Serpientes, escaleras… y el plan Divino

04/08/2025

3 min de lectura

Aunque no sepas a dónde llegarás la próxima vez que “tires el dado”, puedes tener la certeza de que todo está planeado con propósito y compasión.

¿Alguna vez jugaste a “serpientes y escaleras”? Es un clásico juego de mesa con un tablero con casilleros numerados del 1 al 100, lleno de escaleras que te impulsan hacia arriba y serpientes que te hacen retroceder. Tiras el dado, mueves tu ficha… y esperas que te toque algo bueno.

Tiras el dado… 2 ¡Genial! Encuentras una escalera que te lleva al casillero 32. Vas volando. Tu contrincante a duras penas avanza del casillero número 8 al 12. Otra vez es tu turno. Arrojas el dado, 6… ¡Ay! Una serpiente te hace retroceder hasta el casillero 3. ¿Y ahora? ¿Hay que rendirse? ¿Empezar de nuevo? ¿De qué sirve tanto esfuerzo? Estoy segura de que cuando eras un niño disfrutabas del juego, aunque cada retroceso te hiciera quejarte con un "¡UFFF!" gigante.

Aunque no te agradara tener que bajar por la serpiente y retroceder, hubieras disfrutado mucho menos del juego de haber contado sólo con escaleras y en apenas cuatro turnos alguien llegaba a la meta. Un juego necesita presentarte desafíos.

Por lo tanto, aunque te quejaras diciendo "uf", sin dudas no te enojabas con el que inventó el juego, y obviamente no pensaste que él planeó cómo provocarte desilusiones y fracasos. Incluso un niño pequeño al que sólo le gusta ganar, no piensa que alguien inventó el juego para provocarle sufrimiento. Un juego es para divertirse, ¿verdad? Sin esos altibajos, el juego perdería todo el sentido. Sin desafíos, no hay emoción. Sin riesgos, no hay logros reales.

Ahora te pregunto: ¿no es acaso lo mismo que ocurre en la vida real?

La vida no es un juego de azar

Al igual que el juego, también la vida tiene un Creador. Hay un propósito, una meta, un diseño perfecto. Todo lo que tienes que hacer en este mundo es "arrojar el dado". Esto es lo que en hebreo se llama hishtadlut, es decir, hacer un esfuerzo razonable y responsable para alcanzar un objetivo, entendiendo que el resultado final depende de Dios.

Cada casillero que avanzas, cada escalera que aparece, e incluso cada serpiente que te hace "caer", está planeado y dirigido con amor por Hashem. Tú haces tu parte, "arrojas el dado" (trabajas, actúas de forma responsable). Pero lo que salga en el dado, y a dónde te lleva el movimiento… eso ya está fuera de tus manos.
¿Acaso bajar por una serpiente implica que se acabó el juego? ¿Significa que debes rendirte y perder las esperanzas? ¿O tal vez es una parte intrínseca del proceso?
¿Acaso llegar a una escalera significa que eres más inteligente, que planificaste mejor tus pasos? ¿O tal vez todo el juego está dirigido y controlado desde Arriba?

No existe la desesperación

Hashem planifica para cada uno su propio juego. Podemos pensar que todos jugamos en el mismo tablero, pero cada jugador experimenta un proceso diferente y juega otro juego. No es en absoluto un juego de azar, sino que todo está planificado y supervisado.

En este mundo, no hay ninguna conexión entre tu hishtadlut (en cualquier área), y los lugares a donde llegas. Casa paso está planificado, supervisado con amor. Tú avanzas por el camino mientras la Mano misericordiosa de Dios te va guiando, planificando tus pasos, tus éxitos y tus caídas. Tú caminas como una marioneta que es dirigida con hilos desde Arriba, y sólo tienes control sobre tu parte, sobre el camino y no sobre los resultados.

Todavía más. A diferencia de lo que ocurre en el juego, en este mundo las caídas no te llevan hacia atrás. Incluso cuando tropiezas, todo lo que ya caminaste te pertenece. Cada paso, cada intento, cada lucha (incluso aquello que no salió como esperabas) se convierte en parte de tu tesoro eterno.

Nada se pierde. Ninguna lágrima es en vano. Ningún esfuerzo queda sin recompensa.

La vida no es un juego de azar. Nadie gana por suerte. Cada quien tiene su propio tablero, su propio ritmo, su propia misión. No mires a los costados. Tu única competencia eres tú mismo.

Sube, baja… y sigue

Cuando entiendes que Hashem está guiando tu juego con meticuloso amor, incluso los momentos difíciles adquieren otro sabor. Cada caída se convierte en un peldaño hacia arriba. Cada retroceso es sólo aparente. Cada obstáculo es una oportunidad para crecer.

Y aunque no sepas a dónde llegarás la próxima vez que “tires el dado”, puedes tener la certeza de que todo está planeado con propósito y compasión.

El casillero 100, esa meta espiritual, personal, eterna, sigue esperándote. No importa cuántas serpientes hayas bajado. Mientras sigas tirando el dado, sigues en juego.
Confía. Avanza. Recuerda: no estás jugando solo.


Inspirado en un capítulo del libro "Bemeiujad bishbilej" de la Rabanit Jana Levkovitz

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