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Sensibilizar nuestro corazón

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Ki Tetzé (Deuteronomio 21:10-25:19 )

por Rebetzin Esther Jungreis

Sabiduría milenaria e ideas inspiradoras para compartir en tu mesa de Shabat.

Esta parashá contiene más mitzvot que cualquier otra parashá, y son mitzvot que comprenden muchas áreas que sensibilizan nuestro corazón y nos permiten percibir que la vida se trata de algo más que la mera existencia. No es coincidencia que esta parashá se lea como preparativo para Rosh Hashaná y Iom Kipur.

La parashá comienza con las conmovedoras palabras: "Cuando salgas a la guerra contra tus enemigos, y Hashem, tu Dios, los entregue en tus manos…"1

Estas palabras se refieren no sólo al campo de batalla, sino también y todavía más importante, en conexión a la lucha personal que cada uno debe enfrentar para conquistar a nuestro más formidable enemigo: el ietzer hará. Dios nos promete que si tomamos la decisión de seguir adelante y luchar contra este enemigo en nuestro interior, Él lo entregará en nuestras manos. Es decir: si realmente estamos decididos a liberarnos de nuestras cualidades negativas y de nuestros malos hábitos, Dios hará el resto y lograremos controlar nuestras pasiones en vez de que ellas nos controlen.

Las diversas mitzvot en la parashá están aquí para sensibilizar nuestra alma para que podamos cumplir mejor nuestra misión en nuestra Avodat Hashem (servicio a Dios). Por ejemplo, las leyes relativas al hijo rebelde2 nos permiten entender la importancia crítica que tiene que los padres tengan una misma voz y evitar así las tragedias que pueden resultar cuando no hay shalom bait y los padres transmiten mensajes contradictorios.

Las leyes relativas a ayudar a descargar un animal3 no sólo nos enseñan que es un mandamiento positivo aliviar al animal de su carga, sino que cerrar los ojos a su sufrimiento es transgredir la prohibición de tzaar baalei jaim, lo que significa que no podemos ser indiferentes al sufrimiento de un animal. Esta ley debe hacernos pensar y revisar nuestra relación con las otras personas. Si la Torá exige ser sensible al dolor de un animal, cuánto más sensibles debemos ser con las cargas y el dolor del corazón de nuestros hermanos.

Hoy en día, hay tantos problemas que afectan a las personas, tantos que se sienten solos y doloridos, muchos enfermos, muchos que perdieron sus trabajos y les cuesta llegar a fin de mes, y muchos que sufren en Eretz Israel. No debemos darles la espalda y pretender que no vemos ni escuchamos sus gritos. Una palabra amable, un oído atento, una sonrisa , una mano pueden ayudar a aliviar el dolor y ayudarlos a llevar su carga.

CADA CREACIÓN DE DIOS ES ÚNICA

La parashá también nos advierte que no debemos poner a arar juntos a un buey y a un asno.4 Aunque este mandamiento es un jok, un decreto al cual no se le dan razones, podemos aprender de él una lección moral. La Torá tiene compasión por los animales, y debido a que ellos tienen diferentes niveles de energía, ponerlos juntos a arar les provocaría estrés y dolor innecesario. Además, el buey es rumiante, mientras que el asno traga rápidamente la hierba o el grano. Esto podría llevar al asno a pensar que el buey, que tarda más tiempo con su comida, recibió una porción mayor. Una vez más, de aquí debemos derivar lecciones para las relaciones humanas. Nunca se debe enfrentar a personas que tienen diferentes niveles de energía. Nunca se deben comparar a los niños, porque cada niño es una estrella por sus propios méritos. Nunca debes comparar a tu esposo o a tu mujer con otros. Todas estas comparaciones pueden ser dolorosas y dejar profundas cicatrices. Cada uno es una creación de Dios, recibió sus propios dones y talentos y cada uno tiene que efectuar su propia contribución.

Todavía más, si pensamos con envidia que alguien tiene más que nosotros, debemos recordar al asno que tontamente piensa que el buey tiene más comida que él. Dios le da a cada uno aquello que necesita; por lo tanto, en vez de enfocarnos en lo que tienen los demás, debemos concentrarnos en aquello que Dios nos ha otorgado.

DEVOLVER UN OBJETO PERDIDO

Todas las porciones de la Torá que leemos durante el mes de elul han sido especialmente diseñadas para los increíbles días de Rosh Hashaná y Iom Kipur, cuando se decide nuestro destino para el próximo año. En esta parashá aprendemos sobre la mitzvá de hashavat avedá, devolver los objetos perdidos.

"No verás el toro de tu hermano o su oveja extraviados y te esconderás de ellos; ciertamente has de regresarlos a tu hermano. Y si tu hermano no está cerca de ti o no lo conoces, entonces lo meterás al interior de tu casa y estará contigo hasta que tu hermano inquiera por él; entonces se lo regresarás".5

En un nivel simple, entendemos que esto significa que es una mitzvá devolver los objetos perdidos a sus dueños, y esto es así incluso cuando nos produce un inconveniente tener que hacerlo. En otro nivel, esta enseñanza tiene una dimensión profundamente espiritual. Alegóricamente, tu hermano que perdió algo puede entenderse como una referencia a Dios, Quien "perdió" a muchos de Sus hijos. Puedes preguntarte cómo llega a perderse un judío. La respuesta se encuentra en nuestro texto: él se convierte en algo similar a un buey o una oveja, es decir que se vuelve terco como un buey o sigue a la multitud sin pensar, como una oveja.

Vivimos en una era en la que muchos se empecinan en racionalizar. No importa lo que les ocurra, ellos se niegan a ver la mano de Dios y tratan de explicar todo como una casualidad o como un fenómeno científico. Ellos niegan la mano de Dios en su vida personal, así como en los eventos del mundo. Por otro lado, hay quienes, como las ovejas, sucumben a lo que está de moda. Si sus pares se asimilan, ellos también se asimilarán. Si sus pares dejan de cumplir las mitzvot, también ellos dejarán de cumplirlas, etc. Por eso, debemos estar en guardia para no caer en la trampa del buey ni en la de la oveja. Pero respecto a aquellos que cayeron, nuestra responsabilidad es llevarlos de regreso a Dios. El alma de cada individuo pertenece a Dios, porque todos somos Sus hijos.

¿Pero qué ocurre si no somos suficientemente eruditos en el estudio de la Torá y no nos sentimos adecuados para esta tarea? De todas formas somos responsables, porque la Torá enseña que si encontramos un objeto perdido y no sabemos quién es su dueño, debemos llevarlo a nuestro hogar y cuidarlo hasta que se encuentre la conexión. ¿Cómo se aplica a nosotros esta enseñanza? Si llevamos a los judíos perdidos a nuestro hogar, a un lugar donde brillan las velas sagradas del Shabat, o si los llevamos a una clase de Torá y de esta forma se conectan con sus raíces, despertaremos la pintele id en sus neshamot (la chispa judía de sus almas) y de esta forma los llevaremos de regreso a su verdadera Fuente, a su Dueño. ¿Y qué pasa si nosotros mismos estamos perdidos? La misma fórmula se aplica a nosotros. Debemos buscar un maestro de Torá que nos guíe hacia el camino de regreso a nuestro Padre Celestial.

Sólo a través de la Torá y de las mitzvot podemos reunirnos con Hashem, Quien espera pacientemente que cada uno regrese a casa.

El mes de elul es un momento en el que Dios "abre la casa" y espera ansiosamente el retorno de todos Sus hijos. En el mes de elul a todo el que llama a la puerta de Dios (por así decirlo) le dan la bienvenida y lo abrazan. Esta verdad queda reforzada por las letras hebreas de la palabra ELUL, que son las iniciales de Ani le dodi vedodi li – yo soy para mi Amado y mi Amado es mío.6


Notas:

  1. Deuteronomio 21:10

  2. Ibid. 21:18

  3. Ibid. 22:4

  4. Ibid. 22:10

  5. Ibid. 22:1-2

  6. El Cantar de los Cantares 6:3




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