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Sesgo de confirmación

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Vaerá (Éxodo 6:2-9:35 )

por Rav Dr. Mordejai Schiffman

Lo único que es más difícil que lograr cambiar la opinión de otra persona, es cambiar tu propia opinión.

El comportamiento del faraón durante el período de las plagas es sorprendente. A pesar de la naturaleza milagrosa de las plagas y la devastación que estas provocaron sobre Egipto, el faraón se niega a reconocer a Dios y a dejar que los Benei Israel salgan de Egipto. Una explicación que obviaría la necesidad de entender el comportamiento del faraón en un nivel psicológico, es afirmar que Dios se hizo cargo de sus decisiones y lo volvió terco de una forma inhumana. Sin embargo, incluso si resolvemos los desafíos psicológicos que presenta la idea de que Dios le quite a un ser humano el libre albedrío, nos queda el desafío textual de que durante las primeras cinco plagas, la Torá explícitamente dice que el faraón endureció por sí mismo su corazón. Sólo después de la sexta plaga la Torá indica que Dios endureció el corazón del faraón. ¿Cómo podemos entender una rigidez tan extrema y autodestructiva desde el nivel psicológico?

En un experimento realizado en Stanford, los investigadores reclutaron a los participantes basándose en sus actitudes hacia la pena capital. La mitad de los estudiantes reclutados estaban a favor y la mitad estaban en contra. Les dieron para leer dos estudios. Uno que brindaba información que apoyaba la capacidad que tiene la pena capital para detener el crimen, y otro que proveía información en contra de su eficacia para detener el crimen. Aquellos que ya estaban en favor de la pena capital dijeron que la información que apoyaba su punto de vista era muy convincente y que la información que se oponía a su perspectiva no era convincente. Lo inverso ocurrió con aquellos que estaban en contra de la pena capital. Ellos dijeron que la información que apoyaba su perspectiva era convincente y que la información en contra no lo era.

En verdad, la información había sido fabricada para brindar argumentos similarmente objetivos a la postura de ambos estudios. A pesar de que no había razones lógicas para apoyar su propia perspectiva sobre la contraria, cada parte creyó que la evidencia que aprobaba su punto de vista era más fuerte y quitó fuerza a la evidencia contraria. Este fenómeno, conocido como sesgo de confirmación, nos ayuda a entender por qué nos cuesta tanto cambiar nuestras opiniones, o las opiniones de los demás. Una vez que creemos algo, nuestras mentes buscan evidencia que pruebe esa creencia e ignora la evidencia que cuestiona nuestra forma de pensar.

La negación del faraón de ver el poder milagroso de Dios es evidente incluso antes de que comenzaran las plagas. Cuando la vara de Aharón se tragó a las varas de sus magos (Shemot 7:12), eso no impresionó al faraón. Para mantener su propia perspectiva del mundo, él endureció su corazón, asumiendo que sólo se trataba de una magia más fuerte (ver Ibn Ezra). Lo mismo ocurrió en las dos primeras plagas. Él asumió que Moshé y Aharón sólo estaban venciendo a sus magos en su propio juego. El desafío mayor para su perspectiva del mundo tuvo lugar cuando sus magos declararon que la tercera plaga estaba por encima de sus capacidades: "Es el dedo de Dios". Sin embargo, a pesar de la evidencia, el faraón siguió endureciendo su corazón. De hecho, el Rambán señala que esta es la última vez que encontramos a estos magos. El faraón rechazó y silenció las opiniones que no se acomodaban con sus propias ideas. Incluso en la quinta plaga, la cual claramente afectó sólo a los animales egipcios y no a los animales de los Benei Israel, el faraón siguió negándose a ver la contra-evidencia y volvió a endurecer su corazón (ver Seforno).

Desde esta perspectiva, el comportamiento irracional y autodestructivo del faraón es sólo una versión extrema de una condición humana muy habitual, que está presente en todos nosotros. Si nos danos cuenta de que constantemente estamos confirmando nuestras propias opiniones y rechazamos con facilidad la evidencia en su contra, puede que haya llegado el momento de dar un paso atrás y tratar de evaluar las cosas en un nivel más profundo. Quizás nuestras opiniones siguen siendo correctas, pero para descartar la posibilidad del sesgo de confirmación, sería sabio analizar y sopesar la evidencia de una manera equilibrada.




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