Separación saludable

11/01/2026

3 min de lectura

Vaerá (Éxodo 6:2-9:35 )

¡Saludos desde la ciudad sagrada de Jerusalem!

En la parashá de esta semana, Dios habla con Moshé y le dice que diga al pueblo judío:

“Yo soy Dios, y los sacaré de debajo de las cargas de Egipto; los salvaré de su servidumbre; los redimiré con brazo extendido y con grandes juicios. Y los tomaré para Mí como pueblo, y seré Dios para ustedes…” (Éxodo 6:6–7)

Este pasaje utiliza cuatro expresiones distintas de redención. Sin duda, cualquiera de estas expresiones por sí sola habría bastado para transmitir la promesa divina de redimir al pueblo judío. ¿Por qué son necesarias las cuatro?

El Netivot Shalom explica que estas cuatro promesas no son meras expresiones de redención; sino que, más bien, representan cuatro redenciones separadas (ver también Talmud Ierushalmi, Pesajim 10:1). Estas cuatro redenciones pueden entenderse como cuatro etapas del proceso de redención que fueron necesarias para liberar completamente a los judíos del exilio egipcio.

El pueblo judío en Egipto había caído al nivel espiritual más bajo posible. El Midrash (Sojer Tov sobre Salmos 114) compara a la nación judía esclavizada con un feto dentro del vientre de un animal impuro, basándose en el versículo: “…para tomar para Sí una nación de en medio de una nación” (Deuteronomio 4:34). El pueblo judío vivía “dentro” de los egipcios. Su identidad estaba completamente fusionada con la corrupción y la inmoralidad de la sociedad egipcia.

Según el Netivot Shalom, dado que la situación era tan grave, la primera etapa de la redención fue sacar a los judíos de la oscuridad y la impureza de la cultura que los rodeaba. Sin embargo, aún eran esclavos de su impulso interno hacia la negatividad (ietzer hará). La segunda etapa, fue ser salvados de esta servidumbre. No obstante, la mentalidad de esclavo no se erradica con facilidad. Incluso después de ser salvado, el pueblo judío seguía subyugado al lado de la negatividad. Fue de esta subyugación de la que Dios redimió a los judíos. La etapa final de la redención fue que Dios tomara a los judíos como Su nación.

IDENTIDAD PROGRESIVA

Si observamos con cuidado la progresión de estas cuatro etapas, vemos al pueblo judío alejándose gradualmente de sus vecinos egipcios y definiendo su propia identidad, transformándose poco a poco de posesión de Egipto en posesión de Dios. Este proceso permitió a los judíos crecer en sí mismos y reconocer su identidad única como pueblo.

Las diez plagas (siete de las cuales aparecen en la parashá de esta semana) son un ejemplo concreto de este proceso. A medida que avanzan las plagas, la separación entre los judíos y los egipcios se vuelve cada vez más clara. Este distanciamiento de otras naciones no es una condena general; más bien, implica un rechazo de aquellas influencias seculares que son destructivas para el crecimiento espiritual o antitéticas a los valores de la Torá. Este proceso de separación ayuda a cristalizar la identidad única del pueblo judío.

El Ibn Ezra (sobre Éxodo 8:28, citando a Rav Iehudá HaLevi) señala que las plagas progresaron de abajo hacia arriba. Las dos primeras plagas, sangre y ranas, involucraron el agua, que fluye hacia los lugares más bajos de la tierra. Las dos siguientes, piojos y fieras, ocurrieron en la tierra, un nivel más alto que el agua. Las plagas siguientes, la peste del ganado y las úlceras, fueron causadas por enfermedades transmitidas por el aire, un nivel más alto que la tierra. Las plagas de granizo y langostas involucraron las nubes (¡las langostas formaron su propia nube!), representando los niveles más altos de la atmósfera. La plaga de la oscuridad tuvo lugar en un nivel aún más alto, en el ámbito celestial. Y la muerte de los primogénitos afectó las almas de las personas, proveniente de más allá de las galaxias más lejanas.

El Midrash (Shemot Rabá 9:10) explica que durante cada plaga, los egipcios fueron golpeados mientras que los judíos fueron protegidos. Sin embargo, los judíos que se identificaron completamente con los egipcios no fueron salvados (Shemot Rabá 14:3). Ellos murieron durante la plaga de la oscuridad. Su deseo de convertirse en egipcios terminó provocando que compartieran el mismo destino que sus vecinos.

Del proceso de la redención de los judíos de Egipto podemos aprender cuán valioso es para nosotros mantener una identidad única y no alinearnos con sistemas de valores que son antitéticos a la Torá. Incluso el profeta no judío Bilam reconoció esto cuando describió al pueblo judío como “un pueblo que habita solo, y no es contado entre las naciones” (Números 23:9). Esta cualidad de separación, tan a menudo malentendida, es en realidad la fuente de nuestra fortaleza como nación. Mientras otras naciones se levantan y caen, nosotros seguimos aquí para contarlo. El grado en que preservamos la identidad judía es el grado en que esa identidad nos preservará a nosotros.

Que seamos bendecidos con éxito para separarnos de toda filosofía que sea contraproducente para el crecimiento espiritual y que construyéndonos gradualmente a nosotros mismos, merezcamos ser redimidos pronto de este oscuro exilio.

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