad, también puede existir un extremo de bondad

El 11 de septiembre no solo fue una manifestación de maldad extrema, sino también de bondad extrema. No debemos olvidar a los miles de miembros de los servicios de emergencia que arriesgaron sus vidas —y, en muchos casos, las perdieron— para salvar a las personas que se encontraban en las Torres Gemelas.

No debemos olvidar a los soldados de Estados Unidos y de sus países aliados que se situaron en la primera línea de la lucha contra los terroristas. Muchos se ofrecieron voluntariamente para dejar a sus familias, sus trabajos y su seguridad con el objetivo de defender al mundo de la amenaza del terrorismo.

No debemos olvidar a Abraham Zelmanowitz, un programador informático judío ortodoxo de Brooklyn de 55 años que tuvo la oportunidad de evacuar el edificio, pero se negó a hacerlo para permanecer con su amigo y compañero de trabajo Edward «Ed» Beyea, un hombre tetrapléjico que utilizaba una pesada silla de ruedas motorizada. Zelmanowitz incluso ayudó a Ed a llamar por teléfono a su madre sosteniendo el teléfono junto a su oído. Finalmente, el capitán del Departamento de Bomberos de Nueva York, William Burke Jr., logró llegar hasta ellos. Después del colapso de la Torre Sur, Burke ordenó evacuar a los bomberos a su cargo, mientras él permanecía junto a Zelmanowitz y Beyea. Los tres murieron cuando la Torre Norte colapsó a las 10:28 de la mañana.

Abraham Zelmanowitz

La Mishná (Sanedrín 4:5) afirma: «Quien destruye una sola vida es como si hubiera destruido un mundo entero, y quien salva una sola vida es como si hubiera salvado un mundo entero». El rey Salomón escribe en Eclesiastés 7:14 que Dios creó un mundo en el que «una cosa se contrapone a la otra». Cada capacidad humana para el mal tiene su equivalente en una capacidad similar para el bien. Cuando nos enfrentamos al mal, debemos responder con el bien.

4. Existe un choque de civilizaciones y necesitamos la honestidad necesaria para reconocerlo

Algunas personas pueden considerar incómodo e inquietante este siguiente punto, pero creo que es importante. El islam tradicional se concentra en expandir sus fronteras por diversos medios, incluida la guerra. Históricamente, el islam se originó en la península arábiga y se expandió mediante la guerra y la colonización por todo el Medio Oriente, el norte de África y algunas zonas de Europa.

Este concepto se conoce como yihad, que es:

 «Una guerra religiosa contra quienes no creen en la misión del profeta Mahoma. Es un deber religioso obligatorio, establecido en el Corán y en las Tradiciones [Hadiz] como una institución divina, y ordenado específicamente con el propósito de promover el islam y proteger a los musulmanes del mal. El mundo está dividido en dos esferas: Dar al-Islam [la tierra del islam] y Dar al-Harb [la Tierra de la Guerra]. El término yihad se utiliza en el islam para referirse a la “guerra santa”, la guerra contra los no creyentes, cuya idea subyacente es que, dado que el islam es una religión universal, se puede utilizar la fuerza para expandir sus fronteras y transformar Dar al-Harb en Dar al-Islam. La yihad cesa cuando los dhimmis aceptan la autoridad política del islam, pero continúa contra los idólatras hasta que se someten» (citado de T. Hughe en Dictionary of Islam, entrada «Jihad»; Penguin Dictionary of Religions, 1987).

Las fuerzas contemporáneas de la yihad, como ISIS, la Yihad Islámica y Hamás, no tienen reparos en declarar sus intenciones. El problema es que muchas personas simplemente no están escuchando. Esta es una cita de la Carta Fundacional de Hamás:

«Hamás espera con ansias cumplir la promesa de Alá, sin importar cuánto tiempo sea necesario. El profeta —que la plegaria y la paz sean con él— dijo: El tiempo no llegará hasta que los musulmanes combatan contra los judíos (y los maten); hasta que los judíos se oculten detrás de las rocas y los árboles, que gritarán: ¡Oh, musulmán! Hay un judío escondido detrás de mí, ¡ven y mátalo! (Tomado de un Hadiz de Bujari, atribuido al Profeta, que ha sido citado con frecuencia en la literatura islámica, tanto antigua como moderna).

Las iniciativas [de paz], las llamadas soluciones pacíficas y las conferencias internacionales para resolver el problema palestino son contrarias a las creencias del Movimiento de Resistencia Islámica. Porque renunciar a cualquier parte de Palestina significa renunciar a una parte de la religión; el nacionalismo del Movimiento de Resistencia Islámica forma parte de su fe. El movimiento educa a sus miembros para que se adhieran a sus principios y alcen el estandarte de Alá sobre su patria mientras combaten en su yihad» (La Carta de Alá: la plataforma del Movimiento de Resistencia Islámica – Hamás, traducida por el Proyecto Avalon de la Facultad de Derecho de Yale).

El 11 de septiembre nos enseñó que los yihadistas no solo están en guerra contra el Estado de Israel —aunque eso ya sería motivo suficiente de preocupación—, sino que también están en guerra contra el cristianismo, el judaísmo y el mundo occidental en general.

Debemos tener la claridad y el valor necesarios para reconocer el mal, oponernos a sus objetivos y apoyar a quienes luchan activamente contra él.

5. El libelo de sangre nunca desapareció realmente

En la Europa medieval, los judíos fueron acusados de numerosos crímenes horribles. Se decía que los judíos conspiraban para crucificar a un niño cristiano una vez al año en lugar de Jesús. Los acusaban de utilizar sangre cristiana para curar su «hedor judío» o para elaborar matzá. También los acusaban de envenenar pozos y provocar la peste negra. Incluso fueron acusados de obtener las hostias utilizadas en las iglesias para la ceremonia de la eucaristía y torturarlas. Estas teorías conspirativas dieron lugar a pogromos, juicios mediante tortura, arrestos indiscriminados y expulsiones de judíos (ver Teter, Magda. Blood Libel: On the Trail of an Antisemitic Myth. Harvard University Press, 2020).

Como escribe Anthony Julius:

«Todas las versiones del antisemitismo difaman a los judíos. Estas difamaciones pueden agruparse en tres categorías: el libelo de sangre, el libelo de la conspiración y el libelo económico. El libelo de sangre supone que los judíos tienen intenciones homicidas contra los no judíos y que la ley judía respalda esas intenciones; el libelo de la conspiración supone que los judíos actúan como una unidad persiguiendo objetivos contrarios a los intereses de los no judíos; el libelo económico supone que los judíos, quienes son interesados, codiciosos e improductivos por naturaleza, explotan económicamente a los no judíos. Estos libelos comparten la premisa de que los judíos odian o desprecian a los no judíos. De los tres libelos, el libelo de sangre es el principal» (On Blood Libels – Anthony Julius – Engage Journal – Número 3 – septiembre de 2006).

Inmediatamente después del 11 de septiembre comenzaron a aparecer «teorías» conspirativas sobre la participación judía, operaciones de falsa bandera del Mosad y otras calumnias. Los antisemitas de izquierda y de derecha continúan propagando estas calumnias y culpando de absolutamente todo a los judíos y al Estado de Israel.

Inmediatamente después del horroroso ataque perpetrado por Hamás el 7 de octubre de 2023, los antisemitas ya se estaban movilizando con acusaciones de genocidio. El libelo de sangre sigue vivo, pero también el pueblo judío.

6. Los judíos poseen un asombroso poder de recuperación

Una de las bendiciones que los judíos recitan cada mañana dice: «Bendito eres Tú, nuestro Dios, Rey del universo, que da fuerzas al cansado» (Sidur, plegarias matutinas). Esta bendición se basa en un versículo de Isaías (40:29), quien describe a Dios como Aquel «que da fuerzas al cansado y aumenta el vigor de quien carece de fuerzas».

El pueblo judío no se limita a regresar al estado en que se encontraba antes de la tragedia, sino que crece y mejora como consecuencia de ella.

El rabino Abraham Itzjak Kook entendía esta bendición como una alabanza a Dios por haber creado en el pueblo judío la fuerza y la capacidad de reconstruirse incluso después de los desastres más horribles. El pueblo judío es sumamente resiliente. No nos limitamos a regresar al estado en que nos encontrábamos antes de la tragedia, sino que crecemos y mejoramos como consecuencia de ella.

Después del exilio a Babilonia, el pueblo judío creó las academias de estudio de las cuales surgió el Talmud. Poco después de la desastrosa revuelta de Bar Kojba se redactó la Mishná y, tras la expulsión de España, surgió en Tzfat, Israel, una gran comunidad de eruditos y cabalistas. Después del Holocausto, los judíos establecieron el Estado de Israel y comunidades judías prósperas en todo el mundo.

El historiador Arnold Toynbee llamó «fósiles» a los judíos porque, teniendo en cuenta todo lo que hemos atravesado a lo largo de nuestros 3.000 años de historia, no deberíamos seguir vivos. Predijo que, después del Holocausto, el pueblo judío se rendiría, se asimilaría y aceptaría su condición de fósil (Arnold J. Toynbee, A Study of History: On the Rise and Decline of Twenty-Three Civilizations).

Sin embargo, eso no fue lo que ocurrió. Como expresó el gran diplomático israelí Abba Eban (Abba Eban, “The Toynbee Heresy,” Israel Studies, vol. 11, núm. 1, primavera de 2006, p. 94):

«La doctrina del fósil es el núcleo mismo de la herejía de Toynbee. Si Israel ya era un fósil hace siglos, entonces su supervivencia es sin duda un arcaísmo y su restauración, una paradoja grotesca. Por otro lado, si no es posible sostener el concepto del judaísmo como algo petrificado y embalsamado, entonces resulta difícil cuestionar el derecho de un espíritu vivo y consciente a buscar su supervivencia y restauración… Pero el fósil, al no haber leído los ocho volúmenes del Dr. Toynbee, desconoce su propia petrificación. Se aferra a su sentido de misión e incluso lucha por su restauración nacional».

¡Am Israel Jai! ¡El pueblo de Israel vive!

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